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La deportación masiva de Eisenhower que Trump admira no funcionó, pero sí su reforma migratoria

La 'Operación Espalda Mojada' provocó muertes, corrupción y sacó menos indocumentados de los que decía el Gobierno, en cambio la ordenación del control de la frontera y la emisión de más visados de trabajo fomentaron la calma.
22 Feb 2017 – 1:35 PM EST

Desde Ronald Reagan todos los presidentes, republicanos y demócratas, han intentado algún tipo de reforma migratoria para equilibrar las deportaciones con la regularización de parte de los inmigrantes que trabajan en Estados Unidos sin los documentos para hacerlo.

En cambio, el modelo que suele citar Donald Trump es la campaña de deportación de decenas de miles de mexicanos de Ike Eisenhower en los años 50 que se conoció como 'Operación Espalda Mojada'.

En esa década, los mexicanos en Estados Unidos eran unos cientos de miles. La mayoría había llegado por un programa de mano de obra barata pactado entre Estados Unidos y México en 1942. Los llamados 'braceros' eran asignados a trabajos temporales en la recogida del algodón o el mantenimiento del ferrocarril.


La invasión

Sus condiciones eran peores que las de los estadounidenses y quedaban en manos de sindicatos y empresarios, pero muchos huían de la pobreza extrema y cruzaban el río Grande a nado aunque no tuvieran un contrato.

Los que no tenían papeles se conocían despreciativamente como 'espaldas mojadas' ( wetback), un término que utilizaban habitualmente también congresistas y periódicos. The New York Times hablaba en 1952 de “la invasión de los espaldas mojadas”, apoyaba en editoriales las deportaciones y relacionaba a los inmigrantes con el crimen. A menudo las víctimas del crimen eran los mexicanos, que sufrían abusos de sus empleadores o robos por ser presas fáciles que no denunciaban.

Trump asegura que Eisenhower deportó a un millón y medio de inmigrantes en los años 50, algo que no se sostiene según los datos disponibles.

A Eisenhower, el primer maestro de la comunicación, le gustaba redondear los números. Presumía de haber deportado a un millón de personas aunque los historiadores creen que exageraba y que los deportados fueron muchas menos.

Entre 1953 y 1955, hubo más de 800,000 arrestos, pero sólo una parte de esas personas fueron deportadas y de ellas algunas volvieron inmediatamente a cruzar la frontera. La mayoría de los que se fueron lo hicieron de manera voluntaria. Los agentes contaban a los que veían cruzar la frontera de vuelta a México o contaban varias veces a la misma persona.

Además, las deportaciones, incluso en aquellos tiempos, empezaron pronto a ser polémicas. Para evitar dejar a los inmigrantes justo al lado de la frontera, la Administración utilizó barcos y aviones para dejarlos más lejos. Las condiciones del viaje eran a menudo denigrantes.

El barco del infierno

Uno de los barcos empleados, el Mercurio, fue apodado el 'barco del infierno'. Aunque tenía una capacidad para 70-90 personas, se llenaba con 500, según denunciaba entonces un congresista de Virginia, que lo comparaba con los barcos cárcel del siglo XVIII.

El Departamento de Justicia aseguraba entonces que no se trataba de imponer un castigo adicional con el transporte, pero las condiciones eran tales que había motines y ahogamientos de inmigrantes que se tiraban del barco.

La profesora de la Universidad de Columbia Mae M. Ngai, autora de un libro sobre inmigración, ha documentado muertes en las operaciones de detención y deportación, entre otros las de 88 personas que murieron de calor por horas de exposición al sol en julio de 1955 en la frontera con California.

Había denuncias por el uso de perros asesinos contra los inmigrantes y en México corrían los rumores de que el fiscal general de Estados Unidos ordenaba matar a los inmigrantes para desanimar a otros. La corrupción también era habitual y algunos agentes de frontera estadounidenses participaban en tráfico de personas para los granjeros de la zona.

La indignación por el tratamiento de los inmigrantes empezó a crecer en paralelo a la lucha de por los derechos civiles de los negros y hubo protestas por la arbitrariedad de las detenciones. Por ejemplo, por la deportación de un veterano de la guerra de Corea.

Más visados

Lo que, en cambio, funcionó mejor fue la reorganización de las reglas para emitir más visados de trabajo para empleados mexicanos y sus familias más allá del programa de los braceros de los años 40 que se había quedado obsoleto y que daba lugar a la explotación continua.

“El aumento de las deportaciones no redujo la inmigración no autorizada en los años 50, sino la inmigración legal”, explica el Cato Institute, un think-tank de ideas conservadoras libertarias.

Con las nuevas reglas, en ocasiones, algunos de los detenidos en lugar de ser deportados podían pedir visados de inmediato y regularizar su situación.

En 1956, el número de braceros admitidos en Estados Unidos de manera legal llegó a 300,000, más del doble respecto a dos años antes.


Kelly Lytle Hernandez, profesora de Historia de la Universidad de California y autora de Migra!, un libro sobre la guardia de frontera, cuenta, de hecho, que el éxito de aquellos años no fueron las campañas de deportación (con números a menudo inflados por la Administración), sino el cambio de actitud de la guardia fronterizada después y la ordenación del sistema.

“La guardia de frontera triunfó y superó la crisis de control no a través de la operación wetback sino a través de la negociación, el compromiso y, más importante, la retirada”, escribe.

Parte del trabajo de los agentes para tener el control en la frontera era negociar con los granjeros americanos que desconfiaban de ellos, especialmente en Texas, y que preferían tomarse la justicia por su mano. Los guardias de frontera, de hecho, eran los que denunciaban a menudo a los granjeros que incluso raptaban a mexicanos en la frontera y los sometían a un estado de casi esclavitud.

A partir de 1955, las detenciones bajaron y la patrulla de fronteras cambió su foco de atención a otros lugares: la frontera con Canadá y Florida, por la llegada de los cubanos.

El control de la frontera con México se centró sobre todo en el tráfico de narcóticos y los agentes evitaban las detenciones de familias, mujeres o niños.

En noviembre de 1956, el jefe de las patrullas del suroeste ordenó que la expresión 'espalda mojada' fuera “eliminada del vocabulario” de sus agentes. “El nombre ‘espalda mojada’ crea una imagen en el público y en los tribunales del trabajador mexicano pobre y demacrado”, decía, y en cambio “los capturados hoy consisten mayoritariamente en criminales violentos”.

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