Protestas

Juchitán, emblema de la resistencia del pueblo Zapoteco

Tras las protestas en Oaxaca, queda de manifiesto que en Juchitán y otras ciudades de la zona está más que viva una tradición de resistencia y rebeldía que ha sido impronta del pueblo Zapoteco desde la época prehispánica.
25 Jun 2016 – 9:54 AM EDT

Por Octavio Rivera López

Si el gobierno federal hubiera tenido más presente la historia de México, probablemente habría entendido que enfrentar al movimiento magisterial en Juchitán y en otros pueblos oaxaqueños del Istmo de Tehuantepec, como ocurrió en días pasado, no era tan buena idea.

Porque, según expertos, en Juchitán y otras ciudades y pueblos de la zona está más que viva una tradición de resistencia y rebeldía que ha sido impronta del pueblo Zapoteco desde la época prehispánica.

Un tema histórico

Esa tradición puede ser rastreada hasta algunas décadas antes de la Conquista de la Nueva España. En esa época, de acuerdo con el sociólogo y lingüista zapoteca Vicente Marcial Cerqueda, los Aztecas pretendían extender su control hasta la zona del Soconusco (lo que es hoy el sur de Chiapas), y los Zapotecas decidieron impedirlo.

Combatieron con tantas ganas a los Mexicas, que el rey Azteca Ahuitzol no tuvo otra opción para poner fin a la disputa que entregar en matrimonio a su hija Coyolicatzin al Rey zapoteca Cocijoeza. De esa unión nació Cocijopij, el último rey Zapoteca, y también una alianza granítica entre los dos pueblos.

Más tarde, en marzo de 1660, ya en tiempos de la Colonia, los Zapotecas mostraron su audacia otra vez durante la “Rebelión de Tehuantepec”, provocada por los excesos contra la población que cometía Juan de Avellán, alcalde Mayor de la región, designado por el gobierno español.

Los istmeños que se sublevaron terminaron lapidando a De Avellán y lograron la autonomía respecto del gobierno central, hasta que la rebelión fue brutalmente aniquilada por los ejércitos de la corona apoyados por la iglesia católica.


De hecho, una de las celebraciones más importantes de la comunidad mexicana en Estados Unidos es la del 5 de mayo, la cual recuerda la Batalla Puebla de 1862.

En esa fecha, las tropas mexicanas del General Ignacio Zaragoza, pese a una clara desventaja numérica, derrotaron en ese enfrentamiento a las fuerzas de ocupación francesas. Muchos istmeños dieron su vida en el campo de batalla, casi todos eran juchitecos.

Sólo cuatro años después, el 5 de septiembre de 1866, los Zapotecas volverían a encontrarse las caras con los franceses, a los que volvieron a derrotar durante la Batalla de Juchitán.

Año con año y hasta hoy (en 2016 esa efemérides cumple 150 años), los lugareños recuerdan con una fiesta comunitaria llamada Vela esa fecha en la que las fuerzas juchitecas se vistieron de gloria al vencer a las tropas del imperio galo.

Ya en el México independiente, en 1872, los juchitecos llegaron incluso a ejecutar ni más ni menos que a Félix Díaz Mori, hermano de Don Porfirio Díaz. Los zapotecas de Juchitán vengaron así la afrenta cometida en su contra por Díaz Mori, entonces gobernador de Oaxaca, quien hizo arrastrar y decapitar, frente a ellos, al Santo Patrono de Juchitán: San Vicente Ferrer.

Ya en el siglo pasado, en 1911, uno de los juchitecos más honorables de que se tenga memoria, José F. Gómez, fue electo presidente municipal de su tierra. La designación de F. Gómez, quien había combatido en la Revolución, molestó al entonces gobernador de Oaxaca, Benito Juárez Maza (hijo de Benito Juárez García, Benemérito de las Américas), quien intentó imponer en Juchitán a un incondicional como jefe político.

Un nuevo movimiento de lucha

El historiador Gonzalo Jiménez López, juchiteco y autor entre otros del libro Historia de Juchitán, cuenta que F. Gómez intentó negociar sin éxito con Juárez Maza y al final se vio obligado a recurrir directamente al entonces presidente de la república, Francisco León de la Barra, para evitar el atropello.

