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Frida Sofía

Frida Sofía: la historia que tienes que saber antes de juzgarla

A sus 27 años, Frida Sofía ha enfrentado tantas cosas que ya describe su vida como un "rompecabezas enorme". Sus emociones y la forma de expresarlas - en ocasiones con dureza- no se pueden entender bien sin conocer lo que hay detrás. Este reportaje es una ventana a su mundo, una mirada al pasado que le ha servido de impulso para lanzarse como artista.
1 Ago 2019 – 3:30 AM EDT


El pleito entre Frida Sofía y Alejandra Guzmán tiene raíces profundas. Pero nada había provocado una crisis como la actual, cumpliéndose ya nueve meses desde que tuvieron su último contacto. Ese distanciamiento ha servido justamente para que la única heredera de la ‘Reina del Rock’ experimente lo que describió como un renacimiento.

Al igual que en un embarazo, tuvo dolores indescriptibles y algunas contracciones que la hicieron lucir mal ante la opinión pública. Ella lo sabe; le consta que su credibilidad pudo haberse afectado. Sin embargo, no se arrepiente porque de todo lo ocurrido, sacó una sabia lección.

Tus emociones, si no las aprendes a controlar, te devoran. Y ya aprendí eso”, afirmó con desparpajo la única ahijada de ‘La Doña’, María Félix. No levantó la ceja como ella, pero acentuó sus palabras para dejar claro dónde se encuentra emocionalmente y qué le urge decir. Sin tapujos, ni adornos.

Soltar esa carga que durante muchos años la mantuvo fiel a un libreto adverso a su esencia la ayudó en este proceso, al igual que sus terapias y el libro de meditaciones ‘Actos de fe’.

Advirtió que todavía se encuentra en pleno redescubrimiento. “Obviamente, voy a cometer errores y no te puedo decir ‘no, ya jamás en la vida voy a volver a hablar de cierta manera’”. Su intención es evitarlo. “Está en mi corazón, en mi mente más que nada, el pensar antes de hablar y actuar”.


Frida Sofía sabe que a veces puede sonar ruda, pero insiste en que nunca ha “tratado de lastimar a nadie”.

Ella conoce perfectamente lo que es vivir con heridas; unas abiertas, como es el distanciamiento con su mamá, y otras que parecen haber cerrado en falso por lo que evita a toda costa que alguien intente tocarlas. Heridas que surgieron antes y después del “machetazo” que sufrió a sus 12 años, como describió el segundo intento de secuestro que vivió en la Ciudad de México. Antes, mucho antes de ese día de espanto, trauma y muerte, Frida Sofía vivía en la burbuja de protección de las familias ricas y famosas en México; lo que para ella era “normal”.

Desde muy pequeña, su mamá la puso a tomar clases de música y de ballet, para que tuviera “bonito cuerpo" y más armas que le permitieran ser quien ella quisiera cuando se hiciese mayor, según declaró en el 1998 en una entrevista con Aurora Valle, para el programa ‘En el ojo del huracán’.

Ahí también expuso que Frida Sofía nació con lo que se conoce como oído absoluto. “Es un don”, aseguró al explicar que, al igual que genios de la música como Mozart, su hija es capaz de cantar y tocar instrumentos sin la necesidad de mirar un pentagrama.

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“Cosas que te roban la inocencia”

Tenía entre 5 y 6 años cuando por primera vez sintió esa cosquillita interna que le dejó saber que había nacido para ser artista. Era 1998 y su mamá trabajaba en el musical ‘Gypsy’, en el teatro que lleva el mismo nombre de su legendaria abuela materna, la actriz Silvia Pinal.

“Me acuerdo perfecto que mi mamá se arreglaba y (le ponían) glitter y que salía (al escenario) con un sombrero y me conquistaba el hecho de esa figura, esa silueta, esa forma de entretener a la gente. Y obviamente cuando ves al público (su reacción), es impresionante”.

