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“¿De verdad?”: una acogida fría para Trump en un país dividido y una ciudad muy demócrata

El presidente es recibido con una multitud más pequeña que las de Obama en una ceremonia modesta. En contraste con las protestas, sus partidarios y detractores conviven tranquilos en el 'mall' frente al Capitolio.
20 Ene 2017 – 3:06 PM EST

Washington.- En mitad del mall frente al Capitolio, Dave Bojanowski sujeta una de las pancartas más fotografiadas esta mañana. Él ha venido desde Perry, un pueblo en el oeste del estado de Nueva York donde se dedica a la conservación de tierras. Él no grita y está dando vueltas por la explanada, solo y rodeado de miles de seguidores de Donald Trump. Una empleada del Museo Smithsonian le ha pedido la señal para guardarla después de la toma de posesión para documentar este día. “Me dijo que era representativa”, cuenta él.

La pancarta que muestra por delante y por detrás a modo de hombre-anuncio es blanca y lleva una sola palabra escrita con rotulador azul: “ Really?” (“¿de verdad?”).

La idea del mensaje fue de su hija, Julie, graduada en Inglés. “Nos sentamos la semana pasada e intentamos encontrar la manera más simple de expresar el desconcierto que sentimos por haber elegido a Donald Trump como presidente sin ser agresivo o despectivo... No creo que Donald Trump sea una persona viable para ser presidente de Estados Unidos”, explica.


Los seguidores de Trump le ofrecen frases como “sí, de verdad o “sí, está pasando”. Los anti-Trump le animan a “mantener la fe”. “Como es una pregunta, todo el mundo quiere dar una respuesta”, dice. Le han hecho cientos de fotos.

Él se define como independiente y dice que ha votado a candidatos demócratas y republicanos. En noviembre, votó por Hillary Clinton, que considera hubiera sido “una presidenta aceptable”.

Para Bojanowski ésta es la primera toma de posesión, aunque ha venido en otras ocasiones a protestar a Washington. Recuerda su letrero en una de las concentraciones aquí contra la guerra de Irak: “no te conviertas en el mal que tanto deploramos”, una frase que le escuchó a un pastor en una ceremonia después del 11-S.

Los huecos blancos

Alrededor, hay decenas de miles de personas con gorras rojas con el lema de la campaña de Trump. Se mezclan con los que muestran señales con mensajes críticos con el nuevo presidente pero los grupos a favor y en contra no interactúan. Cuando empieza la ceremonia, algunos corean el nombre de Trump a ratos. A diferencia de lo que sucede fuera de la zona oficial de la ceremonia, aquí reina la tranquilidad, incluso el silencio.

Sólo llueve al principio de la mañana y durante el discurso de Trump. Hace más calor que hace cuatro u ocho años, varios grados por encima del nivel de congelación.

Es fácil entrar en el perímetro de seguridad, con pocas colas que avanzan deprisa. La mitad de la explanada entre el Capitolio y el monumento a Lincoln está vacía. Los huecos destacan más por el suelo de plástico blanco colocado a lo largo del recorrido para evitar charlos y deslizamientos en la hierba.

Las últimas dos tomas de posesión han sido más multitudinarias. Hace cuatro años, cerca de un millón de personas asistieron a la segunda de Obama. Hace ocho, 1.8 millones. Las primeras estimaciones de la multitud este viernes apuntan a unos pocos centenares de miles de personas.

La ciudad del 4%

La temperatura es suave para Washington en enero, pero el ambiente es frío. En esta ciudad sólo el 4% de los votantes apoyaron a Trump en noviembre. El 91% votó por Hillary Clinton (el resto lo hicieron por candidatos de terceros partidos).

El programa de fiestas es más modesto que el de hace cuatro años con música enlatada y pocas bandas de música conocidas. No hay discursos elaborados o lectura de poemas.

Muchos de los seguidores de Trump son hombres mayores, pero también han venido algunos jóvenes, sobre todo de la zona e interesados en el proceso.

