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Periodismo

El éxito de El Faro, el medio valiente que rompe todos los estereotipos del periodismo online

Nacido en 1998 como una utopía digital, El Faro acaba de ser distinguido con el Reconocimiento a la Excelencia de la Fundación García Márquez. Su fundador Carlos Dada, su director, José Luis Sanz, y el reportero Óscar Martínez nos cuentan las claves de la apuesta periodística.
25 Jul 2016 – 11:46 AM EDT

Lo que el periodista Carlos Dada y el empresario Jorge Simán hicieron en 1998 en El Salvador bien podría definirse como una auténtica locura: crear un medio online meses antes del nacimiento de Google y en un país donde menos del 2% de la población tenía acceso a internet.

Pero al regresar a su país de origen después de la guerra civil (1980 -1992), estos dos amigos salvadoreños que habían crecido en el exilio debían cumplir una promesa que se habían hecho muchas veces. Querían montar un periódico en El Salvador que los satisficiera como lectores. Y como los costos para hacerlo impreso eran prohibitivos, decidieron comenzar en la red. Más adelante, les prometieron a sus lectores en su primer editorial, se pasarían al papel.

"Durante toda nuestra lactancia no nos leyó nadie. El concepto de periodismo digital no existía y lo primero que preguntaba la gente era qué era eso del internet”, cuenta Dada entre risas al recordar los inicios de El Faro, la primera publicación latinoamericana nativa digital. 18 años después de emprender lo que parecía una utopía, el diario salvadoreño acaba de ser distinguido con el R econocimiento a la Excelencia de la cuarta edición del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo (FNPI) –quizá el premio de mayor prestigio periodístico de los que se conceden actualmente en Latinoamérica– por su "independencia, integridad y compromiso con los ideales del servicio público del periodismo".


Y además de contar con gran prestigio a nivel internacional por sus reveladoras investigaciones principalmente en materia de inmigración, crimen organizado y violencia, el medio llega a su mayoría de edad como uno de los referentes de la región con un periodismo que se cocina a fuego lento y una estrategia que haría tirarse de los pelos a cualquier gurú de las audiencias:

"El Faro es un medio que bajo ninguna lógica debería existir", explica en conversación con Univision Noticias el reportero Óscar Martínez. "Nos dijeron que escribiéramos poco en internet y escribimos mucho. Nos dijeron que era imposible no funcionar bajo las pautas tradicionales de concesiones a las empresas porque no te iban a poner publicidad y nunca le hemos concesionado nada (...) Nos dijeron que era imposible un proyecto de esta naturaleza en el que mandaras a cinco reporteros y se dediquen a un solo tema durante dos años y medio, y lo hicimos (con En el camino) y lo volvimos a hacer con Sala Negra".


El reportero, que esta misma semana ha sido distinguido además con el premio Maria Moors Cabot a la excelencia periodística que otorga la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia y con el Premio Internacional a la Libertad de Prensa del Comité para Protección a Periodistas, se unió a El Faro en 2008, decepcionado por la prensa salvadoreña tradicional por "el bajo techo que se ponían tanto en calidad como en su momento en censura" .

Miradas fijas: migración, violencia y crimen organizado

Hasta entonces, Martínez también había probado como freelance en México, algo que recuerda como una "dictadura de la cuenta bancaria": "Lejos del sueño idílico de hacer los temas que uno quiere, como uno quiere y con los tiempos que uno quiere, uno termina cubriendo mundiales de tiro con arco para poder medianamente sobrevivir. Yo había hecho por interés temas de crimen organizado y de migración y por necesidad coberturas de todo tipo. Entonces me doy cuenta de que (la migración) era una crisis humanitaria y un recorrido imposible de entender si uno no le pone la mirada fija y constante a lo largo del tiempo", apunta.

Con esa idea, se gesta en El Faro el proyecto En el camino, una serie de reportajes, fotografías y un documental que describen la inmigración de centroamericanos a EEUU desde dentro y en el que Martínez, el fotógrafo Toni Arnau y las documentalistas Marcela Zamora y Keren Say trabajaron durante dos años y medio. "Ver el gran proyecto de cobertura fue como un punto de quiebre en El Faro para definir los modelos con los que íbamos a trabajar", señala Martínez, quien también cofundó el proyecto Sala Negra, dedicado a la cobertura de la violencia en Centroamérica y que fue posible en parte gracias a una campaña de financiación colectiva ciudadana.


De esa iniciativa surgió la crónica La Policía masacró en la finca San Blas que sacó a la luz indicios de ejecuciones sumarias por parte de la policía a pandilleros y montajes en escenas de homicidios, una investigación que no cayó bien en El Salvador. " Una gran cantidad de gente reaccionó en nuestra contra por denunciar la masacre de la policía y algunos de manera virulenta. El silogismo de su reflexión era muy natural: si el cáncer de esta sociedad son los pandilleros, ¿por qué El Faro está denunciando a unos policías que nos están ayudando a erradicar ese cáncer?", explica Carlos Dada, quien justifica ese tipo de trabajos porque "el periodismo no se debe a satisfacer a sus lectores sino a principios".

Y de ahí surge la que probablemente es la principal clave del éxito de El Faro: tener muy clara su identidad. Así ha sido desde que surgió hace casi dos décadas apenas con unas columnas de opinión y resúmenes de noticias; y así es ahora con un despliegue multimedia que va de los grandes reportajes a programas de radio, la publicación de libros y cine documental y hasta la organización del Foro Centroamericano de Periodismo.