De su infancia, ese crush con el mundo del entretenimiento es el recuerdo que trasluce con menor incomodidad. El resto, lo fue contando poco a poco, con mesura. Su próspero verbo quedó casi estéril cuando le pregunté más detalles sobre cómo era su día a día. “Iba a mi escuela, a la primaria. Me llevaban, me regresaban a mi casa, gracias a Dios. Con la camioneta blindada, con la seguridad, que al final era inseguridad para mí”.

En un principio no se le hacía raro; después de todo, creció viendo que su mamá siempre salía con elementos de seguridad. Un primer intento de secuestro, endureció las medidas. Frida Sofía entendió que tenían que protegerla y lo agradeció, pero hoy día no puede evitar preguntarse, cómo “una niña, una chavita, podía gozar de la vida así”.

Al cuestionarle si alguien le contó por qué la llevaban en una camioneta a prueba de balas a la escuela, respondió tajante: “No me tenían que explicar, me intentaron secuestrar, fue horrible”.

El segundo intento de secuestro, el 10 de mayo de 2004, fue el peor. Hubo disparos y murió uno de sus protectores. “Vi cosas que no tiene que ver ningún menor de edad, que no tiene que experimentar. Son cosas que te roban la inocencia”, espetó.

¿Cosas cómo cuáles?, le pregunté. “No voy a meterme ahí. Creo que (hablar de) eso (en algún momento) fue uno de mis errores y lo hice porque estaba dolida”.

Intenté entender qué fueron esas cosas tan terribles, pero me detuvo. “Es que no lo quiero hacer público […] Todo es público… Desde que nací, pum, Frida Sofía”.

Y en eso tiene razón.

“¡Frida, Frida, Frida!”

A comienzos de los 90, Alejandra Guzmán comenzó a salir y convivir con el empresario Pablo Moctezuma. Su carrera había despegado con éxito y temas como ‘Eternamente bella’ y ‘Hacer el amor con otro’, entre otros, ya eran himnos de la juventud latinoamericana.

Su relación iba viento en popa y la ‘Reina del Rock’ ni se cuidaba para no tener hijos porque llegó a pensar que nunca sería madre. Ya tenía 22 años y no quedaba embarazada, contrario a su hermana mayor, Silvia Pasquel, que se embarazó a los 17 años; su sobrina Stephanie Salas, que lo hizo a los 19, y a su hermano Luis Enrique, que también fue papá muy joven.

Estando su carrera en el punto más alto, un día visitó la casa de su madre y se encontró con su nana, quien la miró y le dijo: “Estás embarazada”. Una prueba de sangre, al día siguiente, lo confirmó.

El viernes 13 de marzo de 1992, vía cesárea, nació Frida Sofía. Pesó 7 libras (3.2 kilos) y midió 20 pulgadas (51 centímetros). Sus padres estaban juntos, pero no casados. La cantante, entonces de 23 años, registró a la pequeña con sus apellidos, Guzmán Pinal.

El 4 de abril de 1992, fue su primera experiencia con la fama y apenas contaba con tres semanas de vida. Alejandra Guzmán reapareció en público en el exitoso programa ‘Siempre en domingo’, que conducía Raúl Velasco. No llegó sola, sino con su bebé en brazos. El público, eufórico, comenzó a vitorear “¡Frida, Frida, Frida!”.

En ese programa, la hija del roquero Enrique Guzmán explicó que su niña tenía “horario palenquero”, porque lloraba con más intensidad a las 3 de la mañana. Dijo que todo estaba bien, aunque años más tarde confesó que cuando ambas salieron del hospital, su hermano Luis Enrique tuvo que acompañarla dos días y hasta decirle que las mamilas se hervían, porque ella ni sabía. Al final, para resolver el asunto, Alejandra Guzmán convenció a su mamá y logró ‘robarse’ a la que había sido su nana, quien le echó la mano con la niña.

Poco tiempo después, fue el bautismo de la pequeña, celebrado en la residencia de su abuela paterna, la poderosa empresaria de la industria de restaurantes mexicanos, Estela Moctezuma. Ella era muy amiga de María Félix, quien quiso ser la “padrina” de Frida Sofía, a quien le regaló una joya con forma de corazón que lee: “Con todo mi amor”.

