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Crisis en Venezuela

"La era de la 'máxima presión' terminó": estas son las opciones de Biden frente a Cuba y Venezuela

A medida que Biden ha comenzado a formar su equipo de política exterior y seguridad nacional, han surgido algunas pistas sobre la ruta que seguirá. Todo indica más diplomacia y menos beligerancia. (Read in English)
6 Dic 2020 – 10:34 AM EST
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El presidente electo Joe Biden y el gobernante venezolano Nicolás Maduro. Crédito: David Maris / Univision

MIAMI.- Durante cuatro años, Donald Trump blandió un gran garrote y aprobó, sin resultados, un vertiginoso número de sanciones contra los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Si bien es probable que la mayoría de esas sanciones permanezcan vigentes, los expertos dicen que esperan un cambio de tono en la política exterior bajo la administración entrante del demócrata Joe Biden.

“No van a ver la retórica más grandilocuente y francamente poco realista que hemos escuchado de los funcionarios de Trump”, dijo Michael Camilleri, analista de Venezuela de Diálogo Interamericano en Washington DC.

En cambio, se espera que el nuevo gobierno adopte un enfoque más diplomático y humanitario, trabajando en estrecha colaboración para reconstruir la confianza con los aliados internacionales de Estados Unidos que estaban desconcertados por la estrategia más beligerante de Trump, llamada 'Estados Unidos primero'.

“La era de la 'presión máxima' ha terminado. La era de todas las 'opciones están en la mesa' ha terminado ”, dijo Phil Gunson, el representante con sede en Caracas del International Crisis Group, que busca encontrar soluciones pacíficas a las disputas internacionales.

“Funcionó para Trump en Florida. Simplemente no funcionó para Venezuela”, agregó, y señaló cómo el Partido Republicano obtuvo importantes logros políticos en las elecciones de noviembre entre los exiliados cubanos y venezolanos en el sur de Florida.

Biden, el hombre de mayor edad en ser elegido presidente en la historia de Estados Unidos, también tiene la ventaja de una gran experiencia en política exterior, que se remonta a principios de la década de 1970, incluidas dos décadas de servicio en el comité de política exterior del Senado, y como vicepresidente al lado de Barack Obama.

A medida que Biden ha comenzado a formar su equipo de seguridad nacional, han surgido algunas pistas sobre las políticas que seguirá. No es sorprendente que entre los primeros nombrados se encuentren varios exfuncionarios con los que trabajó en el Senado y la Casa Blanca.

Su nominado para secretario de Estado, Anthony Blinken, estuvo profundamente involucrado en la normalización de las relaciones con Cuba en 2014, mientras que su asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, ayudó a negociar un acuerdo en 2015 con Irán para dejar de desarrollar armas nucleares. Ambos acuerdos ganaron elogios internacionales generalizados, pero los republicanos los criticaron y Trump los desmanteló rápidamente.

Biden estará tan preocupado con cuestiones internas como el lanzamiento de la vacuna contra el nuevo coronavirus y el alivio financiero para los estadounidenses, que tendrá que depender en gran medida de Blinken y Sullivan, ya que tendrá poco tiempo para la política exterior.

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"No será una prioridad"

El conocimiento de Biden de América Latina y su participación personal en la política de Obama hacia Cuba significa que también es muy consciente de cómo la política exterior puede extenderse a la política interna.

“Biden tendrá que ser cauteloso. No será una prioridad. Todos vimos la forma en que los cubanoestadounidenses en el sur de Florida votaron hace un mes ”, dijo Brian Latell, exanalista cubano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Trump ganó cómodamente las elecciones en Florida, recibiendo un impulso en el sur de Florida de los estadounidenses de origen cubano que abrazaron fervientemente las políticas de Trump para lograr un cambio de régimen tanto en Cuba como en Venezuela.

Si bien Biden nunca ha visitado Cuba, su esposa Jill Biden hizo un viaje allí en 2016 y en un video de la Casa Blanca destacó las relaciones culturales entre Cuba y Estados Unidos a través de las artes y el béisbol.

Durante la campaña, Biden criticó la política exterior de Trump hacia Cuba y Venezuela. Dijo que aliviaría las restricciones de viaje a Cuba y los límites a las remesas que los cubanoestadounidenses envían a sus familias en la isla.

Al mismo tiempo, enfatizó los derechos humanos y dijo que "la represión contra los cubanos por parte del régimen ha empeorado con Trump, no mejorado".

Otra posibilidad podría ser levantar las sanciones a los estadounidenses que deseen viajar a Cuba, dijo Mark Feierstein, ex director senior de asuntos del Hemisferio Occidental en la Casa Blanca de Obama.

