¿Teatro político o supervisión democrática? Para qué sirve el proceso de confirmación del nominado de Trump a la Corte Suprema

La confirmación en el Senado de Brett Kavanaugh promete ser un debate intenso, reflejo de la polarización de la sociedad estadounidense y la creciente politización de la Corte Suprema, cuyo ‘balance ideológico’ está por redefinirse.
3 Sep 2018 – 7:56 PM EDT

WASHINGTON DC .- Es uno de los puntos álgidos de una democracia como la estadounidense: cuando personas designadas para ocupar altos cargos públicos se someten al interrogatorio de congresistas que buscan determinar cuán idóneo es el nominado para el puesto.

El escenario ilustra la gravedad del proceso. En una sala del Congreso, desde un estrado elevado de madera oscura, los senadores auscultan al candidato, quien yace más abajo, como expuesto, protegido tan solo por una mesa, entre los legisladores inquisidores y el público y los medios que a su espalda observan el proceso.

Es lo que vivirá por varias horas el juez Brett Kavanaugh este martes cuando empiece en el Comité de Asuntos Judiciales del Senado su proceso de confirmación para el cargo de magistrado de la Corte Suprema al que lo postuló el presidente Donald Trump, tras la renuncia de Anthony Kennedy, quien dejará su puesto en octubre próximo.

Se trata de la parte públicamente visible de un proceso que empezó desde que Trump presentó su nombre, con sus visitas a los senadores que lo interpelarán y que seguirá por algunas semanas con la evaluación de las credenciales de Kavanaugh, que van desde su historia como juez de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia, asesor legal de la presidencia de George W. Bush, hasta su papel como miembro de la fiscalía especial que investigó al presidente Bill Clinton, incluyendo su affaire con Monica Lewinsky.


Algunos temen que Kavanaugh refuerce el sector conservador de la corte, del que Kennedy actuó como balanza, uniéndose a los liberales para lograr mayorías que permitieron tomar decisiones satisfactorias para el sector progresista de la sociedad estadounidense.


Unanimidad imposible

En 1997, el juez que Kavanaugh busca sustituir, Kennedy, obtuvo 97 votos a favor, ninguno en contra. Desde entonces, de las 9 personas que han sido postuladas a magistrados solo 3 han sacado menos de 60 votos: Neil Gorsuch, nombrado el año pasado por Trump (54 a favor, 45 en contra); Samuel Alito, en 2005 por George W. Bush (58 a 42) y Clarence Thomas, nombrado en 1991 por George Bush padre (52 a 48).

Al igual que pasaba con Gorsuch, pocos dudan que Kavanaugh tenga lo que hace falta para ser un juez de la máxima instancia judicial del país.

Sin embargo, su nominación ha generado un intenso debate en el que se enfrentan quienes lo ven como la escogencia lógica para detener la 'deriva liberal' de la Corte y quienes perciben una peligrosa traba para la sobrevivencia de valores progresistas, como el aborto, los derechos de la comunidad LGBT o inmigración.

Se da por descontado que para Kavanaugh la votación final en el Senado se parezca más a la de Gorsuh o Alito que a la de Kennedy. Su nombramiento ha estado rodeado de polémica desde el primer momento por quienes destacan su filosofía legal conservadora y su cercanía al gobierno republicano de Bush hijo, en el que trabajó como asesor legal.


“Históricamente los votos de confirmación no eran tan contenciosos y no estaban tan divididos por líneas partidistas. Eso empezó a cambiar con la administración de Richard Nixon y se agravó bajo (Ronald) Reagan, particularmente con la nominación de Robert Bork”, explica a Univision Noticias, Martha Ginn, profesora de ciencias políticas de la Universidad de Augusta.

Ginn se refiere a Robert Bork, el nominado del presidente Ronald Reagan quien en 1987 se convirtió en el último de los 11 jueces que ha rechazado el Senado en toda la historia de la Corte. Polémicas opiniones hechas en el pasado sobre derechos civiles y su papel en la llamada ‘masacre de la Noche del sábado’, con la que en 1973 Richard Nixon quiso descabezar la investigación del Watergate, obraron en su contra. 58 votos sellaron su suerte.