Todavía Silvia Pinal, abuela materna de Frida Sofía, recuerda que a ella y a Enrique Guzmán, no les permitieron entrar al salón donde se realizó el bautismo, porque supuestamente 'La Doña' no quería. Como estaban divorciados, cada uno tuvo que esperar, guardando distancia, para luego, sin mayores aspavientos, integrarse al reventón que se armó para celebrar que la niña había recibido el sagrado sacramento.



Tras la breve pausa que hizo para debutar como madre, Alejandra Guzmán retomó sus compromisos y, por un tiempo, cargó con su hija siempre que pudo. Frida Sofía creció ante los ojos del público, que la escuchó hasta cuando aprendió a decir que tenía “doch” años, por ejemplo.

Cuando entró en edad escolar, quedó al cuidado de personas de confianza de su madre y esa separación, le dolió. En medio de ese ajuste, Alejandra Guzmán reencontró el amor y se casó, por primera vez, con Farell Goodman, de quien se divorció varios meses después luego de que él fuese acusado de narcotráfico y arrestado en Alemania.

Superado ese incidente, en 2002, cuando Frida Sofía tenía 10 años, su mamá se enamoró de Gerardo Gómez y esa relación le produjo uno de los dolores más horrendos de su vida.

Logró quedar embarazada por segunda vez y estaba ilusionada. Pero esa alegría se tornó en luto, pues la artista perdió ese embarazo y con ello, los deseos de vivir. Sumado a esa pérdida, descubrió que Gerardo Gómez la había estado utilizando. Y la relación terminó.

Juntas, una vez más, quedaron solas madre e hija.

Me quedó claro que Frida Sofía prefiere no recordar esos pasajes de su vida: “Sí es un rompecabezas enorme”.

Todo se rompe

Ser testigo de la balacera en la que una persona perdió la vida intentando protegerla, con todo lo que eso significa, la trastornó. “Me tuvieron que meter en los baños esos de hielo. Estaba en un ‘shock’, por dos semanas, en las cuales yo no dije una palabra”.

De la noche a la mañana, su mamá, que se mantenía trabajando y viajando, tomó la decisión más dramática con tal de protegerla. Frida Sofía saldría del país y sería internada en un colegio en el estado de Connecticut. No le dio ni tiempo para pensarlo o proponer otra alternativa.

“Yo no empaqué mis cosas… Ni me acuerdo de eso porque fue tanto ‘shock’ que en realidad esa parte todavía no me llega (a la memoria). Vi muerte a los 12 (años), ¿entiendes? Cosas horribles”, reiteró, dejando saber con sutileza que ya no quería volver sobre el tema.

Ese golpe fue el más dañino de una serie que parecería no tener fin. Su llegada al internado fue difícil. La cultura, las costumbres, el idioma, todo era diferente. Cuando el encargado del lugar le rechazó un beso en la mejilla al quererlo saludar, cayó en cuenta de que “estaba en otro país, en otra onda”.

Su experiencia ahí no fue del todo mala. Aunque hubo compañeros que la acosaron -preguntándole si usaba un burro para transportarse- en ese lugar logró lo que nunca tuvo en casa. “Me sentí en familia. Por primera vez tuve la oportunidad de convivir con las personas que comían conmigo”, contó.

Allí supo que lo suyo no eran los deportes. También le quedó claro que mientras más aplicada fuese, más pronto podía completar sus estudios y regresar a México. Lo intentó “como una camaleona".


Mientras se enfocaba en sus estudios, a la distancia, sufrió cuando en el 2007 a la intérprete de ‘Reina de corazones’ le detectaron cáncer de seno. Aunque lo trataron a tiempo y Alejandra Guzmán se recuperó, Frida Sofía no podía evitar la angustia de pensar que algo pudiera pasarle a su mamá. Después de todo, es la única persona que siempre había estado en su vida.

En el verano de 2008, viajó a México. Como su madre se había recluído en un centro de rehabilitación para tratar sus problemas con el alcohol, Frida, como la llaman sus allegados, había quedado bajo la custodia de su papá, Pablo Moctezuma. Tras haber estado ausente durante gran parte de su niñez, él buscaba reconectar, de alguna forma, con su primogénita.