Trump cerró la puerta a todos los viajes excepto a los cubanoestadounidenses con familiares en la isla. Al hacerlo, cortó una fuente vital de ingresos para el sector privado independiente de Cuba. “Para prosperar, el sector privado necesita clientes estadounidenses”, dijo Feierstein.

Biden también podría restablecer un acuerdo entre Cuba y las Grandes Ligas para permitir que los peloteros más talentosos de la isla sean reclutados, en lugar de salir de contrabando a través de terceros países.

Pero cualquier paso adicional probablemente requeriría alguna forma de reciprocidad por parte del gobierno cubano, dijo Feierstein.

Sobre Venezuela, Biden argumentó durante la campaña que la retórica sobrecalentada de Trump había creado falsas expectativas de intervención militar o rebelión interna para derrocar al régimen de Nicolás Maduro. En cambio, "Maduro se ha vuelto más fuerte", dijo.

Obstáculos

Pero los expertos también advierten que las opciones de Biden en Cuba y Venezuela están limitadas por importantes obstáculos en el terreno, como los intereses chinos y rusos en la industria petrolera de Venezuela y el control del poder en Cuba durante 60 años por parte del Partido Comunista.

Lo que pesa sobre las relaciones entre Estados Unidos y Cuba también es el tema sin resolver de una misteriosa serie de 'ataques sónicos' a fines de 2016 que causaron serios problemas de salud para casi dos docenas de diplomáticos en La Habana. Aún no está claro qué causó los peligrosos sonidos acústicos agudos y quién es el culpable.

El incidente ayudó a alimentar el rápido deterioro de las relaciones entre los dos países, lo que llevó a la administración Trump a reducir el personal en la embajada en La Habana y a cerrar efectivamente los servicios consulares como el procesamiento de visas.


“Mucha gente resultó afectada. Hasta que obtengamos algún tipo de aclaración sobre eso, es difícil ver un camino a seguir. Pero los cubanos no van a admitir ningún tipo de responsabilidad ”, dijo Latell.

El gobierno cubano ha negado rotundamente cualquier implicación y rechaza la idea de que los diplomáticos fueron atacados, sugiriendo en cambio que se trataba de algún tipo de enfermedad psicosomática.

Falta de confianza

“Los cubanos sienten que han sido engañados. Dieron un salto histórico y quedaron sobreexpuestos”, dijo Juan Cruz, exdirector del Consejo de Seguridad Nacional para América Latina en la administración Trump, quien ahora está en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).

“Consideran que los estadounidenses no son dignos de confianza. Solo son buenos por cuatro años, ¿de qué sirve hacer algo?” y señaló una preocupación generalizada de que la polarización de la política estadounidense y el resultado de las elecciones estadounidenses, dificulta la construcción de políticas a largo plazo.

Como resultado, “ambas partes deben volver a generar confianza. Estarán dando pequeños pasos”, dijo Cruz.

Con la muerte de Fidel Castro y la jubilación de su hermano Raúl Castro de 89 años, el día a día del país también está ahora en manos del presidente Miguel Díaz-Canel, un líder relativamente desconocido y no probado.

Reconoció la victoria de Biden el 8 de noviembre y tuiteó que creía en "la posibilidad de relaciones bilaterales constructivas respetando las diferencias de los demás".

Al mismo tiempo, la economía de Cuba depende en gran medida del turismo y necesita reconstruir las relaciones con Estados Unidos después de que el nuevo coronavirus dejó sus hoteles vacíos durante los últimos ocho meses. Los reformistas dicen que la isla no tiene más remedio que abrir más su economía dirigida por los comunistas al sector privado para impulsar la productividad y crear empleos. Pero el gobierno, dominado por una vieja guardia de marxistas ortodoxos, está nervioso por abrirse y perder el control después de 60 años de régimen totalitario.

El aumento de la disidencia entre los artistas locales que buscan ejercer una mayor libertad de expresión podría ser solo la punta del iceberg. La semana pasada, el gobierno arrestó a los miembros de un grupo de artistas, conocido como Proyecto San Isidro, lo que provocó una protesta sin precedentes frente al Ministerio de Cultura.

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Régimen cubano responde con arrestos y persecución al movimiento San Isidro

Esto podría complicar cualquier acercamiento con Biden. Sullivan, el asesor de Seguridad Nacional designado por Biden, dijo en un tuit que el presidente electo apoya al pueblo cubano en su lucha por la libertad. Pidió al gobierno que libere a los manifestantes pacíficos y dijo que los cubanos deben poder ejercer “el derecho universal a la libertad de expresión."

“El país en un polvorín”, dijo Emilio Morales, presidente de Havana Consulting Group, con sede en Miami. “La gente esta molesta”, advirtiendo que el gobierno cubano era muy consciente de su terrible situación económica y la frustración reprimida en las calles.

