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Susana Malcorra, la candidata argentina a la ONU, dice saber cómo mover al gigante internacional

La canciller argentina se enfrenta este viernes a una reunión crucial para sus aspiraciones a presidir la ONU. Criticada por algunos como la "candidata de la continuidad" a las políticas de Ban Ki-moon, Malcorra asegura que generará impacto en el organismo.
4 Ago 2016 – 02:43 PM EDT
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BUENOS AIRES, Argentina.- Hacía poco más de una hora que la canciller argentina Susana Malcorra estaba defendiendo su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas en un diálogo informal con los Estados miembros, cuando llegó el turno de las preguntas de la sociedad civil. Desde Serbia, una activista de derechos humanos quiso saber si la aspirante al cargo cumbre del organismo se había enfrentado alguna vez a un determinado centro de poder para proteger los derechos de una comunidad vulnerable.

“Podría contarles muchas historias sobre cómo escapé de la policía durante mis años universitarios”, respondió Malcorra, quien se ahorró los detalles pero aseguró que ha aprendido a oponerse al poder tanto como a convivir con él. “Es preciso encontrar el equilibrio entre desafiarlo y entender que puede ser un facilitador para generar impacto”, dijo.

En las dos horas que duró la reunión, celebrada el 7 de junio pasado, ninguna expresión de la canciller resumió mejor la trayectoria que le ha permitido candidatearse para suceder a Ban Ki-moon, de quien fue Jefa de Gabinete entre 2012 y fines de 2015. Y es justamente esa cercanía al centro de poder de Naciones Unidas la que sus críticos enarbolan para llamarla la “candidata de la continuidad” de una gestión que consideran desastrosa, y la que ella destaca para asegurar que conocer la burocracia del gigante diplomático es una virtud a la hora de intentar movilizarlo.

A Susana Malcorra, nacida en la ciudad argentina de Rosario en 1954 y graduada en Ingeniería Electrónica, le gusta describirse como una “obsesiva” enfocada en concretar proyectos y “generar impacto”. “Impacto” es de hecho una de sus palabras favoritas a la hora de explicar su plan para el organismo multilateral, cuyo trabajo quiere ver guiado por temas y problemáticas comunes a la humanidad, y no por compartimentos burocráticos estancos. Esta visión pragmática puede ser una de sus mayores fortalezas, atribuible en parte a sus 25 años en el sector privado de la Argentina, específicamente en las empresas IBM y Telecom, donde se desempeñó, respectivamente, como Ingeniera de Sistemas y CEO.

Malcorra dio un salto a la diplomacia en 2004, cuando asumió el cargo de Directora General de Operaciones del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. Cuatro años después, Ban Ki-moon la nombró Secretaria General Adjunta para encabezar el flamante Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno, cuyo objetivo es velar por que todas las Operaciones de Paz a cargo de la ONU tengan los recursos humanos, financieros, materiales y logísticos necesarios. A partir de 2012, y como Jefa de Gabinete, coordinó algunos de los proyectos de más alto perfil que ha encarado el organismo en los últimos años, como la primera misión para combatir el Ébola en África Occidental, y la misión para eliminar las armas químicas en Siria, tras la masacre de Ghouta en 2013.

Pero junto a las responsabilidades también llegaron los problemas. Malcorra ha sido señalada como proclive a ejercer su poder dentro del organismo para movilizar funcionarios al gusto y favoritismo de Estados Unidos y no de los procedimientos de contratación.

Y, a pesar de haberse enfrentado con la policía en su juventud, no se ha destacado precisamente por oponerse a la pesada voluntad de quienes detentan el poder de veto en el Consejo de Seguridad. Expeditiva, práctica y una oradora con mucho más brillo y carácter que su exjefe Ban Ki-moon, la canciller argentina desestima esas críticas y llama diplomacia y construcción de puentes a lo que otros llaman parcialidad y obsecuencia.

La peor mancha de su carrera diplomática, sin embargo, tiene que ver con la manera en que procedió en marzo de 2015 tras enterarse de que Anders Kompass, exfuncionario sueco de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, había filtrado a las autoridades francesas un documento confidencial con graves denuncias de abuso sexual infantil por parte de las tropas de paz en la República Centroafricana.

Malcorra organizó una reunión con los directores de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna y de la Oficina de Ética de las Naciones Unidas, que resultó en la suspensión de Kompass y la apertura de una investigación para evaluar su proceder. El asunto cobró estado público, y Ban Ki-moon designó entonces un panel independiente que diera respuestas sobre todo el asunto, incluyendo la conducta de Malcorra. El informe resultante, publicado en diciembre del año pasado –cuando la funcionaria ya había sido designada por Mauricio Macri como ministra de Relaciones Exteriores de su país y dejado su puesto en la ONU–, resolvió que había cometido una imprudencia al reunirse con dos cuerpos que deben trabajar de manera independiente.

Haberlo hecho, afirma el informe, podía dar la impresión de que se estaba “conspirando” contra Kompass, si bien la exonera de haber cometido abuso de autoridad y alega que ella solo facilitó ese encuentro, sin decidir sobre el futuro del funcionario. Éste, por su parte, renunció definitivamente al sistema de Naciones Unidas el pasado 7 de junio, el mismo día en que Susana Malcorra hacía su presentación como candidata a la Secretaría General ante los Estados miembros.

Aún faltan varias instancias de decisión para elegir al sucesor de Ban Ki-moon, puesto por el que compiten doce candidatos –cinco de ellos mujeres–, pero de la primera reunión informal del Consejo de Seguridad (llamada en inglés “straw poll”) celebrada el jueves 21 de julio, emergió como favorito el portugués António Guterres, quien se desempeñó como Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados durante diez años. Mediante un comunicado de cancillería y sin mencionar que había quedado en un inesperado octavo lugar, Susana Malcorra le restó dramatismo a los resultados al recalcar que se trató de una “primera expresión informal de opinión” y señaló que, junto con su equipo, está más comprometida que nunca a seguir empujando su candidatura.

El viernes 5 de agosto se realizará la segunda reunión informal en el Consejo de Seguridad, y ya con menos candidatos: la exministra de Relaciones Exteriores de Croacia, Vesna Pusic, dejó sus aspiraciones a la Dirección General de la ONU, afirmando que era obvio que nadie que hubiese trabajado fuera del circuito de la organización tenía chances de presidirla.

Entretanto Susana Malcorra, que acaba de recibir en Argentina a John Kerry, contiene el aliento por los resultados de mañana, apostando fuerte a una candidatura que teme esté tambaleándose.

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