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El Papa recibe este fin de semana en su residencia a un nuevo grupo de chilenos víctimas de abusos

Mientras los chilenos aún esperan saber qué obispos serán removidos y conocer las medidas adicionales que se tomarán para ponerle fin a la política de encubrimientos que ha imperado en la iglesia católica, el papa Francisco se reunirá personalmente con un segundo grupo de víctimas, entre los que hay cinco sacerdotes. En las últimas semanas, la revelación de nuevas denuncias de abusos y la incapacidad del episcopado de asumir sus culpas acrecentó la crisis.
1 Jun 2018 – 4:00 PM EDT

“Para nosotros como sacerdotes y católicos, una invitación del Santo Padre es algo que nos llega al corazón. Es de mucho consuelo y esperanza frente a la situación que estamos viviendo”. Con esas palabras, el padre Alejandro Vial, uno de los sacerdotes chilenos que se reunirán con el Papa Francisco este fin de semana, expresó lo que siente ante su próximo encuentro con el pontífice.

“Nuestro deseo más importante es que no sigan existiendo víctimas de abuso”, dijo en una conferencia de prensa que dio la semana pasada en Santiago junto a dos otros miembros de la delegación actualmente en la Santa Sede.

El 22 de mayo, un comunicado del Vaticano informó que “el Santo Padre recibir(í)a a un segundo grupo de víctimas del Rev. Fernando Karadima y sus seguidores de la parroquia del Sagrado Corazón de Providencia ("El Bosque")” con el objetivo de “mostrar su cercanía a los sacerdotes abusados, acompañarles en su dolor y escuchar su valioso parecer para mejorar las actuales medidas preventivas y de lucha contra los abusos en la Iglesia”. Esta nueva invitación del pontífice a víctimas chilenas es uno de los últimos gesto que ha tenido frente a la crisis de la Iglesia, que se hizo evidente tras su visita a Chile en enero.


En esa ocasión, el papa Francisco generó polémica al tomar la defensa del obispo Juan Barros, quién según víctimas de abuso sexuales, fue testigo y encubridor de los delitos cometidos por Fernando Karadima, un influyente sacerdote de Santiago que abusó de decenas de menores durante décadas. El fracaso de su estadía en Chile llevó el Papa Francisco a pedir una investigación especial, a recibir y pedirles perdón a las tres víctimas que llevan cerca de una década denunciando públicamente los hechos, y a convocar el episcopado completo a Roma, lo que terminó con la renuncia en bloque de los obispos.

La decisión de recibir otro grupo de afectados en su residencia Santa Marta sin avisarles previamente a los prelados de este país, fue leída por parte de la ciudadanía chilena como una nueva muestra de su intención de terminar de manera definitiva con la dinámica de encubrimiento que llevó al descalabro de la institución católica en el país.

“El Santo Padre fue clarísimo en que hay que hacer una reestructuración con medidas de corto, mediano y largo plazo”, declaró a los medios el padre Eugenio de La Fuente, quién forma parte del grupo que viajó a Roma y fue víctima de abuso de consciencia por parte de Karadima. “Lo importante es que el papa constató que existía un problema, una crisis en la Iglesia Chilena” agregó.


Una cultura de abusos

Esta invitación, al igual que la que le extendió a fines de abril a James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, tiene la particularidad de venir directamente del pontífice, quien además optó por tener a la delegación chilena en su residencia personal. Sus actividades incluirán una misa privada con el Santo Padre durante la mañana del sábado, un encuentro de grupo con él durante la tarde y luego algunos coloquios individuales, según informó el Vaticano.


De las nueve personas que viajaron, se sabe que cinco son sacerdotes víctimas de abusos de poder, de consciencia y sexuales por parte de Karadima; dos son laicos que también padecieron el sistema abusivo de la parroquia El Bosque; y las dos últimas son sacerdotes que han acompañado a las víctimas y las han asesorado legalmente. Se sabe también que la mayoría de ellos colaboró en la investigación que realizó Charles Scicluna, el arzobispo de Malta, en Chile a mediados de febrero y que algunos incluso siguieron enviando documentación relevante después. Pero no todos han querido revelar su identidad.

En una declaración conjunta que firmaron los cinco sacerdotes que aceptaron hacer públicos sus nombres, éstos indicaron: “Los nueve esperamos que nuestra experiencia pueda servir también para dar voz a muchos otros que han sufrido abusos o han acompañado a personas abusadas”.

