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Obama en Cuba

Un presidente negro entre mulatos

Los cubanos reciben al primer presidente de EEUU en casi nueve décadas con una mezcla de expectación por la visita e incredulidad de quien cree que su presencia no cambiará nada sustancial en su vida.
20 Mar 2016 – 2:09 PM EDT



Por Lorena Arroyo @lav_arroyo y Almudena Toral @almudenatoral enviadas especiales a La Habana

Johny DJ, un percusionista de 39 años que se dedica a dar clases de música en La Habana, predica un mensaje de confraternización que se replica en su atuendo: gorra de béisbol de Miami, colgante del Che Guevara, camisa del rapero estadounidense Tupac y pulsera del grupo cubano Buena Fe.

“Mejor llevarse bien con los vecinos y darse la mano”, opina Johny, en vísperas de la llegada de Barack Obama a la isla este domingo, el primer presidente estadounidense que pisará suelo cubano en 88 años.

“Si Obama nos da la mano, nosotros le daremos la mano. Si él nos ayuda, le ayudaremos. Y aché (bendiciones) para Obama”, dice Johny. La ayuda que él pide es que haya una mayor apertura de los viajes entre ambos países para ir a ver a su hermano, que vive en Wisconsin (EEUU) y para tener intercambios profesionales con los músicos de un país que está a poco más de 90 millas del suyo, pero al que por más de medio siglo parecía separarle un abismo.

Obama llegará a Cuba en el punto más alto de la normalización de las relaciones entre ambos países tras más de medio siglo de enemistad entre los viejos rivales de la Guerra Fría.


Así se prepara Cuba para recibir la visita histórica de Barack Obama

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En la ciudad se respira una emoción por esta visita histórica que, en ocasiones, parece que despierta más pasiones entre los visitantes -un enjambre de periodistas y turistas- que entre los propios cubanos. Aunque muchos se muestran aliviados de que los gobiernos de su país y EEUU por fin hayan dado un paso que llevaban décadas esperando, y desean que este evento se traduzca en cambios aún mayores.

“Queremos que se junten los cubanos de allá y acá y que haya un apoyo entre ambos países. Nosotros les damos la música que tenemos y que ellos nos permitan arreglar cuentas allí”, dice entre risas Marila Figueroa, una estomatóloga de 44 años que no oculta su emoción ante la visita del mandatario estadounidense.

“Me gusta su imagen, su porte, su alegría, su autenticidad, su forma de proyectar a su familia”. Y también le gusta que Barack Obama sea negro. “Para mí es maravilloso porque yo también lo soy. Ojalá tengamos nosotros algún día un presidente negro aquí también”.

El deshielo ha permitido, entre otras cosas, que la bandera estadounidense ondee en la embajada de ese país en La Habana –inaugurada en julio del año pasado-, que lleguen más remesas del país del norte y que cada vez más turistas estadounidenses desembarquen en las calles cubanas.

Pero lo que muchos suplican es que su país levante el embargo comercial que Washington mantiene sobre La Habana desde 1962. “El bloqueo hace daño aquí”, dice Luis Enrique Tamayo, un padre de dos hijos que trabaja lavando autos. Lo que hizo por los cinco héroes, haga por los otros cubanos también”, dice en alusión a los hombres que fueron liberados en 2014 tras pasar unos años en prisiones de EEUU acusados de espionaje.



“Que quite todos los bloqueos y que se normalice todo pare ver si uno puede viajar a ver a su familia que hace 30 años que no la veo”, apunta otro vecino de La Habana, César Alonso, mientras ve a un amigo mecánico tratar de enmendar el motor de un auto que parece no tener mucha solución. Un pronóstico similar al que él ve para su país: “Aquí han venido Obama y el Papa. Hace falta diosito que venga”.

Pero no todos están tan contentos con tan célebre visita. “Yo lo que quiero es que Obama llegue ya pa’ que acabe esto”, dice un obrero mientras rellena de cemento una acera de la calle del Prado, entre el Capitolio y el Teatro Nacional Alicia Alonso, donde el martes Obama dará un discurso a los cubanos.

Pese a que en la prensa oficialista no abunda la información sobre la visita del presidente estadounidense, los vecinos de la capital cubana pueden adivinar el recorrido que seguirá el presidente atendiendo a las obras y arreglos de último minuto en la ciudad: palmeras y farolas nuevas, aceras limpias y calles asfaltadas por donde pasará el mandatario.

Eso sucede, por ejemplo, en el Estadio Latinoamericano donde el presidente asistirá a un partido de béisbol entre los Tampa Bay Rays y la selección nacional cubana, o en la Plaza de Armas por donde se espera que pase Obama este domingo con el historiador de la ciudad Eusebio Leal de camino al Museo de los Capitanes Generales.



Tras esa jornada en la que podrá hacer turismo, al presidente Obama le espera un lunes más institucional –con la reunión bilateral con el presidente Raúl Castro y un encuentro con empresarios- y un martes en el que pretende acercarse al pueblo cubano con un discurso que se prevé que tenga un gran simbolismo, además de reuniéndose con disidentes y asistiendo a un partido de béisbol.

Ese día quizás le toque escuchar algunas de las peticiones que tienen muchos cubanos que creen muchas cosas en el país no funcionan: “Hace falta que después que se vaya todo mejore porque esto está malo”, pide Raydel, un conductor de bicitaxi de 22 años que lamenta el mal estado de las viviendas y los bajos salarios.

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