El presidente lo ignoró y F. Gómez y un ejército de istmeños atacaron a las fuerzas leales al gobernador. Tendría que ser el propio Francisco I. Madero, para ese momento ya presidente del país, quien interviniera para que cesaran las hostilidades. Madero citó a F. Gómez a la ciudad de México para tratar el asunto en persona.

Pero los hombres de Juárez Maza interceptaron el tren donde viajaba el líder rebelde y a él y a sus escoltas les aplicaron la ley fuga.


En fotos: Oaxaca después de la violencia

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Durante los siguientes años y décadas, los juchitecos no estuvieron quietos. Varias movilizaciones sociales tuvieron lugar en la zona del Istmo, pero es hasta principios de los 70 que en esta tierra se vuelve a gestar un movimiento cuya lucha sería definitoria.

En esos años, inspirada en los impulsos de la izquierda Latinoamericana, surgió en la zona la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (la Cocei), una inédita amalgama de expresiones y luchas sociales aparentemente disímbolas, pero que encontraron causa común en la defensa de la tierra, en la lucha por mejores salarios para los obreros y en la demanda de una apertura política que permitiera interrumpir la añeja hegemonía del Partido Revolucionario Institucional en la región.

De ideología socialista, la Cocei entra a la lucha política y menos de una década después de su fundación, en 1980, gana las elecciones municipales y convierte a Juchitán en el primer municipio del país gobernado por un partido distinto al PRI.

El referente más próximo de la actual tensión en Juchitán y otros pueblos del Istmo es probablemente la movilización de la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO), que en 2006, aglutinada en torno a unas 300 organizaciones sociales tremendamente heterogéneas, enfrentó al gobierno del entonces gobernador Ulises Ruiz y después al gobierno federal.

A Marcial Cerqueda no le resulta descabellado comparar la movilización encabezada hoy por el magisterio disidente (la CNTE) con los levantamientos que a lo largo de la historia han liderado los Zapotecas del Istmo.


Los maestros hoy, dice el sociólogo juchiteco, “defienden modos de vida comunitarios que persisten en el Istmo, defienden la identidad Zapoteca… una identidad que, al privilegiar la unión y la solidaridad, se confronta naturalmente con un sistema político-económico profundamente depredador y destructivo”.

Marcial Cerqueda asegura que el Estado mexicano ha traicionado el espíritu de lucha de la Independencia y la Revolución y apoya hoy a los grandes capitales que han contribuido a la destrucción del tejido social, especialmente en las comunidades indígenas del país.

La lucha de un sindicato

Hay, sin embargo, otra lectura sobre la naturaleza de la movilización actual en los pueblos de Oaxaca que vale la pena tener presente.

Gubidxa Guerrero, un joven etnohistoriador egresado de la UNAM y articulista orgulloso de su origen zapoteco, sostiene que el actual movimiento magisterial en Oaxaca nada tiene que ver con la posición historia de resistencia de su gente, ni con las precarias condiciones económicas y sociales que hoy, como casi siempre, han vivido los pueblos de la región.

El actual movimiento magisterial oaxaqueño, en su opinión, no es más que la lucha de un sindicato que tiene secuestrado al sistema educativo en el estado y no quiere perder sus privilegios.

A diferencia de otros estados del país, en los que el magisterio se nutrió de normalistas y estudiantes de nivel medio-superior, en Oaxaca se echó mano de casi cualquier cosa para formar las estructuras y burocracias magisteriales, dice Guerrero.

En el Istmo, el magisterio se edificó con una base social con estudios precarios, con gente poco preparada que ha ido perpetuando y heredando sus posiciones dentro del sistema educativo sin pasar por procesos formativos o de evaluación. En Oaxaca, asegura Guerrero, hay maestros de secundaria que sólo terminaron la primaria.

Las consecuencias en términos académicos para la comunidad, dice, son han sido desastrosos.

“La miembros de la CNTE, la mayoría de los cuales no son maestros, y en especial su dirigencia, lograron incorporarse al sistema burocrático del magisterio sin tener méritos para ello. La reforma educativa amenaza con regresarlos a su origen de ignorancia y pobreza y es obvio que harán lo necesario para no volver al fango social”.

Sea cual sea la verdadera naturaleza de la actual movilización en Juchitán, en Nochixtlán en Oaxaca y en otros pueblos del Istmo, lo cierto es que los zapotecas de México siguen recordándonos, hoy como siempre, la importancia de la solidaridad, de la vida en comunidad y de la unión.

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