“¿Qué dijo?” Recomendaciones para cuando tu hijo dice ‘palabrotas’

El tema con las malas palabras es que son como un virus infeccioso de fácil contagio. No se por qué a los chicos les atrae tanto y las capturan apenas las oyen.
18 Oct | 12:37 PM EDT


Estaba jugando con mi hijo de cuatro años cuando de la nada dijo, un poco en voz baja, una mala palabra. -¿Qué dijiste? -Le pregunté. Me miró, sonrió y la repitió ahora más seguro de sí y entre risas. Me quedé helada. ¿Qué se hace cuando un niño dice malas palabras?

Que los niños digan malas palabras es normal. Ellos son como esponjas que repiten lo que escuchan aun sin saber lo que significan y, cómo lo hacen con todo, experimentan; quieren ver cuál es el efecto de sus palabras en el otro. Por eso, para empezar, cuida tu reacción al escucharlo: puede que por su inocencia te dé algo de gracia o puede que te enojes mucho pero lo mejor es no darle ese poder a la mala palabra. No te enfades ni te rías, actúa con naturalidad y explícale que no es lindo lo que dijo y que puede molestar a los demás. De chiquitos las malas palabras no son usadas a modo de insulto sino que son más bien una demostración de que han aprendido algo nuevo. Por eso, si quieres que tu hijo no las diga, piensa dónde fue que las escuchó y enséñale sobre todo con el ejemplo.

¿Dónde las aprendió?

Juro que pensaba que yo no decía malas palabras. No me gustan y me parecen innecesarias ante la riqueza del lenguaje. Sin embargo, cuando mi hijo dijo la suya, lo dijo en un tono y modo que me resultó de lo más familiar: la estaba diciendo como la digo yo. Fue allí que me di cuenta de que en realidad cada tanto se me escapa alguna y es que, seamos sinceros, por mas “malas” que sean, son geniales para descargar algún que otro enojo.

El tema con las malas palabras es que son como un virus infeccioso de fácil contagio. No se por qué a los chicos les atrae tanto y las capturan apenas las oyen. Yo iba manejando en uno de esos días en que parecía que el mundo estaba empecinado en tirarme bombas y tiré mi palabrota cuando hice una mala maniobra al volante. Mi hijo estaba atrás y no bastó más para que la aprendiera y la repitiera por un tiempito. Ya no la dice más: le expliqué que yo tampoco debería decirla y buscamos juntos palabras alternativas para expresarnos cuando algo no sale como queremos. Yo también estoy trabajando en no usarla (¡al menos no frente a él!)

Después el problemita reapareció con otra palabra: ‘Boludo/a’. El término en Argentina, mi país, es un tanto ambiguo porque si bien a veces se utiliza para referirse a alguien tonto, también se usa entre amigos denotando complicidad. Es común que en casa entre nuestros allegados nos llamemos así pero no es palabra adecuada para un niño de cuatro años. De vuelta, ¿qué hacer? ¿Cómo explicarle que él no podía decirla cuando sí la decían los grandes?

Su hermanita venía llorando diciendo “Yo no soy boluda” y su reacción sirvió para que él entendiera que las palabras pueden herir y molestar al otro y que los grandes a veces hablamos de maneras distintas en distintos contextos. Por lo general no usamos el mismo lenguaje en casa que en el trabajo o en una cancha de futbol.

Por suerte a esa palabra tampoco la dice más pero estoy segura de que llegarán nuevas. De más grande seguro dirá las mismas cosas que sus amigos y repetirlas lo hará sentirse parte de un grupo. Vendrá de vuelta la explicación (que sus palabras pueden molestar a los demás y que afectan en cómo lo perciben) pero creo que lo mejor será no prohibirlas del todo sino más bien establecer límites contextuales. En casa y en la escuela es una cosa y -quizás- entre sus amigos sea otra siempre que no se usen para agredir o insultar.

Como siempre en la educación de los hijos, lo más importante es el ejemplo y una explicación franca y sin enojos adecuada a la edad de cada niño. Sin prohibirlas ni festejarlas (y con un buen ejemplo) la situación será superada con éxito.

¿Cuál es tu experiencia con las malas palabras? ¿Cómo reaccionas frente a ellas?