La entonces adolescente salió de ese hogar y fue al de su mamá. Lejos de la supervisión de un adulto, Frida acabó ingresada de emergencia en un hospital. Los titulares de esa época señalaron que la hija de Alejandra Guzmán había intentado suicidarse. Otros aseguraban que había mezclado pastillas y alcohol durante una fiesta que había hecho aprovechando que su mamá no estaba.

Apenas hace unos meses que Frida Sofía explicó en Instagram su versión de lo ocurrido. Tuvieron que lavarle el estómago para salvarla y dijo por qué. “Se murió mi mejor amiga, quemada viva y yo me tomé todos mis antidepresivos porque pensé que me iban a hacer un poquito feliz”. Tenía 15 años.

La situación no pasó a mayores. Recuperada, Frida regresó al internado, de donde un año más tarde se despidió por todo lo alto. Por sus notas sobresalientes recibió el título de valedictorian y pronunció el discurso en la ceremonia de graduación. Aplaudiéndola estuvo su madre.

"Siempre fui la hija de"

Dice el refrán que hijo de gato, caza ratón. Y Frida Sofía quería entrarle de lleno a la música, al mundo del entretenimiento, donde se sentía en casa. Sin embargo, terminó estudiando “dos carreras”.

¿Por qué no se atrevió a emprender vuelo como artista? Lo resumió de la siguiente manera: “Me acostumbré al hecho de que yo no era la artista. Yo era la hija de, siempre fui la hija de, soy la hija de, me voy a morir la hija de, pero hay mucho más acá de lo que conocen”.

Se matriculó en el Miami International University of Art and Design, donde completó estudios en Fashion Merchandising and Marketing. Y luego, en el Instituto Técnico de Miami estudió Anatomía y Nutrición, obteniendo la certificación como entrenadora personal.

Estudiaba y buscaba salir adelante mientras apoyaba a su mamá en sus rehabilitaciones y también desilusiones. Aseguró que estuvo a su lado en todo lo que pudo; desde sus cirugías reconstructivas hasta todas las veces que fueron a terapia para aprender a vivir mejor.

Alejandra Guzmán también la apoyó cuando en 2015 protagonizó la portada de la revista Playboy. Cómo iba a decirle que no, si ella había hecho lo mismo 22 años antes. Y le dio todo su respaldo cuando Frida Sofía decidió casarse en privado con el empresario Luis Escamilla.

Ese sostén tampoco le faltó cuando la joven quiso divorciarse. Su mamá estuvo ahí, sin soltar prenda sobre los verdaderos motivos de la separación. Hubo un mar de especulaciones, pero la propia Frida pidió no creer todo lo que trascendía a la luz pública. “Él es un buen hombre”, dijo en el 2017, en entrevista con el programa Hoy.

Las crisis que ambas superaban y saber que se tenían una a la otra, las convirtió en inseparables. Era común ver a Frida en donde estaba Alejandra y viceversa. Trascendió a las redes sociales, sobre todo Instagram. Parecía que le cobraban al tiempo todo lo que habían estado separadas. Hasta finales de 2018.

La gran crisis

Las fotos sonrientes de ambas juntas, en traje de baño y mar adentro, comenzaron a desaparecer de Instagram a partir de noviembre del año pasado. Hubo una ruptura. En un principio fue discreta, pero nada podía anticipar lo que se acercaba.

¿Qué pasó? “Exploté”, respondió Frida de inmediato.

Durante los primeros meses de este año, comenzó a desahogarse en las redes sociales. Ahí tiene una familia millonaria, no en dinero, sino en comprensión y fidelidad. Son ellos, la Virgen de Guadalupe y su perro Phillipe, un boston terrier blanco y negro, quienes le dan fuerzas para seguir adelante.

