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Salud Mental

¿Y si los psicodélicos pudieran resetear el cerebro contra la depresión o las adicciones? Grandes instituciones estudian su potencial terapéutico

Los hongos 'mágicos' y otros psicodélicos vuelven a ser objeto de investigación como poderosa herramienta contra las adicciones, el estrés postraumático o la depresión. Oregón se convertirá en el primer estado en el que los hongos se podrán incorporar a la vida cotidiana para su uso terapéutico, mientras Reino Unido estudia cómo la terapia con psicodélicos podría “resetear” el cerebro deprimido.
28 Mar 2021 – 10:29 AM EDT
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Acabar con la depresión, estrés postraumático o las adicciones suena a música celestial en cualquier momento, pero mucho más en tiempos de pandemia, cuando los niveles de malestar mental han subido como la espuma y con ellos el consumo de antidepresivos y ansiolíticos (EEUU experimentó un incremento del 20% en recetas por antidepresivos y pastillas contra la ansiedad durante el confinamiento).

¿Y si los psicodélicos fuesen parte de la solución? Un creciente número de estudios, avalados por pesos pesados en la salud institucional como Johns Hopkins, New York University o UCLA muestran que las drogas psicodélicas, acompañadas de terapia, son seguras y efectivas para tratar un amplio rango de enfermedades mentales.

Los experimentos en marcha con la psilocibina (el ingrediente psicodélico de los “hongos mágicos”) junto con la psicoterapia son tan prometedores que incluso si las investigaciones posteriores encuentran que psilocibina es solo la mitad de efectiva que los experimentos iniciales sugieren, “aun así sería un descubrimiento”, escribe Ezra Klein en The New York Times.

Una de las iniciativas más ambiciosas tiene lugar en Oregón, que se convertirá pronto en el primer estado en el que los hongos psicodélicos se puedan incorporar a la vida cotidiana, con un uso terapéutico, en instalaciones autorizadas, bajo la guía de profesionales capacitados. Los usuarios serán personas que se recuperan de traumas, depresión o adicciones.

“Como muchas otras personas, inicialmente era muy escéptica”, dijo Kate Brown, gobernadora de este estado, en un comunicado. “Pero si podemos ayudar a la gente que sufre de estrés postraumático, depresión, trauma y adicciones —incluyendo veteranos, pacientes de cáncer y otros— la terapia supervisada de psilocibina merece mayor consideración”.


"La medicina para ayudar con las adicciones necesita desesperadamente tecnologías transformadoras", dijo a Klein Todd Korthuis, profesor de medicina especializado en adicciones de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón y miembro de la Junta Asesora de Psilocibina de Oregón. Korthuis señala que los estudios hasta ahora son preliminares, pero están "mostrando un cambio dramático en la vida de las personas; eso es lo que necesitamos para el trastorno por consumo de cocaína, el trastorno por consumo de metanfetamina, incluso el alcohol y el tabaco".

Otro ejemplo de la atención que los psicodélicos están suscitando en instituciones venerables llegó con el lanzamiento desde el Hospital General de Massachusetts, afiliado con Harvard, del Center for the Neuroscience of Psychedelics para estudiar el potencial de la psilocibina y otras drogas para tratar problemas como depresión, adicciones y traumas.

"No es que fuéramos a buscar psicodélicos", dijo Jerrold Rosenbaum, director del centro y exjefe de psiquiatría del MGH. Este y otros expertos buscaban formas alternativas de aliviar el sufrimiento de los pacientes a los que no les funcionan los tratamientos tradicionales.

Parte del trabajo inicial que pondrá en marcha el centro estará dirigido a la rumiación, los patrones de pensamiento repetitivos y estancados que subyacen a varias condiciones, desde la adicción hasta el trastorno obsesivo-compulsivo. El futuro de la investigación del centro no tiene límites, ya que el papel de los psicodélicos en la neuroplasticidad y la neuritogénesis (la capacidad de construir nuevas sinapsis) puede ser útil en los cuidados paliativos con pacientes terminales, así como para combatir enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer.

En Reino Unido, mientras tanto, un gran ensayo compara la terapia asistida con psilocibina con un tratamiento de seis semanas usando un antidepresivo tradicional tipo Prozac. Los resultados preliminares son prometedores. También en ese país se ha aprobado el primer ensayo clínico del uso de la droga psicodélica dimetiltriptamina (DMT) para tratar la depresión.

El ensayo inicialmente administrará el fármaco, conocido como la "molécula espiritual" por los poderosos viajes alucinógenos que induce, a personas sanas, pero se espera que sea seguido por un segundo ensayo en pacientes con depresión, en el que se administrará DMT junto con psicoterapia.

