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Sólo un 16% de los niños criados en pobreza logran salir de esta: estas son las claves para lograrlo

Nueve millones de niños en Estados Unidos viven en esta situación, muchos de ellos de grupos minoritarios.
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23 May 2017 – 5:04 PM EDT

Más de 1 en 10 niños estadounidenses pasan más de la mitad de su niñez en la pobreza. Se trata de una enorme cantidad: 9 millones de personas. La mayor parte de estos niños, quienes en su mayoría son de minorías, están atrapados en un ciclo de privación: como adultos jóvenes, es poco probable que estén estudiando o trabajando y es probable que sus hijos sigan un camino parecido. Pero un porcentaje pequeño de ellos logran escaparse de sus circunstancias y volverse económicamente exitosos.

Los investigadores de la U.S. Partnership on Mobility from Poverty (Asociación Estadounidense sobre la Movilidad desde la Pobreza) se propuso determinar cuáles factores ayudan a hacer que sea posible que este grupo tenga éxito. Su reporte fue publicado recientemente y se basa en datos del Panel de Investigación de la Dinámica del Ingreso, estudio que ha seguido a 18,000 individuos y sus descendientes desde 1968, estudiando aspectos de sus vidas tales como su empleo, ingreso, salud, matrimonios y desarrollo infantil.

Caroline Ratcliffe y su coautora Emma Cancian Kalish encontraron que un 16% de los ‘niños persistentemente pobres’ (los que viven en la pobreza durante más de la mitad de sus vidas entre su nacimiento y los 17 años de edad) se convierten en adultos jóvenes exitosos, lo cual significa que entre las edades de 25 y 30 están trabajando o estudiando de manera consistente y no son pobres.

Algo de lo que diferenció a estos niños de sus homólogos menos exitosos tuvo que ver con la conducta: tenían menores posibilidades de haber tenido un embarazo durante la adolescencia y tenían mayores probabilidades de haber logrado niveles más altos de educación. Pero mucho de lo que determinó su destino estuvo fuera de su control. Por ejemplo, pasaron menos tiempo viviendo bajo el umbral de pobreza y tenían menores probabilidades de haber sido pobres muy temprano en la vida (antes de la edad de dos años). También tenían un padre o cabeza de familia que trabajaba por lo menos a tiempo parcial.

Este grupo más exitoso también tuvo probabilidades mucho menores de haber vivido con un padre o cabeza de familia con una discapacidad física o mental, particularmente durante la adolescencia (sólo un 8% de los niños persistentemente pobres pero más exitosos vivieron en ese tipo de familia entre las edades de 12 y 17, mientras que un 40% de los niños menos exitosos sí vivieron en ese tipo de familia).

Los vecindarios y escuelas —particularmente su nivel de segregación— tuvieron un efecto significativo en el éxito de los niños. El grupo más consumado se crió en ciudades menos segregadas con vecindarios y escuelas menos segregados.

Aunque es una buena noticia que algunos niños nacidos en la pobreza son capaces de transcender los obstáculos fuertes en su camino, se encuentran en una minoría pequeña y como mínimo vienen de circunstancias un poco mejores. “84% de los niños persistentemente pobres no están teniendo éxito. Es una gran cantidad”, dice Ratcliffe. “Aunque hay costos para estos niños y las familias, también hay costos para la sociedad… específicamente, decenas de billones de dólares al año en productividad perdida y gastos relacionados con la mala salud y el crimen”.

Desde hace mucho tiempo se ha sabido que los primeros dos años de vida afectan fuertemente a las probabilidades de éxito futuro de los niños. Por ejemplo, la pobreza sufrida en una temprana edad está vinculada con el estrés ‘toxico’ que lastima el desarrollo cerebral. Ratcliffe y Kalish recomiendan que antes de que nazca un bebé los hospitales conecten a los padres pobres con programas y servicios tales como asistencia económica y alimentaria y seguro público de salud. Visitas de seguimiento a las casas y programas sobre cómo ser padres también pueden dar un estímulo a los niños nacidos en la pobreza.


Las autoras aconsejan que se debe conectar a padres con los empleos subvencionados, tales como los programas financiados mediante el Fondo de Emergencias de Asistencia Temporal para Familias Necesitadas, así como programas de educación y capacitación. Sin embargo, las autoras notan que eso representa sólo la mitad de la necesidad: el cuidado infantil asequible y de alta calidad debe acompañar tales recursos o tanto el empleo como la escuela son afectados de manera negativa. Para los niños con un padre o tutor discapacitado, Ratcliffe y Kalish recomiendan conectar a las personas con el Seguridad de Ingreso Suplementario si es que tienen derecho a recibirlo. Este programa les da ayuda económica a las personas discapacitadas para cumplir con sus necesidades básicas.

Finalmente, mientras que los autores recomiendan estrategias tales como vales de vivienda que permiten a las familias a mudarse de vecindarios segregados de bajos ingresos a zonas de ingresos más altos, también recomiendan mejorar las escuelas, la seguridad y las oportunidades económicas de vecindarios pobres.

Tales intervenciones podrían darles una mejor probabilidad de avance económico a un 84% de niños persistentemente pobres que no están teniendo éxito. “No debe haber millones de niños cuyas probabilidades de éxito son disminuidas simplemente debido a haber nacido en ciertas circunstancias”, dice Ratcliffe.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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