El primer vómito “de veneno” que hizo fue sobre su prima Michelle Salas, de quien llegó a ser muy amiga. Pero hubo cosas que a Frida Sofía no le gustaron y así lo dejó saber en uno de esos videos que solo duran 24 horas. Luego, hizo lo mismo con su tía, Sylvia Pasquel.

Lo más difícil de expulsar, lo consiguió el 10 de mayo. Para felicitar por el Día de la Madre a Alejandra Guzmán, publicó una imagen en la que le recriminó que no estuviera presente en su vida durante los años en que más la necesitó; que no la defendiera; que no dijera la verdad de todo lo que se vivía en la llamada dinastía Pinal, donde la comunicación, aseguró, no fluye.

No paró ahí. Finalmente, Frida Sofía reveló qué provocó el distanciamiento con su mamá: vio a Alejandra Guzmán junto al que había sido su novio, Christian Estrada.

Nunca los vio besándose, ni una cama, pero sí otras cosas. “Lo que yo vi, no me gustó”, sentenció. “¿Qué haces ahí con el ex de tu hija?”, se preguntó una y otra vez.

Alejandra Guzmán ha negado que tuviese algo que ver con Christian. Dijo que es hermano de sus diseñadores y hasta risa le dio que Frida pudiese pensar que ella había tenido una relación íntima con el modelo de 28 años.

Asuntos pendientes

Para la hija de Silvia Pinal, el verdadero problema es que Frida no la ha perdonado. “Yo ya me perdoné, la culpa no la he cargado desde hace mucho tiempo”, le confesó a la periodista Mara Patricia Castañeda el pasado viernes, 26 de julio.

“Ella es la que tiene que trabajar sus cosas, yo ya trabajo con las mías. Y cada quien tiene su tarea en la vida”, apuntó.

Su misión, dijo, es “seguir bien para que el día que ella se acerque, ella tenga esa madre que siempre ha querido”. Por ese reencuentro afirmó que reza todos los días.

Frida Sofía quiere que ambas se sienten, junto a un mediador profesional y con testigos, para que así puedan arreglar sus cosas.

De todo lo ocurrido, no se arrepiente. “Es mi madre, la que me dio la vida y me siento de la chingada de que le dije diabla, pero en ese momento fue un arranque”, admitió. Se refirió al momento en que Alejandra Guzmán dijo en la televisión mexicana que su hija padece de Borderline Disorder (Trastorno límite de la personalidad) y que supuestamente no estaba tomando las terapias para ayudarse.

“Eso no es cierto”, desmitió con molestia.

No tuvo reparos en confesar que sí va a terapia. “ Sufro de PTSD (Síndrome de estrés post traumático). Eso sí es real. Cuando te balacean de chiquita, te pasa un trauma. Es un estado de ‘shock’, pero claro que necesito un ansiolítico. Me han dado ataques de pánico”, contó, cansada de tener que corregir lo que otros dicen de ella.

Aprovechó el momento para aclarar que vive en los Estados Unidos legalmente desde que tiene 12 años, desmintiendo a quienes dicen que no puede trabajar porque tiene problemas con su status migratorio. En esta nación cuenta con dos negocios incorporados, Frida G. Corp y Frida Fitness.

Lo que no puede hacer es viajar a otros países porque está esperando recibir su permiso de residencia. Los detalles de cómo va el proceso se los reservó. A quien único tiene que rendirle cuentas, dijo, es a un oficial de Inmigración.

Otro punto que expuso es que no necesita dinero de su madre para sobrevivir. “ Desde los 23 me mantengo sola”, pues sabe cómo manejar sus recursos. La clave, enfatizó, es “manejar, administrar tu dinero y usar la cabeza con tus ganancias […] Me podrán decir desmadrosa, grosera, sí, pero pendeja jamás. Que les quede muy claro eso”.

Más allá de los dimes y diretes, no dejó duda alguna de que extraña a su madre. “La quiero, la adoro, la admiro”.

En lo que se resuelve esta crisis, se atrevió a dar el paso para hacer realidad su sueño de niña. Sacó fuerzas y sin la bendición de su mamá debutó oficialmente como cantante.

