El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, llegó este miércoles a Venezuela para reafirmar que el gobierno de Donald Trump está dispuesto a impulsar la actividad petrolera y gasífera en el país caribeño.
Gobierno de Trump da por "terminado" embargo de EEUU a petróleo venezolano
El secretario de Energía, Chris Wright, llegó este miércoles a Venezuela para reiterar al gobierno interino venezolano la intención del gobierno de Donald Trump de impulsar la producción petrolera del país. El funcionario estadounidense dijo que el embargo de EEUU al petróleo venezolano "esencialmente terminó".
Y en este sentido, el funcionario incluso aseguró que el embargo de EEUU al petróleo venezolano "esencialmente terminó" tras la captura de Nicolás Maduro y la disposición del gobierno encargado de cumplir las demandas de la administración Trump.
"Estamos en el umbral, en un punto de inflexión de la historia", afirmó Wright en un hotel en Caracas durante una reunión con periodistas. Allí comentó que las sanciones impuestas por el presidente Donald Trump al petróleo venezolano en 2019, durante su primer mandato, "esencialmente terminaron".
Wright fue recibido en el palacio presidencial de Miraflores en Caracas por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, en un nuevo gesto de su gobierno interino por cumplir con la agenda petrolera, económica y política de Washington.
EEUU busca un "aumento dramático" en la producción petrolera en Venezuela
Tras reunirse con Rodríguez, Wright declaró que el presidente Trump está "apasionadamente comprometido" en transformar las relaciones bilaterales, rotas desde 2019.
También dijo que EEUU busca un "aumento dramático" de la producción petrolera y gasífera venezolana. Este es un aspecto clave de los planes de Trump con Venezuela, y que enfrentan retos para elevar el bombeo de petróleo en un sector que acumula décadas de desinversión y corrupción del chavismo.
Esto, aunado con las sanciones petroleras, derrumbó hasta apenas 540,000 barriles diarios la producción petrolera diaria promedio en 2020, desde un pico superior a los 3.1 millones de barriles por día en 1997.
Trump convocó a decenas de empresas petroleras a la Casa Blanca —incluyendo a gigantes como ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron— para instarlos a que inviertan en Venezuela, hablando de cifras en torno a los 100,000 millones de dólares para levantar la producción petrolera del país.
Según expertos, esa cantidad, en el plazo de una década, podría llevar la producción actual, que ronda el millón de barriles por día, a unos 4 o 5 millones de barriles diarios. Pero para ello no solo se necesita el dinero, sino también las condiciones legales, institucionales y de infraestructura productiva, duramente golpeadas por la mala gestión chavista durante los mandatos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro entre 1999 y 2026.
Desafíos pendientes
El secretario de Energía afirmó en Caracas que en su conversación con Rodríguez hablaron "con mucha franqueza sobre las enormes oportunidades que tenemos por delante y sobre algunos de los problemas y desafíos". Y añadió que se comprometieron a "trabajar juntos" en ello.
Para resolver algunos de estos obstáculos, el gobierno de Delcy Rodríguez, bajo la presión de Washington, impulsó la aprobación en apenas una semana de una reforma legal a la ley de hidrocarburos venezolana, que enterró el modelo estatista promulgado por Chávez y estableció una apertura al sector privado.
En cuanto a Estados Unidos, el gobierno de Trump ha venido emitiendo licencias petroleras que permiten la incorporación de empresas estadounidenses al sector petrolero venezolano, como las publicadas esta semana que abarcan al sector de servicios, clave para la actividad de extracción de petróleo en los campos.
Rodríguez dijo este miércoles que el encuentro trató sobre el "establecimiento de una asociación productiva a largo tiempo que permita una agenda energética (...) beneficiosa para ambos países".
Las reservas de petróleo de Venezuela son las más grandes del mundo, suman unos 303,000 millones de barriles de crudo; la gran mayoría son crudos extrapesados que pueden alimentar las refinerías estadounidenses en la costa del Golfo.
Con información de AFP y AP
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