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Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca: lecciones del último presidente neoyorquino para Trump

FDR era un líder mucho más preparado que el presidente electo y heredó un país en ruinas. Su largo mandato es una inspiración.
17 Nov 2016 – 10:35 AM EST

HYDE PARK, Nueva York— Es un momento oportuno para visitar la casa natal de Franklin D. Roosevelt, el último neoyorquino que llegó a la Casa Blanca antes de Donald Trump. El presidente que sacó al país de la Gran Depresión y ayudó a derrotar a Hitler descansa junto a su esposa Eleanor en una colina arbolada sobre el río Hudson, muy cerca de la mansión decimonónica donde nació en 1882.

Aquí se conservan casi intactos su despacho, su silla de ruedas y la biblioteca que ordenó construir unos meses antes de tomar la decisión inédita de buscar en 1940 un tercer mandato presidencial. También los mapas de sus generales y los borradores de algunos de sus discursos más célebres, que ayudaron a ofrecer esperanza a los habitantes del país.

Nueva York ha dado a Estados Unidos siete presidentes y quizá ninguno es tan distinto de Trump como el demócrata FDR, un patricio ilustrado que se graduó en Harvard y en la Universidad de Columbia y que entró en política con apenas 28 años empujado por el ejemplo de su primo Theodore. El primer Roosevelt fue presidente entre 1901 y 1909 y en su ascenso siguió una ruta muy similar a la de Franklin: legislador estatal, secretario de la Armada y gobernador de Nueva York .

Se ha escrito mucho estos días sobre la cólera de los blancos sin estudios del Medio Oeste, sobre sus problemas económicos y sobre el ascenso de la desigualdad. Pero EEUU no deja de crecer desde hace seis años, la tasa de paro está por debajo del 5% y la pobreza cayó en 2015 más que en cualquier otro año desde hace tres décadas. Trump heredará un país mucho más próspero que el que se encontró FDR en 1933.

“Son situaciones muy distintas”, me explica el historiador HW Brands, autor del libro FDR, Traitor to His Class. “En 1933 el paro rondaba el 25%, EEUU había perdido un tercio de su PIB en apenas cuatro años y se había disparado el número de pobres y de personas sin hogar. Hoy la inmensa mayoría de quienes han votado a Trump tienen trabajo y no viven en la pobreza. El presidente electo debe hacer frente a muchos desafíos pero no son tan grandes como los que afrontó FDR”.

Pocos detalles ilustran mejor el abismo que separa 2016 de los años 30 que las cifras de Youngstown, la capital del acero del Ohio más industrial. Su tasa de paro hoy está en el 7,1%. En 2010 llegó a subir hasta el 16%. Las dos cifras están muy por debajo del 60% que alcanzó la tasa de paro en la ciudad durante los peores años de la Gran Depresión.


Un acuerdo nuevo

El triunfo de FDR no fue una sorpresa. El fracaso del republicano Herbert Hoover durante la crisis financiera presagiaba el triunfo del candidato demócrata y el gobernador de Nueva York era uno de los favoritos para ganar la candidatura en la convención de Chicago en 1932.

Entonces ni demócratas ni republicanos escogían al candidato en primarias. El elegido era el fruto de los acuerdos entre los caciques del partido durante los días de la convención. Roosevelt fue proclamado candidato en la cuarta votación de los delegados y rompió con la tradición de la época al presentarse en Chicago para aceptar la nominación.

Fue en ese discurso cuando usó por primera vez la expresión New Deal: el término que definiría el programa de ayudas y estímulos fiscales cuyo impacto ayudó a sacar al país de la Gran Depresión. “Me comprometo con vosotros y conmigo mismo a un nuevo acuerdo para el pueblo americano”, dijo FDR en Chicago. “Seamos quienes estamos aquí reunidos profetas de un nuevo orden de valor y competencia. Esto es más que una campaña política. Es una llamada a las armas”.

Esa retórica bélica fue el preludio de la campaña de 1932. FDR recorrió el país en un tren especial que hizo escala en 41 estados pero ofreció pocos detalles de sus propuestas económicas antes de su toma de posesión. Su triunfo fue apabullante: sacó 17 puntos más que Hoover y empujó a los demócratas a ganar la mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes por primera vez desde 1916.


Miedo al propio miedo

Roosevelt no tomó posesión hasta el 4 de marzo de 1933 y la crisis financiera se deterioró antes de esa fecha. Hasta 4.004 bancos quebraron en enero y febrero de ese año y millones de personas perdieron todos su ahorros. Más de 30 estados declararon cierres temporales de los bancos y impusieron corralitos para evitar el pánico. Hoover llamó a su sucesor a aclarar sus planes pero FDR optó por no aclarar sus planes antes de su discurso inaugural.