Entre los firmantes están Eugenio de la Fuente, Alejandro Vial, Sergio Cobo y Javier Barros, quienes pertenecieron a la parroquia El Bosque, conocieron a Karadima y sus manipulaciones, pero fueron finalmente capaces de distanciarse de él. El quinto, Francisco Javier Astaburuaga, es experto en derecho canónico y jugó un rol esencial en el acompañamiento y el proceso judicial que realizaron dos de las tres victimas que destaparon el caso, en 2010.

Estos sacerdotes se caracterizan también por venir de sectores económicos acomodados de Santiago, al igual que las tres víctimas que denunciaron abiertamente a Karadima. Un hecho que sin duda influyó en el impacto que causó este caso.

La mayoría de los abusados, explican los expertos, hacen denuncias anónimas y no cuentan con redes de apoyo. James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz, en cambio, emergieron como víctimas creíbles que hablaron públicamente sin ocultar su identidad. El hecho que tuvieran un nivel de educación alto influyó en que fueran percibidas como confiables por la opinión pública.

“Ellos son personas con estudios, que supieron rearmarse, que tuvieron gracias a Dios la ayuda de un fantástico abogado”, explica un exmiembro de la parroquia que los conoce pero prefiere guardar el anonimato. “En el fondo generaron redes que permitieron que esto saliera a flote y que afectó el núcleo de la Iglesia del barrio alto. En un momento determinado fueron profundamente denostado por quienes quisieron defender la iglesia de la Iglesia, pero fueron un micrófono de todas las cosas que pasan en todo Chile”.

Carta del Papa a los fieles chilenos

El anuncio de la invitación a estos sacerdotes y laicos se produce cuando los chilenos están expectantes de las medidas que tomará el pontífice para hacer frente a la difícil situación que viven los católicos. El miércoles, el Vaticano informó que enviaría nuevamente a Chile a Monseñor Charles Scicluna y al sacerdote español que lo asistió en su investigación, el padre Jordi Bertomeu. Pero precisó que esta vez, los clérigos no seguirán indagando sino que tendrán una misión pastoral en la diócesis de Osorno, donde las divisiones entorno al obispo Juan Barros dejaron la comunidad católica muy golpeada.

Este viernes, la conferencia espiscopal chilena hizo pública una carta del pontífice dirigida “al Pueblo de Dios que peregrina en Chile”. En su misiva, el Papa Francisco los llama a reflexionar y trabajar en conjunto en la creación de una sociedad que no tolere los abusos y promueva “una cultura del cuidado y protección”.


“El 'nunca más' a la cultura del abuso, así como al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse, exige trabajar entre todos para generar una cultura del cuidado que impregne nuestras formas de relacionarnos, de rezar, de pensar, de vivir la autoridad; nuestras costumbres y lenguajes y nuestra relación con el poder y el dinero”, escribió el pontífice. “Urge, por tanto, generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante; donde no se confunda una actitud crítica y cuestionadora con traición”, agregó. También recordó, como lo había hecho anteriormente en su carta a los obispos chilenos, que no bastaba con remover autoridades eclesiásticas para “generar una transformación eclesial”.

Pero los chilenos siguen pendientes de cuántos obispos el pontífice cambiará. En las últimas semanas, la revelación de nuevas denuncias de abusos a menores, que involucran a figuras prominentes de la Iglesia local -entre ellas el canciller del arzobispado de Santiago- le han dado aún mayor urgencia a la necesidad de actuar drásticamente. Son muchos quienes sienten que los prelados no parecen dimensionar la gravedad de la situación ni de lo que ellos llaman “sus faltas”.

Una entrevista emitida el domingo pasado por canal público chileno Televisión Nacional (TVN) fue reveladora de lo que muchos consideran como una ausencia de “autocrítica” de los altos mandos eclesiásticos. Ese día, el obispo Luis Infanti de la región sureña de Aysén declaró que el Papa Francisco les había dado "un empujón muy fuerte y un tirón de orejas para que despertemos y asumamos como corresponde".

Pero cuando se le preguntó sobre los abusos en la ciudad de Rancagua y el hecho que el Obispo Alejandro Goic tuviera que renunciar a la presidencia del Consejo de Prevención de Abusos a Menores y Acompañamiento de Víctimas del episcopado por no haber investigado las denuncias a tiempo, afirmó: “Tengo entendido que el sacerdote en cuestión le habría jurado a Monseñor Goic que no estaba metido en ninguna de las cosas que se le acusa”.

