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Las calles de Managua poseen una compleja nomenclatura.

El laberinto de Managua, la ciudad donde las calles no tienen nombre

El laberinto de Managua, la ciudad donde las calles no tienen nombre

El desorden de la capital nicaragüense es un desafío hasta para los locales, pero una app intentará ayudarlos.

Las calles de Managua poseen una compleja nomenclatura.
Las calles de Managua poseen una compleja nomenclatura.

Maite Smet llegó de noche a Managua, desde Londres. Era principios de febrero de este año. Para ella, belga de origen y viajera frecuente, moverse en la pequeña capital de Nicaragua debería haber sido fácil, pero no lo fue. Y es que Managua es la capital de la anarquía: aquí las calles no tienen nombres y las direcciones son tan rocambolescas como las referencias que sus habitantes utilizan para ubicarse.

El primer día, Smet no tuvo que preocuparse, porque la acompañaban dos “managuas”. Pero todo se puso más complicado al día siguiente, al tomar un taxi. “Me sentía súper perdida, no podía encontrar nada. No hay direcciones, hay calles que no son calles, las casas no tienen números”, relata Smet.

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Su dirección habla de las complejidades de la capital nicaragüense: el condominio Altamira, uno de los más antiguos de la capital, está ubicado en ‘de la Vicky 3 cuadra al lago y 1 cuadra arriba’. El primer instinto en una ciudad desconocida es recurrir a la tecnología, y utilizar aplicaciones como Google Maps o Waze. Sin embargo, las direcciones de Managua extravían a estas herramientas tan efectivas en ciudades como New York, 785 kilómetros cuadrados más grande que Managua.

Su dirección tiene origen en un local que ya ni siquiera existe: La Vicky es una tienda que cerró hace décadas en Managua, pero los locales siguen usándola como punto de referencia. De hecho, en la capital de Nicaragua las referencias de sitios que ya no existen son comunes. Sólo le agregan la muletilla “de donde fue”. Por ejemplo, “de donde fue el Cine Rex” o “de donde Fue el Teatro González”. “Es bastante complicado”, lamenta Smet.

Desde un terremoto en los setenta, el desorden ha sido parte de Managua.
Desde un terremoto en los setenta, el desorden ha sido parte de Managua.

A eso habría que sumarle que las direcciones en Managua no están regidas por las puntos cardinales. En este ciudad se usa “el lago”, “abajo” y “arriba” y “la montaña”, éste último término actualmente poco utilizado. Según los managuas, el este es “arriba”, porque es donde el sol “sube” y trae el amanecer; mientras que el Oeste es “abajo”, por donde se oculta el astro. La “montaña” marca el sur, hacia las Sierras de Managua que son la frontera de la ciudad, y el “lago” es hacia el lago Xolotlán, la masa de agua dulce que por décadas prestó servicio de excusado a la ciudad.

Managua está divida en siete distritos, pero casi nadie sabe la ubicación exacta de ellos. “Es una ciudad incompresible”, dice el arquitecto Gerald Pentzque, ex director de urbanismo de la alcaldía de Managua. “La gente no sabe en qué distrito vive. Urge una nomenclatura, porque esto no nos hace una ciudad amigable”, acota el experto, profesor de la Universidad de Ingeniería (UNI).


Orden a medias
Algo similar sucede en otras ciudades latinoamericanas, como en San José, Costa Rica, pero Managua no siempre fue así. La noche del 23 de diciembre de 1972 lo cambió todo. Un sismo de 6.2 grados en la la escala Richter destrozó la ciudad de cuadricula española, con avenidas y calles definidas. Con el terremoto, Managua perdió también encanto. Los antiguos edificios y las avenidas alumbradas con luces de neón dieron paso a una ciudad chata y deformada que crece sin control.

El historiador Bayardo Cuadra —que habita de la Estatua de Montoya 1 cuadra al sur—, muestra a Citylab los viejos mapas de la Managua pre-terremoto. En ellos pueden observarse la nomenclatura que la capital poseía: las avenidas dispuestas de norte a sur, las calles de este a oeste y las casas numeradas (con números pares las asentadas a la derecha, y con impares a la izquierda).

Bayardo Cuadra muestra un mapa con los nombres de calles que nadie usa.
Bayardo Cuadra muestra un mapa con los nombres de calles que nadie usa.

