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Virus del Zika

Puerto Rico le declara la guerra al zika con condones

Las mujeres encinta en la isla ahora no solo deben cuidarse del mosquito, sino también del sexo sin protección.
17 Ago 2016 – 5:32 PM EDT

A sus 20 semanas de embarazo, la puertorriqueña Dagmary Fernández está haciendo todo lo que puede para evitar infectarse con zika. Sabe que el principal transmisor del virus es el mosquito y por eso elimina los pozos de agua que se acumulan en el patio de su casa de Canóvanas, un área rural ubicada al norte de San Juan. “Me asusta pensar que la picada de un mosquito le puede causar microcefalia a mi bebé”, dice.

Pero de nada servirá que ella evite contagiarse, si su marido no toma precauciones. El sexo sin protección es la segunda forma de transmisión del zika, después de la picadura del Aedes, un detalle que no se conocía durante los inicios del brote en el continente americano. El primer caso de contagio sexual en Estados Unidos continental se confirmó el pasado mes de febrero, pero en las zonas de transmisión activa del virus —como Puerto Rico— es imposible determinar cuántos contagios han ocurrido por relaciones sexuales. Aún así, los médicos y trabajadores sanitarios consideran que es imperativo que la población en riesgo se informe y se proteja.


“Tenemos que aprender a abrir un condón con los ojos cerrados”, dice la ginecóloga y obstetra Carmen Zorrilla una docena de embarazadas durante el curso prenatal que ofrece en el Hospital Universitario de San Juan, al que Dagmary y su esposo asisten una vez a la semana para recibir información sobre la prevención del virus. “Todas las presentes ya pasaron su semana las 14 semanas de embarazo y muchas piensan: ‘Ok, ya no estoy en riesgo’. Pero eso no es completamente cierto”.

Con el virus del Zika aún hay muchas preguntas sin respuesta. Por ejemplo, en un principio los médicos creían que el primer trimestre del embarazo era el más peligroso, pero aún no hay evidencia que pruebe si existe algún momento donde infectarse de zika durante el embarazo sea seguro. Mientras, la epidemia del virus en la isla continúa en aumento. A principios de agosto las autoridades puertorriqueñas declararon la emergencia sanitaria debido al continuo aumento de casos: desde que se registró el primer caso de transmisión local en diciembre de 2015, ya se cuentan 10,698 infectados, de los cuales 1,034 son mujeres embarazadas.


Aunque los puertorriqueños están familiarizados con las medidas necesarias para la prevención de enfermedades como el dengue y el chikungunya, el zika está probando ser un virus mucho más complejo. "La gente no cree que la infección puede transmitirse a través del sexo, porque el dengue solo es transmitido por el mosquito", explica Judith Torres, quien trabaja realizando campañas educativas con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Si bien la mayoría de las transmisiones sexuales han ocurrido de hombre a mujer, el pasado julio se registró el primer caso de contagio de mujer a hombre en Nueva York. Aún los científicos no han podido determinar con exactitud cuánto tiempo permanece el virus en el semen — se cree que al menos 62 días— y en los fluidos vaginales, por eso la recomendación a las embarazadas es usar condón.

Mucha desconfianza

Los funcionarios sanitarios que trabajan para impedir la propagación sexual del zika enfrentan una serie de retos. La única manera de asegurar que el virus no se transmitirá por esa vía es abstenerse de tener relaciones sexuales, pero saben que se trata de una medida poco realista. Otra forma es usando condones y otros métodos anticonceptivos de barrera, como el diafragma. Ni la píldora ni los dispositivos intrauterinos pueden prevenir el contagio.

Muchos puertorriqueños ven los métodos anticonceptivos con cierta aprehensión. En la década de 1950, mujeres locales formaron parte de un ensayo a gran escala de la píldora anticonceptiva. Casi todas provenían de zonas pobres y solo se les dijo que tomarían una droga para prevenir los embarazos, pero no que se trataba de pruebas experimentales, ni que podía ocasionarles efectos secundarios incómodos e incluso peligrosos.

A eso se le suman las esterilizaciones forzadas que se llevaron a cabo en la isla en los años 50 y 60. Algunas estimaciones indican que al menos un tercio de las puertorriqueñas fueron esterilizadas en esos años. Vanessa Ayala, una trabajadora social en ProFamilias —una clínica de planificación familiar en San Juan— cree que la historia del país y la desconfianza que siente la gente ante la situación actual, representa un desafío. " Tenemos una historia de abuso. Y esa podría ser la razón por la que la gente le tiene miedo a la protección" que les ofrecen las autoridades. Otros métodos para el control de mosquitos, como la fumigación con el químico Naled, también ha generado temor y desconfianza en la isla.


Además, al igual que en gran parte de América Latina, la educación sexual que se ofrece en Puerto Rico sigue estando rodeada de tabú. "Tenemos grupos conservadores que no creen en que se hable de sexo, ni tampoco en la distribución de condones porque lo asocian con la promiscuidad", explica Torres.

El doctor Héctor Villanueva es director médico de la clínica de salud ProMed en el Barrio Obrero de San Juan —especialmente golpeado por el zika— y resalta el hecho de que la mayoría de los embarazos en Puerto Rico no son planeados (al menos el 65% para 2008), por lo que la educación sobre anticonceptivos durante la epidemia de zika es especialmente importante. “A las mujeres en edad reproductiva también les ofrecemos la oportunidad de decidir si quieren posponer su embarazo”, explica.

En el Barrio Obrero, la clínica ProMed está trabajando para crear campañas de prevención con foco en las comunidades y énfasis en las opciones de planificación familiar. Además de la educación sexual, los doctores y las clínicas están colaborando con la Fundación CDC, una organización sin fines de lucro que trabaja para conectar a los CDC con otras fuentes de financiamiento, para proveer distintos anticonceptivos de manera gratuita, a través de la red Z-CAN: Zika Contraceptive Access Network.

Aprovechar el zika para mejorar la salud reproductiva

“Necesitamos ser capaces de proveer los mejores cuidados y la mejor atención para vencer esta epidemia”, explica Zorrilla, quien opina que Puerto Rico necesita el apoyo comunitario y político, además de una infraestructura mejorada para combatir el zika de manera efectiva.

Pero sabe que será un deseo difícil de cumplir. La isla se encuentra en medio de una crisis económica que ha recortado los fondos que recibe el sistema de salud y que ha hecho que los médicos se planteen ejercer sus profesiones fuera de la isla.

A pesar de los retos, Zorrilla asegura que la epidemia de zika tiene el potencial de ayudar a la isla a mejorar sus servicios de salud reproductiva de la mujer, al igual que los cuidados prenatales y el acceso a anticonceptivos de larga duración.


“Hago hincapié en la planificación familiar. Este no es un asunto de las mujeres. Este es un asunto que le pertenece a todo el mundo”, recalca.

Durante los últimos meses, los CDC y el Departamento de Salud de Puerto Rico han intentado hacer campañas educativas en las calles y eventos de la ciudad. Hace poco cinco funcionarios sanitarios esperaban a las puertas del Coliseo de San Juan antes de que iniciara el concierto de Maroon 5. Mientras los asistentes sacaban sus tickets y se tomaban selfies, Judith Torres les daba un mensaje.

“¡Condones! ¡Prevención para el zika! ¡Por favor, tómenlos!”.

Luego se acercó a una pareja para ofrecerles información sobre sexo. Mientras escuchaban, apenados y entre risas, Torres les explicó cómo el zika puede contagiarse a través del contacto sexual. Luego se marchan, condones en mano, mientras la educadora aguarda deseando que los usen.

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