El fantasma de Garland

A Gorsuch le tocó sufrir la vendetta demócrata por lo que consideran la “afrenta” que le hicieron los republicanos al presidente Barack Obama cuando ni siquiera consideraron la nominación de Merrick Garland para sustituir al fallecido Antonin Scalia.

El líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, se amparó en la opinión -no respaldada en ninguna ley, ni protocolo-, de que no es conveniente que un presidente saliente designe a un magistrado a la corte que va a ejercer un cargo vitalicio.

Los liberales vieron en el bloqueo la intención republicana de poder nombrar un juez de tendencia conservadora en 2017 y trataron de bloquear la votación de Gorsuch, pero McConnell activó la llamada “opción nuclear”, dejando a la oposición incapacitada de impedir que la mayoría permita que un postulado llegue a la Corte Suprema, independientemente de sus credenciales.


Ahora McConnell tiene más prisa y pese a que los Archivos Nacionales han advertido que no puede poner a disposición del Senado los millones de páginas de documentos sobre la larga carrera de Kavanaugh, puso en marcha el proceso de confirmación.

“Después que murió el juez Scalia, fue aceptable para los republicanos dejar su silla vacante por más de un año, dejando a la corte en la misma disyuntiva que ahora dicen que quieren evitar”, dice Ginn, en referencia a la corte de ocho magistrados que funcionó antes de la llega de Gorsuch en la que cuatro magistrados conservadores y cuatro liberales corrían el riesgo de no lograr mayorías para adoptar decisiones, como ocurrió en junio de 2016 cuando no pudo fallar sobre la legalidad de DACA que era desafiada por algunos estados.

“Al final se trata de política. Ellos querían esperar por el reemplazo de Scalia porque permitirle al presidente Obama designar otro magistrado habría alterado el balance ideológico de la corte. Quieren apurarse y confirmar a Kavanaugh antes de las elecciones de mitad de período porque si pierden puestos en el Senado, se les hará más difícil confirmarlo”.

¿Circo político?

Este martes, con seguridad veremos a varios senadores demócratas tratar de sacar de su quicio al nominado y a algunos republicanos haciéndole de escuderos, batiéndose en su defensa. Es el pugilato ya acostumbrado, en el que a veces el que está bajo observación queda desdibujado en el pulso político de quienes analizan su trayectoria.

En ocasiones, estas nominaciones de alto nivel rodeadas de polémica (y todas las que hará el presidente Trump prometen serlo), parecen un espectáculo hecho para los medios en el que muchos senadores aprovechan para proyectarse como defensores de los intereses de sus votantes.


“No creo que sea un espectáculo, creo que es parte del proceso democrático. Recordemos que hay nominados que tienen que pasar por un proceso de audiencia al final no lo pasan, y no lo pasan porque a lo mejor los han vendido de una manera y son de otra, o porque no tienen las calificaciones. Por eso es importante”, aseguró a Univision Noticia Willie Lora, un analista y asesor político basado en Washington DC.

“Pero el ambiente está tan polarizado que los demócratas se iban a oponer a cualquier candidato que presentara el presidente, sin importar las calificaciones que tuviese. Lo dijeron antes de que se conociera este nominado. Eso no es saludable para la salud de la República”, considera Lora para quien la nominación es “consecuencia de las elecciones presidenciales porque si hubiera ganado la secretaria Clinton habría nombrado jueces liberales”.

La verdad es que el presidente Trump ha presentado una oportunidad única para esa crítica desde la oposición al haber publicado una lista con los nombres de quienes están en su consideración a la hora de llenar alguna vacante en la Corte Suprema. Es una lista con 25 nombres que armó en tiempos de la campaña electoral con la ayuda de la Sociedad Federalista, un grupo que promueve una judicatura más conservadora.

Más allá del debate, la “opción nuclear” parece garantizar que Kavanaugh será confirmado, salvo que en el proceso surja algún imprevisto, se desentierre algo poco conocido, que lleve a los mismos republicanos a reconsiderar la nominación.

Es poco probable, pero ese es el fin del proceso, demostrar que la persona es idónea o hallar algo en su pasado que indique que no lo es.

Los rostros y tendencias de los magistrados de la Corte Suprema de Estados Unidos (fotos)

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