A mediados de febrero, el presidente electo sobrevivió a un intento de asesinato mientras pronunciaba un discurso encaramado en el asiento trasero de un descapotable en un parque de Miami. Los disparos del albañil Giuseppe Zangara alcanzaron al alcalde de Chicago, que falleció unas horas después en un hospital.

La reacción tranquila del presidente electo capturó la atención de la nación pero no de su predecesor. Hoover y Roosevelt habían servido juntos en el Gobierno de Woodrow Wilson pero la campaña de 1932 los había distanciado. “Es un político amable, con ganas de ayudar, muy mal informado y con poca visión”, dijo el republicano sobre el hombre llamado a sucederlo. Nunca se volvieron a ver después de la toma de posesión de marzo de 1933.

Aquel día Roosevelt pronunció su frase más célebre, que según diversas teorías su asesor Louis Howe tomó prestada de Henry D. Thoreau, de un líder de la patronal o del anuncio de unos grandes almacenes: “ The only thing we have to fear is fear itself”.

Justo antes de esa llamada a vencer el miedo de la Gran Depresión se pueden leer estas frases tan oportunas en el borrador que se expone en la biblioteca presidencial de FDR: “Ésta desde luego es la hora de decir la verdad, la verdad entera, de forma franca y valiente. No debemos dejar de ser sinceros sobre la condición en que se encuentra nuestro país hoy. Esta gran nación perdurará como ha perdurado, revivirá y prosperará”.

Los Trumps de 1933

El primer desafío de Roosevelt era atajar una crisis económica que en países como Italia o Alemania se había llevado por delante a la democracia liberal. ¿Por qué no surgió un líder como Trump en un caldo de cultivo tan propicio?

“Hubo personas similares a Trump en algún aspecto en aquellos años”, recuerda el historiador Brands. “El senador Huey Long ganó fama con un discurso populista contra los ricos. Si no hubiera muerto asesinado, habría competido con FDR por la candidatura demócrata en 1936. En la radio había voces muy agresivas como la del sacerdote Charles Coughlin, con un discurso antisemita y racista contra la inmigración. Había voces racistas en los años 30 pero ninguna llegó a la presidencia. Los años 30 eran un momento muy difícil y quizá por eso los ciudadanos buscaron a un gobernador experimentado. FDR había sido gobernador durante cuatro años. Los votantes no se la iban a jugar con alguien que no había sido elegido antes para nada. Eso es lo que han hecho ahora los votantes de 2016”.

Se podría decir que Roosevelt fue líder pragmático durante sus años en la Casa Blanca. Abrazó el gasto público durante la crisis y dejó a un lado la ortodoxia fiscal que había abrazado como gobernador. Algunos dirigentes demócratas expresan ahora su deseo de ver un espíritu pragmático similar en Trump.

“El plan para reconstruir nuestras infraestructuras que propone sería un pequeño paso en la buena dirección”, dice Brands. “Trump está hablando de un programa de unos 700.000 millones. Es una cifra menor que la del estímulo de Obama pero al menos es algo. El objetivo sería mejorar los puentes, las carreteras o los aeropuertos. No tanto reducir el paro porque hoy no hay mucha gente a la que poner a trabajar”.

El mundo es un lugar mucho más estable que en 1933. Pese al ascenso de líderes como Nigel Farage o Marine Le Pen, no deberíamos olvidar que hay más países democráticos que nunca. El comunismo se derrumbó en la Unión Soviética y en la mayoría de sus satélites y la pobreza es cada vez menor. Es un contexto fácil de olvidar en un entorno marcado por atentados como los de París o Bruselas, por la avalancha de refugiados en Europa y por los cientos de miles de muertos de la guerra civil siria. Esos y otros problemas podrían empeorar con algunas de las propuestas del presidente electo, que llevan a un país menos intervencionista y más cerrado en sí mismo que el sus predecesores. ¿Hasta qué punto cambiará el orden mundial durante la presidencia de Trump?

“Es difícil saberlo pero vivimos en un país muy distinto del de FDR”, dice Brands. “Entonces EEUU era furiosamente aislacionista. Roosevelt no estaba a favor de un país aislado pero tuvo que convivir con ese sentimiento mayoritario a su alrededor. Trump no habla como el aislacionista Charles Lindbergh en los años 30. No está hablando de devolver todas las tropas de EEUU a casa sino de reconsiderar algunas de nuestras alianzas. Aunque hiciera todo lo que dice que va a hacer, sería mucho menos aislacionista que quienes querían mantener al país al margen de los problemas del mundo en los años 30”.


