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Universidades

La hispana con vocación de servicio que 17 universidades quieren

Margarita Cruz Sánchez dice que tomó la decisión más difícil al elegir la institución donde comenzará su vida universitaria. Ahora tiene la mira en sus aspiraciones de usar la medicina para hacer trabajo humanitario.
24 May 2016 – 7:24 PM EDT

En estos días la ilusión tiene a Margarita Cruz Sánchez con sonrisas difíciles de contener. A sus 18 años, esta hija de puertorriqueños puede afirmar que 17 universidades la aceptaron, entre ellas cinco escuelas Ivy League: Columbia, Penn, Dartmouth, Cornell y Brown.

“No me esperaba esto. Es una bendición enorme tener la oportunidad de escoger entre tantas universidades”, explica la joven recién graduada de West Shore Junior/Senior High School en Melbourne, Florida. Lo dice en inglés, porque como muchos jóvenes hispanos criados en Estados Unidos, se siente más cómoda en ese idioma aunque usa el español para comunicarse con su familia.

Margarita quiere desarrollarse dentro del mundo de la medicina y dice que no le pesó solicitar a varias universidades porque nunca se debe tomar nada por sentado. “Uno nunca sabe si será admitido”, reflexiona quien tiene un resumé sólido que incluye desde ser estudiante de honor hasta diversas experiencias de voluntariado.

Fue una decisión compleja que se mezcló con la sensación de triunfo pero Margarita finalmente eligió a Brown donde además logró admisión al programa de Liberal Medical Education que combina a través de ocho años educación de pregrado con la escuela de Medicina.

“Siento que elegir entre esas universidades fue la decisión más difícil que he debido tomar. Pero elegí Brown porque me enamoré de su comunidad y porque creo que me ayudará a prepararme tanto en la investigación científica como en el servicio público”, sostiene.

El interés de Margarita en las ciencias viene desde temprano porque, a su juicio, esa rama le permite entender el mundo. “Y con ese conocimiento puedo ayudar a otros”, reflexiona.

Así lo ha hecho a través de los años, y por eso en Melbourne ha sido voluntaria en el Holmes Regional Medical Center como asistente de pacientes y en el programa de conservación de vida silvestre en Brevard Zoo aparte de haber hecho trabajo humanitario y religioso con el Ministerio La Ceiba en Honduras.

Por esa experiencia en Honduras, relata, ayudó a construir casas para familias con grandes necesidades de vivienda, enseñó inglés y matemáticas en dos escuelas aparte de hacer servicio religioso con varias familias.

En el hospital, de otra parte, ha podido poner en práctica el mundo de la medicina y de investigación científica con el servicio al prójimo que tanto la mueve.

“Trabajar en el hospital me ha enseñado mucho de empatía, de poner la mejor cara posible ante los pacientes porque uno no sabe sus historias”, reflexiona.

Su padre, el ingeniero Randolph Cruz, no puede disimular el orgullo que le producen los logros de Margarita.

“Cuando empezó a aplicar a las universidades ella tenía mucho interés en la medicina y por los últimos siete años ha estado envuelta en ferias científicas. Ella encontró que la investigación científica era una combinación natural con su pasión por ayudar a las personas”, reflexiona.

El interés de Margarita en las ciencias se debe en gran medida a una familia que le estimuló ese mundo.

“Les he querido compartir la semillita del amor a las ciencias y las matemáticas, que vean lo necesarias que son. No importa la profesión que escojas son una buena base que los ayudará a abrirse puertas”, menciona quien ha querido que sus hijos vean que la educación les puede rendir frutos a ellos y a sus hijos en el futuro.

Pero hablar de Margarita también supone entender el entusiasmo por ayudar a otros que proviene en gran medida de su abuela. “Ella es mi inspiración. Fue ella a través de su servicio quien me hizo ver que ayudar no es un lujo sino una responsabilidad que tenemos”.

Margarita dice que su mayor aspiración es trabajar con Médicos sin Fronteras, una organización médico humanitaria que asiste a personas amenazadas por conflictos armados, violencia, desastres naturales y la falta de atención médica.

“Una organización como esta me inspira y va a tono con mi corazón por el servicio público”, expresa.

Margarita no sabe bien cómo será su futuro pero sí está segura que se visualiza haciendo lo necesario por ayudar a los demás siguiendo el ejemplo de su abuela.

En su resumé afirma, por ejemplo, que quisiera trabajar en el desarrollo de tratamientos que prevengan y curen distintas enfermedades y que a largo plazo se imagina como doctora.

“Servir a otros le da equilibrio a mi vida y un sentido de propósito y orgullo”, escribió en su resumé.

¿Qué sensaciones físicas y emocionales te da ayudar a los otros?, le pregunté. “Siento una gran alegría en mi corazón”, sostiene afirmando el tono con el que comenzó esta conversación ante la emoción por los nuevos comienzos que ella desea conectar al servicio.

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