Violencia Sexual

Karla Jacinto, víctima de trata de personas, cuenta cómo logró seguir su vida tras haber sido violada más de 43,200 veces

Su victimario la enamoró y luego la obligó a estar hasta con 30 hombres distintos cada día, los siete días de la semana, durante cuatro años. Ella es hoy en día una férrea activista contra esta nueva forma de esclavitud.
20 Jun 2016 – 6:02 PM EDT


Hacer el cálculo resulta desgarrador: después de haber sido abusada sexualmente más de 43,200 veces a lo largo de cuatro años, Karla Jacinto reconoce que “volver a la vida normal fue muy complicado. Tuve que pasar por muchas cosas para poder comprender que haber estado ahí no fue mi culpa”.

Aprovechando la vulnerabilidad de una niña de 12 años que era víctima de abusos sexuales por parte de un familiar y que sufría la incomprensión de su madre, un proxeneta 10 años más grande que ella supo acercarse a Karla, impresionarla, enamorarla y llevarla consigo para después someterla a la brutalidad de esta forma de esclavitud. La obligó a estar hasta con 30 hombres distintos cada día, los siete días de la semana.

“La trata de personas victimiza principalmente a grupos vulnerables, pues prospera y se reproduce en el abuso de las debilidades y deficiencias de aquellos que por su condición de género, edad, ingreso, etnia, etc. ofrecen menos resistencia frente a la explotación de quien los someten (…) En México, la trata representa la tercera fuente de ingresos para la delincuencia organizada, después de la venta de armas”, dice el Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en México, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD en español; UNODC en inglés).

El infierno de Karla Jacinto tuvo lugar alrededor de los años 2004 a 2008; entre 2009 y 2011 hubo 629 averiguaciones previas ante las autoridades de México por el delito de trata de personas, detalla ONUDD; la misma oficina precisa que este es un país “de origen, tránsito y destino de la trata de personas en cuestiones de explotación sexual y trabajo forzado”.

Sin embargo, a la fecha “México es el país que tiene más sentencias y por mucho. Después de Estados Unidos somos el país que está dando más resultados en el tema de persecución del delito”, precisa en entrevista con Univision Noticias Rosi Orozco, exdiputada federal y presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata de Personas.

Orozco añade que por medio del Protocolo de Palermo “se nos pide la persecución del delito, y todavía nos falta muchísimo porque esas 600 sentencias se han dado pese a que hay entidades que parecen no querer hacer nada. El protocolo nos pide también protección de las víctimas y eso lo podemos ver a través de refugios. El último eje es la prevención, que se mide por medio de las campañas y las acciones del gobierno”.

Dicho protocolo entró en vigor en México el 25 de diciembre de 2003, y contempló la puesta en marcha de la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas (LPSTP).

La familia, la sociedad

Pero más allá de las acciones en materia legal, la activista señala que la sociedad también juega un papel decisivo en el combate de este delito.

“Como sociedad –señala-- tenemos que quitarnos la indiferencia y pensar que la trata no existiría si no existiera gente que se ciega ante el delito, o peor, que participa comprando a seres humanos. La trata no existe si no existe el cliente, y la trata crece y la gente sufre y quienes tienen cierto poder, sobre todo adquisitivo, son quienes compran a personas vulnerables por pobreza”.

Karla Jacinto asegura que si alguien le hubiera hablado antes de lo que era la trata de personas y cómo operan quienes se dedican a ella, seguramente no habría pasado por su calvario. “Pero quienes conozcan mi testimonio deben saber pueden prevenirse y no pasar por lo mismo. Creo que la educación comienza en casa, los padres deben tener más comunicación con sus hijos”.

Ahora de 24 años y con una hija concebida con apenas 15, Karla reconoce que tomó “malas decisiones” después de que su madre la corriera de su casa, como haber creído en el hombre que le prometió darle amor y regalos: una vida mucho mejor de lo que había tenido.

Apenas tres meses duró la promesa. Pasado ese tiempo el que fuera su novio la explotó sexualmente y obtenía 100 pesos (equivalentes a 5.5 dólares al tipo de cambio actual) de cada uno de los hombres a los que la entregó. También la golpeaba y ejercía contra ella maltrato psicológico.

Él sigue libre. No sé qué haría si lo volviera a ver, creo que me daría un paro cardiaco (ríe). Pero creo que cada persona tiene un mundo y muchas de las personas que hemos conocido como tratantes tienen una historia detrás”, dice.

"Te quieres morir"

Y es que los efectos de esos cuatro años dejaron una huella muy profunda en Karla. “Sales muy lastimada, te quieres morir, te sientes basura”, recuerda.

La recuperación de una víctima de trata de personas “depende del tiempo que han pasado bajo esas condiciones y de sus propios recursos. La mayoría de las niñas no se asumen como víctimas por el miedo de que se cumplan las amenazas que les hicieron sus abusadores, por creerse enamoradas de ellos o porque no son capaces de analizar la situación con profundidad”, dice a Univision Noticias Patricia Caso, psicóloga y presidenta de la Fundación Camino a Casa, donde llegó Karla Jacinto tras escapar de su infierno.

Caso, también parte del Consejo Consultivo del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), destaca que a grandes rasgos “son niñas con depresión, angustia, temor; son muy agresivas. En casos más graves presentan estrés postraumático, disociación, confusión, trastornos de personalidad o incluso rasgos esquizoides”.

Rosi Orozco recuerda que “Karlita llegó con una actitud muy agresiva, al principio ni siquiera quería atender a su bebé, tuvo que aprender a ser mamá. El dolor que tenía en el alma era demasiado profundo”. “Karlita –añade Patricia Caso-- particularmente cumplía con otra de las características: se infringía cortadas”.

Una terapia psicológica fue absolutamente necesaria en la recuperación de la víctima. Sin embargo, la introspección fue fundamental. “Nadie podía decirme que me entendía porque nadie había pasado por lo mismo que yo”. Fue trabajar en el jardín del refugio, la música instrumental y preguntarse si quería “quedarme en un hoyo sufriendo toda la vida o salir adelante por mí y por mi hija” el detonante de su cambio de vida.

Nueva vida

Hoy en día, Karla es activista. Ha podido contar su testimonio al papa Francisco y a “millones de niñas, niños y jóvenes”, según sus propias palabras. “Hemos sobrevivido a golpes, maltrato físico y verbal. Y si una persona escucha todo lo que he vivido y reflexiona puede evitar pasar por lo mismo y salir adelante. Vamos a erradicar la trata de personas”, dice en entrevista con Univision Noticias.

Los tratantes, por su parte, son hombres afectados por sus entornos familiares desde tempranas edades: violencia, machismo o la idea de que se es triunfador si se tiene dinero, sin importar de dónde se obtenga. “Aprenden desde muy chicos a cosificar a la mujer, los enseñan a simular que las cobijan para engancharlas y se sienten muy bien haciendo eso. Y están haciendo cosas tan perversas que una cosa los lleva a otra”, añade Caso.

Karla Jacinto termina la entrevista con un mensaje para quienes sepan lo que ella vivió: “Les diría que no confíen en todas las personas que dicen tener buenas intenciones. Si pudiera hablar con la Karla que tenía 12 años yo me diría que siempre habrá una oportunidad de vivir”.

Este nuevo capítulo en su vida se corona con su más reciente reconocimiento por parte de la revista Forbes, que pondrá a Karla Jacinto junto a otras cuatro mujeres poderosas que lograron una nueva vida tras ser víctimas de esta amarga forma de esclavitud.

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