Agitar una bola de nieve

Tomar el medicamento antes de la terapia es “similar a sacudir una bola de nieve y dejar que los copos se asienten”, dijo Carol Routledge, directora científica y médica de Small Pharma, la compañía que realiza el ensayo en colaboración con el Imperial College de Londres. “La droga psicodélica rompe todos los procesos de pensamiento de rumiación en tu cerebro, literalmente deshace lo que ha hecho, ya sea por el estrés por el que ha pasado o los pensamientos depresivos actuales, y aumenta enormemente la creación de nuevas conexiones”, dijo Routledge en The Guardian.

La sesión posterior de psicoterapia ayudará a los participantes a dar sentido a esos pensamientos. “Creemos que este podría ser un tratamiento para varios trastornos depresivos además de la depresión mayor, incluido el trastorno de estrés postraumático, la depresión resistente al tratamiento, el trastorno obsesivo compulsivo y posiblemente algunos tipos de abuso de sustancias", dijo la investigadora.

El DMT se encuentra en varias plantas y es uno de los ingredientes activos de la ayahuasca, la bebida que se consume durante los rituales chamánicos en Perú y
otros lugares de la Amazonia.

Por qué funcionan

Los tratamientos con medicamentos convencionales han dominado la psiquiatría durante décadas, pero se trata de fármacos que no han cambiado mucho desde su descubrimiento y tienen numerosos efectos secundarios. Otra opción es la psicoterapia, pero es más cara y más lenta. La terapia psicodélica, por el contrario, implica una pequeña cantidad de sesiones de dosificación con apoyo psicológico, acompañadas de evaluación, preparación e integración.

Los psicodélicos parecen aumentar la “plasticidad” del cerebro, lo que, en términos generales, implica incrementar su capacidad de cambio. Esas mismas "ventanas" pueden abrirse en nuestra mente durante otros estados extremos, como experimentar un trauma, un colapso inducido por el estrés, una experiencia espiritual espontánea o estar al borde de la muerte. La diferencia con la terapia psicodélica, sin embargo, es que la experiencia está cuidadosamente preparada, contenida y mediada. "Si no se hace de esta manera, el uso de psicodélicos puede ser peligroso”, escribe Robin Carhart-Harris, director del Centre for Psychedelic Research en el Imperial College, de Londres.

El impacto de una terapia psicodélica exitosa es a menudo de revelación o epifanía. La gente habla de presenciar “el panorama más amplio”, poner las cosas en perspectiva, acceder a un conocimiento profundo de sí mismos y del mundo, liberar el dolor mental reprimido, sentirse emocional y físicamente recalibrados, clarividentes y ecuánimes. Esto es muy diferente de las descripciones que los pacientes suelen ofrecer sobre los efectos de los ISRS [inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, una clase de compuestos generalmente usados como antidepresivos en el tratamiento de cuadros depresivos, trastornos de ansiedad, y algunos trastornos de personalidad, al que pertenece el Prozac] donde es frecuente la sensación de estar emocionalmente silenciado.

“Además de la impresionante tolerabilidad y los efectos antidepresivos de la terapia asistida con psilocibina, estamos viendo cambios notables (...) Estos incluyen una mayor calidad de vida, 'florecimiento' (sentirse bien en lugar de simplemente "no estar deprimido"), la capacidad de volver a sentir placer y el funcionamiento sexual normal”, escribe Carhart-Harris.

Un poco de historia

El uso terapéutico de psicodélicos no es nada nuevo. Antes de que el presidente Richard Nixon clasificara la psilocibina y el LSD como drogas ilegales en 1971, se usaban ampliamente en tratamientos experimentales. La droga psicoactiva MDMA (conocida por sus nombres callejeros, 'Éxtasis' o 'Molly') fue legal hasta 1985. Pero la asociación de las drogas con la contracultura de la década de 1960 y, más tarde, las raves recreativas de la década de 1980, hicieron que los investigadores y sus patrocinadores se alejaran.

A pesar de ello y de la oscura historia de la involucración gubernamental en el asunto (la CIA realizó experimentos para controlar la mente con miles de personas sin su consentimiento usando LSD), el interés en los psicodélicos como herramienta terapéutica es indudable, e incluso la FDA dio el visto bueno al estudio del MDMA.

Los peligros

Aunque la psilocibina no es adictiva, las experiencias pueden ser terroríficas si no se acompañan de un seguimiento apropiado. En Oregón, el estado más avanzado en este sentido, naide podrá ir a una tienda y comparar hongos mágicos sin más, sino que habrá centros regulados con facilitadores experimentados y con licencia que ayudarán a las personas a integrar la experiencia en sus vidas, algo fundamental. Como señala Carhart-Harris, “los evangelizadores psicodélicos podrían provocar tantos problemas como los oponentes, y por eso un enfoque científico desapasionado es tan importante”.

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