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¿Por qué Nueva York le pisó el freno al crecimiento de Uber y Lyft?

Suicidios, bancarrotas y congestión hacen que la gran manzana se convierta en la primera ciudad estadounidense en restringir el crecimiento de los servicios de transporte compartido en su territorio.
13 Ago 2018 – 2:55 PM EDT

Cuando el pasado miércoles el ayuntamiento de la ciudad de Nueva York acordó suspender el otorgamiento de licencias a nuevos choferes para la operación de los servicios de transporte compartido como Uber y Lyft, básicamente estaba admitiendo no entender la actividad. Junto a esta refrescante admisión por parte de políticos profesionales, el cuerpo legislativo se dio un año de plazo para buscar y implementar soluciones a los graves problemas que, según su criterio, se han visto agravados por el crecimiento indiscriminado de estos servicios.

¿Cuáles son estos problemas?

El más obvio de ellos es el aumento de la congestión de tránsito que la ciudad ha experimentado, como consecuencia del influjo indiscriminado de vehículos para la prestación de servicios de transporte compartido.


Viaje involuntario de 1,600 dólares y otras historias de horror de Uber y Lyft

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Según estadísticas del ayuntamiento, en este momento por cada taxi amarillo con licencia para operar en la ciudad Nueva York existen 4 carros prestando servicios de transporte compartido. Según el mismo reporte, en cualquier momento dado, un tercio de estos vehículos se desplaza sin pasajeros.

Nueva York, cuyos choferes pasan en promedio 91 horas al año en sus carros, es la tercera ciudad más congestionada del mundo después de Los Ángeles y Moscú según el Ranking Global de Tráfico INRIX, y la primera de esa lista cuyo tráfico empeoró en 2017. Cuatro de los 10 corredores viales más congestionados en el país se encuentran en Nueva York, cuyos choferes pasan el 13% de su tiempo sentados en tráfico congestionado.

Otro de los problemas graves identificados por el ayuntamiento de Nueva York radica en el fuerte impacto humano que estos servicios están causando.

Los taxis en la ciudad de Nueva York necesitan licencias para funcionar legalmente. Estas licencias conocidas como ‘medallones’, por las placas de metal que deben fijarse en el capó de los vehículos, fueron tradicionalmente bienes de altísima demanda que antes del auge del transporte compartido llegaron a costar más de 1.2 millones de dólares por vehículo. Los dueños de estas licencias las alquilan, las hipotecan y se endeudan para poderlas comprar, pero ante la estrepitosa caída de su valor los bancos han dejado de aceptarlas como garantía imposibilitando su refinanciamiento y creando una crisis instantánea para sus dueños. Hoy se puede comprar un medallón por menos de 200,000 dólares.


Los choferes de taxi tradicional están declarando en bancarrotas personales en cantidades y frecuencias alarmantes. Desde noviembre seis de ellos se han quitado la vida agobiados por problemas económicos causados por la merma en sus medios de supervivencia, lo que el grupo activista Alianza de Trabajadores de Taxi de Nueva York atribuye a la proliferación indiscriminada de vehículos prestando servicios de transporte compartido en la ciudad.

Con este voto, Nueva York se convierte en la primera ciudad estadounidense en restringir legalmente el crecimiento de los servicios de transporte compartido. La ley que establece la moratoria, le da también a la ciudad el poder para establecer un pago mínimo a los choferes de 15 dólares por hora trabajada.

Ningún partidario de la medida podría decir seriamente que la situación del transporte en Nueva York era color de rosa antes de la llegada del transporte compartido a la ciudad y es también innegable que una gran cantidad de usuarios se ha visto beneficiada por la presencia de las compañías de transporte compartido en la ciudad. Y sobre este hecho que Uber y Lyft han apoyado los razonamientos para oponerse a la moratoria. Josh Gold, vocero de Uber dijo a través de un comunicado que la medida del consejo “constituye una amenaza contra uno de las pocas opciones confiables de transporte en la ciudad, pero no hace nada para mejorar el transporte subterráneo o mejorar los problemas de congestión”. Mientras que Lyft a través de su vicepresidente Joseph Okpaku advirtió que la medida “traerá a los neoyorkinos de vuelta a la una era en las que, a las comunidades de color y los habitantes de los distritos de las afueras de la ciudad, les era muy difícil conseguir transporte”.

La moratoria constituye un triunfo para Bill de Blasio, quien en 2015 propuso una medida similar que fue derrotada después de un gran esfuerzo de cabildeo por parte de Uber. Según el The New York Times, en aquel entonces la ciudad contaba con 63,000 vehículos de transporte privado. Hoy la cifra excede las 100,000 unidades, menos de 14,000 de ellos son taxis amarillos.

La moratoria en la expedición de licencias ha creado un momento raro de consenso entre los choferes de Uber y Lyft, y los choferes de taxis tradicionales. Los primeros tienen la esperanza de lograr una mejora en sus condiciones de trabajo, mientras que los últimos simplemente desean poder aún contar con un medio de vida viable el día de mañana.


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