“Pero esto era sólo para fines de correo”, advierte Cuadra, uno de los mayores conocedores de los recovecos e historias de Managua. “Nadie llamaba Calle 2 a la Calle 15 de septiembre, que era la más larga de Managua; o Primera Avenida Este a la Centenario. También lo más común era dar direcciones con referencias de cantinas famosas”.

Para algunos, este desorden ya es parte de la personalidad de los habitantes. “Managua es la negación de la ciudad, porque, urbanísticamente hablando, después del terremoto Managua desaparece como concepto”, sostiene la arquitecta Amelia Barahona. “No tiene un centro, sus referencias están perdidas y empieza a desarrollarse a lo largo de carreteras”.

Desde 1971, la capital nicaragüense ha pasado de tener 485 mil habitantes a 2.2 millones de personas. Barahona lamenta que este crecimiento se haya desarrollado sin seguir un plan maestro. “El colmo es que en la mayoría de los nuevos repartos no se ponen nombres a las calles y la gente le quita los números a las casas”, explica.

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Pero la vieja nomenclatura de Managua no se ha perdido totalmente. En Google Maps aparecen, por citar algunas, la “18 Avenida Sur Oeste”, “9 A NE”. Esto, a veces logra ayudar en parte a los afuerinos. “A veces pongo solo un sitio de referencia, que es más fácil encontrarlo, y después sigo buscando”, dice Maite Smet.


Una app para orientarse
Gerald Pentzque dice que holandeses, japoneses y la cooperación española han elaborado planes para ordenar Managua, pero ningún proyecto se ha llevado a cabo. Durante la gestión de Pentzque fue elaborado un reglamento para crear una nueva nomenclatura para Managua. El plan contemplaba el uso de 80 mil postes para clavar en las esquinas de avenidas y calles, y 220 mil placas para enumerar las casas.

El valor de la obra rondaba los dos millones de dólares, pero, irónicamente, la alcaldía desestimó el proyecto porque el costo era muy bajo para solicitar un préstamo a un organismo internacional, como relata Pentzque. El reglamento fue archivado y sigue esperando aprobación de parte del Consejo Municipal.

Otro intento fue el de Modesto Armijo, uno de los ingenieros más célebres en la historia de Nicaragua. Él propuso en 2005 una nomenclatura simple para Managua, para que la gente pudiera acostumbrarse a ella. Tomó en cuenta el factor cultural del nica. Ideó que el Distrito I, por ejemplo, se llamara como un continente, las avenidas como los países de este continente, y las calles como las capitales de esos países.

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Tomar una ruta del transporte urbano colectivo de Managua es otra pesadilla. Si la mayoría de las calles de Managua no poseen ningún rótulo que las identifique, los mapas que orienten al usuario sobre los recorridos de buses son una utopía.

Sin embargo, el alemán Felix Delattre, junto a otros jóvenes programadores de Nicaragua, crearon Mapa Nica, una aplicación que pretende ser una mejor opción que Google Maps y Waze en Nicaragua. Los datos de esta “app” son comunitarios y pueden ser levantados por los mismos usuarios.

MapaNica, una aplicación para no perderse en Managua.
MapaNica, una aplicación para no perderse en Managua.

“Cualquiera puede meter un punto de referencia en Mapa Nica y buscar por puntos de interés…cualquier persona con el deseo de mejorar este mapa puede ayudar”, dice Delattre.
MapaNica es innovador en Managua, porque por primera vez ofrece a los usuarios de transporte urbano colectivo un mapa completo de los recorridos de las rutas. “El usuario puede revisar las rutas al detalle con sus trayectorias y paradas. Y si un ciudadano nota un error o tiene una sugerencia puede directamente reportarlo a nosotros y lo cambiamos”, explica Delatre.

Aunque MapaNica todavía no procesa las direcciones al estilo de Managua, este programador alemán dice que cualquier empresa o emprendedor puede usar esta plataforma para hacerlo posible.

Mientras tanto, Maite Smet sigue experimentando en Managua. Considera que debe aprender de los locales, quienes logran dar con las direcciones. “Es un desorden que funciona”,

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dice entre risas. Pero, a pesar de todo, deberá seguir preguntando, sobre todo en una ciudad donde hasta los mismos taxistas a veces se pierden.

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