La noticia, el día anterior, de que el nuevo líder de dicho consejo antiabuso sería el obispo Juan Ignacio González, también generó críticas. González es considerado uno de los obispos más conservadores del país y fue uno de los principales defensores de Juan Barros: “Obispo González a cargo de la prevención de abusos. Un tipo con la empatía de una piedra, prepotente, despectivo y con historia turbia durante la dictadura. Muy mal #QueSeVayanTodos los obispos", señaló en cuenta de Twitter el filósofo José Andrés Murillo mientras. Por su parte, Juan Carlos Cruz, calificaba el nombramiento de “desastre”.

Dentro de la iglesia, algunos confirman que para el episcopado asumir sus culpas ha sido un desafío: “No entienden”, dice un sacerdote que no quiere dar su nombre. “Mi impresión es que en el episcopado chileno se armó un microambiente en el que se consultaban entre ellos, conversaban los problemas entre ellos y los miraban todos con criterios completamente autorreferentes. No han sido capaces de escuchar el dolor de las víctimas y de ver la gravedad de los hechos mirados desde afuera”. Entre esos “criterios autorreferentes”, considera que estaba el “proteger la imagen de la Iglesia por encima de las personas”.

El periodista Oscar Contardo, quien lleva cerca de cuatro años investigando la iglesia chilena y está a punto de publicar un libro sobre un caso de abuso, coincide en que existe un funcionamiento dañino en los cimientos mismos de la estructura eclesiástica chilena que es muy difícil de erradicar.

“Para refundarse la Iglesia chilena tendría que transparentar las acusaciones que no hace pública, entregar la documentación que tiene al respecto. Y tiene que asumir una política y una cultura sobre la sexualidad distinta a la que está en marcha hace mucho tiempo que deja los abusos impunes”, afirma.

La investigación del caso Karadima revela a qué punto las dinámicas de abusos se fueron reproduciendo a lo largo del tiempo. Hay declaraciones de víctimas y testigos que indican que hubo algunos seguidores de Karadima que, bajo su influencia, comenzaron a incurrir en conductas similares.

“Santiago está en una situación complejísima de temas de abusos y Chile también. Pero se han aprovechado a este monstruo que es Karadima y que tiene muy mala cara, porque es un tipo odioso con mucha influencia de poder, para que otros monstruos pasen más desapercibidos”, dice la fuente eclesiástica que prefiere no ser identificada. “La parte más insana es que no se le ha tomado el peso a lo que significa el abuso de autoridad, de consciencia y sexual, sea donde sea, desde el norte hasta al sur, en la clase alta, media o baja. Sea donde sea que cualquier ser humano sea abusado sexualmente debiera indignarnos y eso no ha ocurrido”.

Las víctimas presentarán soluciones para refundar la Iglesia

Los sacerdotes y laicos que se encontrarán con el papa Francisco este fin de semana esperan poder ayudar a cambiar esa realidad. Anunciaron que durante su estadía en el Vaticano entregarían propuestas concretas para ayudarle al papa a sacar la Iglesia chilena de la crisis actual.

"Qué maravilla que nos invite para que nosotros le podamos contar nuestra percepción personal, nuestra experiencia y desde esa experiencia vivida poder proponerle, dentro de lo que podamos, soluciones para seguir adelante frente a esta estructura de poder que ha permitido los abusos", declaró Eugenio de la Fuente ante los medios.

Por su lado, Hamilton, Murillo y Cruz le enviarán esta semana al pontífice un documento con sus sugerencias para prevenir nuevos abusos y encubrimientos.

Por ahora, los involucrados prefieren no entregar detalles, pero algunos de los lineamientos generales han trascendido. Una de las opciones podría ser la creación de una comisión similar a la Comisión Real que investigó los abusos a menores en instituciones religiosas y públicas de Australia y emitió recomendaciones para su prevención. También se ha hablado de otorgarle al delito de encubrimiento la misma gravedad que el de abuso y de la posibilidad de establecer reparaciones psicológicas para las víctimas.

Además, algunos clérigos han evocado la necesidad de clarificar las funciones que implica el ministerio cristiano y establecer un sistema en que el desempeño de cada uno sea evaluado de manera consistente. Otros apuntan a la necesidad de mejorar la formación dentro del seminario, particularmente en lo relativo al uso de la autoridad, y de asegurarse durante esos años de que los seminaristas tengan la madurez afectiva requerida para su función.

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