Desastre humanitario en Venezuela

Es poco probable que Venezuela ocupe un lugar mucho más alto en la agenda de Biden que Cuba, y ciertamente no se acerca a las alturas que alcanzó con Trump cuando se convirtió en el blanco de algunas de las sanciones más duras reservadas para los enemigos más letales de Estados Unidos.

Al principio, la administración Trump buscó alentar un levantamiento popular contra Maduro e insinuó que una opción militar estaba "sobre la mesa". Pero las protestas callejeras fueron aplastadas por una represión brutal y Estados Unidos llegó a depender más de una política de desgaste aunque endureció las sanciones económicas.

“Los miembros de la administración [de Biden] escucharán una evaluación más fundamentada y realista de lo que está sucediendo en Venezuela. Francamente, la administración actual nos ha vendido mucho pensamiento mágico y mucho de eso fue para beneficio político a nivel nacional”, dijo Camilleri.

Mientras tanto, Maduro sigue afianzado en el poder y la situación económica de los venezolanos en general se ha convertido en un desastre humanitario, con escasez de alimentos y medicinas y una inflación en espiral. Este año, el país registró la tasa de inflación más alta del mundo, con un aumento de más de 3,000% y la producción nacional ha caído dos tercios desde que Maduro asumió el poder en 2013.

En reconocimiento de eso, Biden se ha comprometido a brindar protección temporal contra la deportación (TPS) a los 200,000 venezolanos indocumentados que viven en Estados Unidos como parte de un enfoque más humanitario hacia la crisis. Eso también podría incluir más fondos estadounidenses para la crisis de refugiados en las fronteras de Venezuela.

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En video: Guardia Nacional de Venezuela reprime a balazos las protestas por falta de combustible

¿Qué pasara con las sanciones?

A pesar de las diferencias políticas en Washington sobre Venezuela, los expertos dicen que es poco probable que Biden haga cambios radicales, como levantar las sanciones o la recompensa de 15 millones de doláres anunciada por la administración Trump en marzo por información que conduzca a la captura o condena de Maduro.

“No esperaría muchos cambios. El enfoque a lo largo del tiempo puede ser más multilateral ”, dijo Gunson.

Al igual que en Cuba, Estados Unidos enfrenta importantes obstáculos sobre el terreno, incluido el apoyo a Maduro en China, Rusia e Irán. “Ya no es solo una cuestión de Venezuela, está provocando una crisis geopolítica regional. Se ha vuelto imposible separarlo de la política global”, dijo Gunson.


Una posible opción era la creación de un enviado especial de Naciones Unidas a Venezuela para tratar de encontrar formas de aliviar la crisis humanitaria y reabrir las negociaciones para una transición política.

Las sanciones siguieron siendo necesarias para mantener la presión sobre Maduro, según la mayoría de los expertos. "No veo que la diplomacia funcione mientras Maduro no tema por su vida", dijo Russ Dallen, un abogado de Miami que monitorea de cerca la industria petrolera venezolana.

Dallen señaló que el régimen de sanciones contra Maduro de hecho se inició durante la administración de Obama. Pero agregó que las sanciones solo han funcionado cuando han gozado de un fuerte respaldo internacional, como en el caso de Sudáfrica, donde el fin del régimen del apartheid solo se produjo después de que Estados Unidos se uniera a un esfuerzo internacional.

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Y el futuro de Juan Guaidó?

La elección de Biden también coincide con un momento crítico para el movimiento de oposición de Venezuela y Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional que es considerado el presidente "interino" legítimo del país por gran parte del mundo.

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Venezuela celebra elecciones a la Asamblea Nacional este fin de semana que están siendo boicoteadas por la oposición, dejando el futuro de Guaidó incierto después de que termine su mandato el 5 de enero.

"Guaidó no tiene una fecha de caducidad, pero tampoco tiene una vida útil indefinida", dijo Gunson.

Si bien es poco probable que el mundo le dé la espalda a Guaidó después del 5 de enero, la oposición enfrenta nuevos desafíos, según Camilleri. "La oposición tendrá que impulsar un argumento legal de que merece seguir siendo reconocida, pero también una estrategia política que la comunidad internacional pueda respaldar", dijo.


Si algo se puede aprender de los últimos dos años en Venezuela, es que las esperanzas de una solución rápida resultaron ser demasiado optimistas o completamente fuera de lugar, ya sea por protestas callejeras de la oposición, una rebelión militar interna o una intervención militar externa.

“Entonces, nos quedamos con un conjunto diferente de opciones”, dijo Camilleri. “La única solución es política. Llevará mucho tiempo y esfuerzo implementarla".

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