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Como exoficial de policía les digo: todos podemos unirnos hacia reformas policiales

"La respuesta no es eliminar la aplicación de la ley, una responsabilidad vital del gobierno. Eso garantizaría la ilegalidad y la destrucción de inocentes. Lo que necesitamos es un liderazgo adecuado para hacer un cambio efectivo".
Opinión
Presidente de La Iniciativa LIBRE.
2020-06-23T12:09:30-04:00
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Protestas en Washignton D.C, 20 de enero de 2017. Crédito: Spencer Platt/Getty Images

Como exoficial de policía, he aprendido que pocas personas tienen trabajos más difíciles que los agentes policiales de nuestra nación. Toman decisiones difíciles en situaciones de alta presión, y las consecuencias pueden ser de vida o de muerte. Necesitamos asegurarnos de que la policía esté bien entrenada, sea confiable y de buen carácter.

Pero viéndolo bien, también debemos asegurarnos de establecer leyes y reglas de conducta que fomenten los mejores resultados, y que no les pidamos a nuestras patrullas que hagan lo imposible.

Con tanto enfoque en el patrullaje en las ciudades de todo el país, es una tarea urgente examinar si estamos logrando esto.

Cuando dejé atrás mi tiempo como campesino a la edad de 19 años, tuve la fortuna de que me confiaran con ayudar a garantizar la seguridad pública. Primero fui un despachador de radio y luego fui oficial de policía en Toppenish, Washington. Mi padre y mi madre asistieron a la ceremonia el día que me gradué de la academia de policía, un momento de orgullo para nuestra familia.

Todavía llevo buenos recuerdos de la camaradería inherente al trabajo, la sensación de logro en la resolución de crímenes y la satisfacción de impartir justicia en nombre de las víctimas del crimen.

Después de completar el entrenamiento de la academia, como suele suceder con nuevos policías, me pidieron acompañar a un oficial de entrenamiento durante mis primeros seis meses. Me pidieron que observara y aprendiera sobre todo el arte de patrullar, cosas como interactuar con el público de manera profesional, escribir informes de incidentes e investigar escenas de crímenes.

Pero, por multiples razones, en los primeros meses de trabajo policial, me molestaron algunas de las cosas que vi. Con frecuencia, se les exigía a las unidades de patrulla vigilar de cerca las tabernas frecuentadas por clientes latinos y observar con mayor escrutinio a los conductores que salían a la hora de cierre, quienes fueron detenidos regularmente.

A primera vista, eso suena como una buena idea, como una forma de evitar que condujeran en estado de ebriedad. La cuestión es que nos desalentaban a vigilar las tabernas que eran frecuentadas por clientes en su mayoría de raza blanca. El resultado fue que los latinos fueron citados por conducir bajo la influencia en números mucho más altos comparados a los blancos.

Observé ademas que los compañeros que respondían a un altercado rápidamente detenían a los delincuentes latinos y los encarcelaban, mientras que citaban y liberaban a los delincuentes blancos, o incluso les permitían "irse tranquilamente” después de confesar su agresión.

Cosas como la posición y el título también importaban. En lugar de ser arrestados, como cortesía, a jóvenes de padres “conectados” les concedían conversaciones con sus padres - que sirviera de lección - en lugar de ser acusados del delito que cometieron. Tal discreción rara vez se extendía a los muchachos del "otro lado de la ciudad".

Tenía una admiración y respeto genuino por el líder del departamento, el jefe Andrews, un buen hombre que reconoció el valor de agregar un oficial que pudiera mejorar el alcance a la creciente comunidad hispana de la ciudad. Decidí hablar con el jefe de policía, pero estaba nervioso, incluso con el estómago revuelto.

Tenía un gran respeto por mis compañeros oficiales y no estaba seguro de lo que sucedería después. Estos hombres hábiles, entrenados y listos me enseñaron cómo ser inteligente en la calle, cómo discernir mentiras y cómo derribar una puerta en una redada. Esperaba un nuevo enfoque el cual aceptaran, y que todos pudiéramos trabajar juntos como un equipo efectivo.

Le dije al jefe que estaba en su poder cambiar estas desigualdades. No estaba pidiendo un trato más duro para el público en función del color de su piel, ni tampoco estaba pidiendo un trato más indulgente. Estaba pidiendo un trato equitativo.

Respondió positivamente e hizo cambios en el manual de normas del departamento con respecto a la igualdad de trato bajo la ley, cambios que fueron bien recibidos por mis colegas. En mi opinión, la situación realmente mejoró cuando los oficiales hicieron un esfuerzo más decidido para tratar a todos de manera equitativa.

La realidad es que un sistema de aplicación con doble estándar perjudica más a las comunidades locales. Genera resentimiento y desconfianza entre las personas que la policía está encargada de proteger. La respuesta no es eliminar la aplicación de la ley, una responsabilidad vital del gobierno. Eso garantizaría la ilegalidad y la destrucción de inocentes. Lo que necesitamos es un liderazgo adecuado para hacer un cambio efectivo.

¿Y si hemos de modificar nuestro sistema policíal, cómo se mira ese cambio? Se están presentando muchas ideas, y necesitamos que los encargados de formular reglamentos en las comunidades de todo el país participen en un debate abierto, sin titubeos, que nos lleve a las mejores resoluciones. Pero hay tres con los que podemos comenzar que nos mueven en la dirección correcta:

1. Transformar la cultura policial. La mayoría de los oficiales de policía y líderes de las fuerzas del orden en todo el país, personas que arriesgan sus vidas para servir y proteger a sus comunidades, saben que las normas sobre el uso de la fuerza deben cambiar. También están legítimamente frustrados porque muchos acuerdos sindicales de policía protegen de enfrentar las consecuencias de sus decisiones a los que actúan mal.

2. Eliminar malos incentivos, como el decomiso de bienes civiles y la inmunidad calificada, una ley hecha por un juez que impide que los policías que violen los derechos constitucionales de las personas sean responsables de sus acciones. También debemos reformar el programa federal 1033 que alienta a la policía a tratar a las comunidades como zonas de combate militarizadas en lugar de vecindarios compartidos.

3. Eliminar la criminalización innecesaria. Como sociedad, hemos criminalizado agresivamente comportamientos y acciones que nos gustaría ver menos, sin considerar las ramificaciones. Ni siquiera requerimos estándares de intención adecuados al acusar y condenar a personas con delitos. De hecho, en los últimos 40 años, hemos agregado 300,000 delitos federales a la carga de cumplimiento que llevan los oficiales de policía, lo que hace que el trabajo sea mucho más difícil. Debemos promulgar una reforma de sobrecriminalización federal y estatal sólida.

La gran mayoría de la policía del país asume esta asignación arriesgada porque están comprometidos a mantener a los estadounidenses seguros, independientemente del color de su piel u otras características. Se merecen leyes que tengan sentido, procesos que los ayuden a tener éxito y un sistema que les permita concentrarse en amenazas reales a la seguridad pública.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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