"Todos teníamos claro que había que explicar el fondo de los procesos políticos –tratar de explicar procesos y no anécdotas, no hechos aislados–, que había que reivindicar principios en un país que tiene escasa cultura democrática y unas élites profundamente corruptas y acostumbradas a las mentiras y a no sufrir ningún tipo de consecuencias por sus actos o incluso por su discurso", explica el director de El Faro, el español José Luis Sanz.

Sanz, que se unió al periódico digital a finales de 2001 como editor, asegura que el mantener la independencia nunca ha sido un problema para ellos. El reto constante es conseguir los recursos para los proyectos cada vez más ambiciosos que van surgiendo y para mantener la redacción que en en la actualidad cuenta con una treintena de personas, entre ellos 21 periodistas, además de 15 colaboradores. El Faro se financia gracias a agencias de cooperación internacional, a la venta de publicidad y patrocinios, además de los ingresos por la venta de libros, documentales y otros contenidos. Además, el año pasado hicieron una campaña de micromecenazgo denominada Excavación Ciudadana, por la que consiguieron aportes de 570 lectores.

Otro de los desafíos del equipo de El Faro es tratar de garantizar la seguridad de periodistas que hacen coberturas de crimen organizado en una de las regiones más violentas del mundo, lo que les ha llevado a desarrollar estrategias de protección internas que pasan por diversos protocolos y un sistema de monitoreo incorporado en las discusiones editorales. "Trabajamos en unas condiciones que no nos garantizan la seguridad, pero que sí son envidiables porque nuestra principal herramienta y garantía de seguridad es disponer del tiempo necesario para construir las historias y para poder tomar decisiones acerca de la cobertura", explica Sanz. Entre esas medidas, el equipo editorial de El Faro decidió el año pasado sacar de manera temporal del país a los reporteros que firmaron la crónica de la masacre en la finca de San Blas.


Además, el tener una relación constante con víctimas también genera retos a los periodistas sobre la protección de las fuentes: "Hacemos trabajos con gente que vive en condiciones muy precarias: en galpones, en pequeñas aldeas y que tienen la valentía de denunciar a pesar de que nadie los protege y que nunca saldrían en primera plana. Tienen la valentía de sentarse con un señor que no solamente va a escuchar lo que ellos dicen sino que lo va a publicar. Y denuncian y siguen viviendo en esos lugares", afirma Óscar Martínez.


Próximo objetivo: las élites económicas

La decisión de cuándo proteger a una fuente se hace en equipo –cada trabajo pasa por al menos dos editores además del autor– y esas cuestiones se debaten en las reuniones editoriales. "En El Faro nos parece que si invertimos tres horas en discutir sobre la cobertura que deberíamos tener en el tema pandillas o el tema víctimas, no estamos perdiendo el tiempo. Esos periodistas cuando hacen eso están trabajando", opina Martínez. Y añade una crítica al periodismo actual: "Las redacciones se empiezan a parecer cada vez más a pizzerías que pretenden entregar el producto en media hora y además caliente todo el tiempo y se han olvidado de que lo que hacemos en un trabajo intelectual".

Pese a que Martínez, Dada y Sanz responden con rapidez y seguridad y pese a a su facilidad de palabra, cuando se les pregunta por su mayor orgullo de estos 18 años de El Faro, la respuesta va precedida de un silencio dubitativo. Les cuesta elegir. Después hablan de satisfacción por el equipo creado, por las denuncias que han hecho y por haber sido consistentes al respetar la realidad salvadoreña y habérsela explicado con todas sus complejidades a los lectores en lugar de simplificarla.


En El Faro, aseguran haber recibido críticas tanto de los gobiernos de derechas en el pasado como de la izquierda, en el poder actualmente, y se muestran orgullosos de tener entre su audiencia "absolutamente todos los tomadores de decisiones o actores de la vida nacional", afirma Dada.

"Ahora nos leen todos ellos y dependiendo del trabajo tienen diversas reacciones", agrega. Pero para él, eso no es suficiente. "Creo que no hemos llegado a toda la gente que deberíamos llegar porque creo que la democracia solo funciona con ciudadanos debidamente formados y con herramientas intelectuales para que tomen buenas decisiones. Si tú crees eso, estás obligado a llegar a la mayor cantidad posible con tu trabajo y eso estamos lejos de lograrlo".

Lo que el fundaor, el editor y el periodista de El Faro parecen tener bien claro y responden sir dudar son los retos, lo que les queda por hacer. Y eso pasa por hacer una mejor cobertura regional en Centroamérica y por cubrir mejor el poder, principalmente el económico.

"Creo que en sociedades y en regiones tan desiguales e inequitativas como la centroamericana hablar de la pobreza no basta. Hay que hablar también de las élites. Hay que comprender que la economía explica en buena medida la política, la sociedad e incluso la violencia. Y creo que el periodismo económico no está hecho para la gente. Está hecho para los inversores", explica José Luis Sanz.

El objetivo ya está fijado y teniendo en cuenta el empeño para explicar la región de El Faro, probablemente en el futuro habrá revelaciones sobre quiénes manejan los hilos del poder económico en Centroamérica.


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