Frida Sofía detrás de cámaras: así se preparó para su sesión de fotos

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El renacer

Hace casi tres años que Frida Sofía tenía lista la canción ‘Ándale’, que el pasado 7 de julio finalmente vio la luz. ¿Por qué no la había lanzado antes? “No creía en mi misma. Me sentía culpable, sentía que estaba yo robándole algo a la persona que más amaba”, admitió.

De igual forma dio a entender que Alejandra Guzmán no la apoyó del todo. “Yo pensaba que me estaba protegiendo, pero muchas de sus acciones no tenían sentido. Muchas de sus acciones no iban con lo que me decía […] Las acciones no conectaban con las palabras para nada”.

“Frida es mejor que yo”, expresó Alejandra Guzmán en entrevista con Mara Patricia Castañeda. Pero la ‘Reina del Rock’ no movió un dedo para que su hija debutara como artista.

Con su madre momentáneamente fuera de la escena, reapareció su papá, Pablo Moctezuma, y su esposa, Beatriz Pasquel, quienes junto a sus hijas Natasha y Beatriz Cayetana, a quien le llaman ‘Bibi’, la llenaron de amor y nuevas energías.

“La chiquita (Bibi) es un clon. Es muy hiperactiva, es como yo. Le encanta cantar y es muy talentosa. Natasha, ni se diga, es un cerebrito con patas; habla 16 idiomas y tiene 22 años. Nos divertimos mucho, bromeamos mucho entre las tres. Nos caemos muy bien y aparte somos idénticas, que es lo más chistoso”.

A la intérprete de ‘Ándale’ tampoco le faltó el apoyo de su otro hermano, Emiliano Moctezuma.

El 13 de julio, cuando debutó oficialmente durante la gala de entrega del Premio Balón de Oro, Liga MX, transmitida por Univision, estaba nerviosa y no lo niega. No cantó en vivo, pero fue una decisión que estuvo fuera de su control.

A las 10:34 de la noche y junto a seis bailarinas subió al escenario dispuesta a demostrar de qué está hecha. Lo logró, a pesar de que al último minuto se puso unos zapatos que la hicieron resbalar unas cuantas veces, lo que el público no notó.

Al terminar, se convenció de que está en la ruta correcta: “Me sentí raramente en casa”.


‘Nada es para tanto’

Ya demostró que canta y baila, pero además, toca el piano, la guitarra “y hasta la puerta”, contó con un humor muy parecido al de su madre. A la pregunta de qué es lo próximo en su carrera, replicó: “No voy a decir nada. I’ll show you”.

Un poco más seria, añadió: “Lo único que pueden esperar de mí, es lo que me dan, tres veces. Así soy”.

Se ha rumorado que participará en un ‘reality show’, pero al momento de esta entrevista, no había firmado ningún contrato ni se había amarrado con nadie.

A diario se mantiene creando y preparándose para todo lo que espera, ya que dio el paso del que no hay vuelta atrás. Entendió que es importante get up and move, por lo que redujo el tiempo que al despertar le dedica al Instagram. Tras tender su cama, se toma un smoothie, va al gimnasio y luego regresa a su departamento en Miami para almorzar algo y pasear a su perro.

Tan pronto puede, revisa su horóscopo: “Soy 100 por ciento piscis y también y 100 por ciento chango (Mono) en el horóscopo chino”. En su tiempo libre, relató que le gusta leer sobre temas legales, de mercadeo y también románticos. En las tardes, generalmente toma clases de baile y luego va al estudio.

De hecho, ya cocina el lanzamiento de su nuevo tema, ‘Nada es para tanto’. Es de su autoría y antes de que alguien invente que se lo escribió a su madre, la realidad es que lo parió hace 2 años.

“Estaba pasando por mi divorcio (del empresario Luis Escamilla) y al final te das cuenta de que aunque llores y pases por cualquier cosa negativa, siempre hay una enseñanza y una luz, o sea, nada es para tanto. Y más ahorita, con todo lo que ha pasado, yo creo que es muy importante tener eso en mente”.

Por si acaso, tiene esa frase tatuada en su brazo derecho y su madre también.

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