Twitter junto a la chimenea

Una de las pocas que unen a Roosevelt y Trump es su capacidad para explotar en su beneficio nuevas formas de comunicación. Twitter permitió al candidato republicano abrir un canal en el que comunicarse sin filtros con sus seguidores. Un espíritu similar empujó a FDR a lanzar sus Fireside Chats, 30 charlas radiofónicas que le ayudaron a explicar algunas de sus políticas y a establecer con los votantes una relación personal.

Al igual que Trump, Roosevelt invocaba en sus charlas al “hombre olvidado en la base de la pirámide económica” pero su tono era pedagógico, cálido y cercano. Los historiadores debaten desde hace décadas sus errores al no tomar medidas para paliar el Holocausto o impulsar los derechos civiles. Pero sus discursos nunca incluyeron palabras racistas y no señalaron a falsos culpables como responsables de una situación mucho peor que la actual.

“Si Trump me dijera qué lecciones podría aprender de Roosevelt, le diría que la primera lección que podría aprender es no insultar a grupos amplios del electorado”, dice el historiador HW Brands. “Roosevelt insultó muchas veces a los líderes republicanos pero no a los votantes republicanos, a los que siempre intentó convencer en sus discursos. FDR quiso unir a la nación y convencer a los votantes de que vendrían tiempos mejores. Trump no hizo eso durante la campaña. En su discurso de victoria dio un paso en esa dirección. Si intenta unir al país, seguirá los pasos de Roosevelt. Si no lo hace, fracasará”.

Hoy Trump no podría ser reelegido como Roosevelt en tres ocasiones: la vigésima segunda enmienda, aprobada en 1951, limitó a dos mandatos cualquier carrera presidencial.

En ciertas áreas el presidente electo tendrá muchos más poderes que FDR. El más importante se lo debe a su predecesor neoyorquino: la posibilidad de lanzar un ataque nuclear.

Y sin embargo en otros aspectos el poder de Trump será más limitado que el de FDR. Las circunstancias de los años 30 hicieron que el Congreso fuera mucho más receptivo a los proyectos del presidente. La emergencia económica era tan grande que los congresistas aprobaban sus planes casi sin rechistar.

“El Congreso no va a hacer lo mismo hoy”, dice Brands. “Entre otras cosas porque en el Capitolio hay muchos congresistas críticos con el presidente electo. No le deben nada a Trump y no van a ser tan comprensivos como lo fueron con Roosevelt los congresistas de 1933. No me sorprendería que las mayores resistencias las encontrara Trump en su propio partido. Mientras intente aprobar las políticas que les gustan a Paul Ryan o Mitch McConnell, el Congreso estará encantado de ayudar. Pero por ejemplo me sorprendería que le ayudaran a desmantelar acuerdos comerciales como NAFTA”.


Un mundo menos incierto

Visitar la biblioteca presidencial de Roosevelt ayuda a renovar la fe en el futuro de un país que salió reforzado de la peor crisis de su historia con la ayuda de un líder extraordinario. Pero también siembra dudas sobre el futuro inmediato por el perfil del presidente electo, cuya inexperiencia es aún más flagrante a la luz del legado titánico de su predecesor. La cultura enciclopédica de Roosevelt, su voluntad de tomar decisiones difíciles y su ejemplo al sobreponerse a la parálisis de la polio están en las antípodas de las estafas y las excentricidades de Trump.

La personalidad de FDR y las palabras inspiradoras de sus discursos no son los únicos detalles que inquietan pensando en el presidente electo. Aquí se puede ver una copia de los archivos que el FBI reunió durante décadas sobre Eleanor Roosevelt. Su director John Edgar Hoover siempre sospechó de la campaña de la primera dama a favor de los derechos civiles y ordenó investigarla por posibles vínculos con el comunismo que nunca descubrió.

Hoy como entonces el FBI está en manos del poder ejecutivo y su director ha interpretado un papel durante la campaña. Trump ha expresado su voluntad de nombrar un fiscal especial para investigar a Hillary Clinton y podría usar los poderes del Gobierno federal para perseguir a sus enemigos. La Constitución establece unos límites al poder ejecutivo e instituciones como el Supremo o el Capitolio deben ejercer como contrapeso de cualquier exceso de Trump.

El país de FDR estaba mucho menos polarizado pero sus problemas eran mucho más graves que los de la América que ha elegido a Trump. Se abre un periodo incierto pero el historiador HW Brands no cree que sea el prólogo de un declive inexorable.

“Sabemos menos sobre cómo gobernará Trump de lo que sabíamos sobre otros presidentes antes de que tomaran posesión pero yo no diría que éste es el tiempo más incierto en la historia reciente del país”, dice. “Recuerde el final de la Guerra Fría. Nadie sabía lo que iba a pasar. Lo que ocurre con Trump es incierto. Pero la situación internacional es mucho más estable que a finales de los 80 o al final de la II Guerra Mundial”.


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