Bridget, una chica de 16 años que, como muchos aquí, sólo quiere dar su nombre de pila, ha llegado desde McLean, en el norte de Virginia, con sus amigos del internado. Pertenece al club republicano de su colegio y dice que es una de las pocas estudiantes que estaba contenta el día de las elecciones. “Tuve que contenerme, porque muchos estaban muy tristes. Fue muy emotivo para ellos”, cuenta.

No tiene la edad legal para votar y explica su apoyo a Trump por la influencia de sus padres. “Nací en esto”, dice. Lo que más le gusta de la toma de posesión es “ser parte de la experiencia”.

Contra el gobierno global

Los seguidores de Trump suelen repetir el eslogan de campaña del republicano para explicar por qué les gusta el nuevo presidente (“porque va a hacer América grande de nuevo” es una respuesta muy popular aquí).

El mensaje proteccionista de su discurso es uno de los que mejor suena a oídos de quienes votaron por Trump. Los más elocuentes lo suelen destacar.

“Creo que necesitamos un poco de nacionalismo, de soberanía nacional, para que podamos tomar nuestras propias decisiones y la gente global no nos diga qué hacer. Los bancos alemanes no deberían gestionar nuestro gobierno”, dice Matt, un treinteañero de una pequeña ciudad de Connecticut que él define como “obrera”. “Es como una segunda revolución sin tener que coger las armas”.

“Trump ni siquiera es republicano personalmente. Los republicanos del establishment son exactamente iguales a los demócratas. Son la misma gente”, dice.

Muchos cuentan que apoyarán al presidente diga lo que diga. “Estoy deseando escuchar cualquier cosa que diga. Nada en particular”, dice Hayley, que ha venido de Indiana con su marido.

Pero después de hablar un rato a algunos sí se les ocurre que tal vez el mayor problema ahora del país sea la división.

“Estas elecciones han sido sobre la separación y es bonito ver a la gente unida como un país”, dice Catherine, una estudiante de Empresariales de Washington y 19 años. Ella no votó las pasadas elecciones, pero dice que ahora está “contenta” de que el presidente sea Trump aunque dice que no sabe explicar por qué.

Una experiencia educativa

La toma de posesión no es sólo el destino de los partidarios del presidente o de sus detractores, sino también de colegios que aprovechan el momento para explicar a los alumnos cómo funciona el proceso electoral. Hay varios que han venido de excursión para ver el rito de la transición de poder.

“Es una buena experiencia educativa”, explica José Luis Ramírez, que ha venido como padre y acompañante de alumnos de primaria y secundaria de una escuela del condado de Los Ángeles. También cuenta que él y otros padres tienen miedo de las protestas y de la posible violencia que pueda cruzarse en el camino de los escolares de visita.

Ramírez prefería a Hillary Clinton, pero espera que ahora Trump también haga algún cambio positivo. Lo que le gustaría es que al nuevo presidente “se le quitara la arrogancia, que no fuera tan prepotente”. Relata que hay “preocupación” en su escuela, sobre todo entre los estudiantes que no tienen documentos de residencia y están ahora protegidos de la deportación por una orden ejecutiva del presidente Obama.

Los jóvenes hacen “muchas preguntas”. “Es difícil explicarles a ellos la magnitud de lo que puede ocurrir aquí. Esperamos explicárselo de la manera más suave posible”, dice Ramírez.

Los críticos de Trump en el mall suelen guardar silencio. La violencia en otras calles de Washington no se ve por aquí. Los críticos expresan más tristeza que enojo. Muchos reconocen que no saben cómo serán los próximos cuatro años para el país.

Dave Bojanowski, el de la pancarta de “ really?”, cuenta esa incertidumbre. “¿Qué hacemos? ¿Nos enfadamos y nos ponemos a gritar? ¿Colaboramos para que este presidente sea más eficaz? ¿O escondemos la cabeza en la tierra durante cuatro años? O todo lo anterior”.

La toma de posesión de Trump como presidente, en imágenes

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