El nuevo fiscal general, Jeff Sessions, promete poner fin a la falta de leyes migratorias apenas es juramentado

El exsenador por Alabama toma el relevo de una oficina que durante la presidencia de Barack Obama destacó por su defensa de los derechos civiles. Ahora, bajo la sombra de acusaciones de racismo, llega para hacer cumplir una de las promesas de campaña de Trump, combatir la inmigración ilegal.
9 Feb 2017 – 12:03 PM EST

Al ser juramentado en la Casa Blanca por el presidente Donald Trump, el flamante fiscal general Jeff Sessions prometió combatir la inmigración ilegal en Estados Unidos, una de las principales promesas de campaña del mandatario republicano.

"Necesitamos poner fin a la falta de leyes que amenazan la seguridad pública y hace bajar los salarios de los trabajadores estadounidenses", dijo Sessions, quien fue ratificado por el Senado tras un accidentado proceso de confirmación lleno de polémicas y tensiones entre republicanos y demócratas.

"Necesitamos un sistema legal de inmigración", dijo apenas fue juramentado.

La oposición se opuso en bloque a su designación tras mostrar su récord salpicado de iniciativas racistas y ultraconservadoras, que según los demócratas, no representan el espíritu de las leyes del país.

Es notable que Jeff Sessions le siga en el cargo a Loretta Lynch y a Eric Holder, los dos primeros afroestadounidenses en encabezar el Departamento de Justicia nombrados por el presidente Barack Obama.

Y que lo haya logrado pese a que figuras icónicas del movimiento por la igualdad racial hayan expresado sus dudas sobre la capacidad del senador para ejercer un cargo en el que debe velar por el respeto de los derechos de todos los estadounidenses.

A lo largo del proceso de confirmación resurgieron las viejas acusaciones sobre el supuesto racismo de Sessions desde sus tiempos como fiscal en Alabama, las mismas que torpedearon en 1986 su nominación para juez federal.

Incluso una carta de aquel año que la viuda de Martin Luther King, Loretta Scott King, envió oponiéndose al nombramiento de Sessions fue recuperada por la senadora Elizabeth Warren (había desaparecido del archivo del Senado, aparentemente) y le costó ser silenciada por la directiva de la cámara que consideró que la senadora “impugnaba” a un colega, cosa no permitida por las reglas parlamentarias.

El icono viviente de aquella gesta por los derechos civiles, John Lewis, actual representante por Georgia, testificó semanas atrás en el comité en contra del nominado a fiscal general asegurando que “hay fuerzas que nos quieren llevar hacia atrás”.

La sombra del racismo

Hasta por su lugar de nacimiento, Sessions, de 70 años, está de alguna manera vinculado con la lucha por los derechos civiles.

El senador nació en Selma, Alabama, epicentro del movimiento que encabezó Martin Luther King en los años 60 y vivió en una sociedad segregada. Tiene dos décadas en el Senado y es considerado uno de los ‘halcones’ conservadores en temas sociales.

El proceso de confirmación de Sessions fue en buena medida un repaso de las críticas que ya se le hicieron en 1986: los señalamientos de que su racismo le llevó a usar la oficina de fiscal del Distrito Sur de Alabama como arma para impedir el ejercicio de sus derechos políticos a la comunidad negra.

Resurgieron narraciones sobre comentarios racialmente impropios contra abogados negros que alguna vez se le escucharon en Alabama y sobre organizaciones como el Ku Klux Klan (de la que dijo que “estaba bien", hasta que descubrió que fumaban marihuana) o la Unión de Libertades Civiles Estadounidense ACLU (la calificó de “antiestadounidense” y que “le metía por los ojos a la gente los derechos civiles”).


De la Ley de Derecho al Voto, una de las piezas legales cruciales para el avance de la igual en el sur de EEUU en los años sesenta, se recordó como Sessions dijo que era una “legislación intrusa”.

Sessions no negó haber dicho esas cosas, aunque en algunos casos aseguró que pudieron haber sido dichas de manera casual, como broma. Pero son bromas que pocos encuentran graciosas aún pasados tantos años.

“No siento que haya hecho nada para dañar el avance de la reconciliación racial y los derechos civiles, pero tampoco era un héroe en eso tampoco”, dijo Sessions el año pasado durante un entrevista con la publicación especializada Politico.

El antiinmigración

Sessions fue el primer senador de ese partido (por mucho tiempo el único) que apoyó la candidatura de Donald Trump, a quien consideró una opción que conectaba con la clase media empobrecida de EEUU.

Gracias a su asociación con Trump, Sessions pasó de ser una figura conocida pero marginal dentro del aparato del partido (debido a sus posiciones extremas), a estar en el centro del poder.

Muchas de las ideas que promueven ahora Trump y los suyos, fueron defendidas por Sessions desde sus tiempos en el Congreso, donde se ha opuesto sistemáticamente a cualquier reforma o cualquier legislación que sospeche que pueda conducir a una amnistía a indocumentados

Antes de que en el 2006 el presidente George W. Bush lograra la aprobación de la Ley de Valla Segura, con la que se construyeron unas 700 millas de cercas en el límite entre EEUU y México, Sessions presionaba por un vallado total de los 2,000 millas de frontera.

El exasesor del senador republicano, Stephen Miller, hoy trabaja en la Casa Blanca de Trump y es uno de los principales artífices de la política migratoria del nuevo gobierno republicano.

En litigio

La Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP) tiene en baja estima a Sessions por la manera como manejó en Alabama casos de “fraude electoral” que para muchos activistas eran estrategias de supresión del voto.

La NAACP pidió que se retirara la nominación del senador porque consideran que no tiene lo necesario para ejercer un cargo en el que debe defender el respeto de los derechos ciudadanos.

Incluso la ACLU, que por su carácter no partidista suele no involucrarse ni a favor ni en contra de quienes son postulados para ocupar cargos en el gabinete, en esta ocasión envió a su director legal nacional David Cole para que expresara en un comunicado cómo la organización tiene “serias dudas sobre su hostilidad hacia los derechos y las libertades civiles”.

Eso, viniendo de una organización que al ganar Trump la presidencia le dio la bienvenida colocando en su sitio web un cabezal diciéndole al nuevo inquilino de la Casa Blanca “Nos vemos en la Corte”, presagia duros choques con el poder ejecutivo en el sistema judicial, como está pasando con el veto de viajes de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. Y la pelea será muchas veces con Sessions al otro lado de los argumentos.

El activismo que mostró el Departamento de Justicia bajo el liderazgo de Lynch y Holder en defensa de minorías y otros grupos marginados es casi seguro que se vea muy reducido con el nuevo fiscal general de Trump.

Y así como algunos afirman que el triunfo de Trump es una reacción a la presidencia de Barack Obama, otros podrían decir que la llegada de Sessions es un reacomodo a esos ocho años en los que dos negros manejaron consecutivamente y por primera vez en la historia la fiscalía estadounidense.

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