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Muertes

Muere a los 92 años Barbara Bush, la 'primera abuela' de EEUU y piedra fundamental de la dinastía Bush

La ex primera dama anunció el domingo que dejaría de recibir tratamiento para atender una falla cardiovascular y pulmonar que sufría. Barbara Bush capitalizó su pelo cano y esa ternura propia de las abuelas para conquistar corazones, incluso entre quienes se oponían a las filiaciones políticas de su marido. La definió su sarcasmo, sus perlas falsas y su amor devoto por el expresidente.
17 Abr 2018 – 7:42 PM EDT

Barbara Bush falleció este martes a los 92 años, según confirmó el vocero de la oficina de su esposo George H.W. Bush, Jim McGrath. El pasado domingo, se informó que la ex primera dama no acudiría más al hospital para recibir tratamiento para la enfermedad pulmonar crónica y la falla cardiovascular contra la que batallaba.

"La ex primera dama de los Estados Unidos de América e implacable defensora de la educación de la familia, Barbara Pierce Bush, murió este martes 17 de abril de 2018 a la edad de 92 años", se lee en el comunicado publicado por McGrath en su cuenta de Twitter, aunque no precisa los detalles de la muerte.


El presidente Donald Trump dijo en un comunicado publicado en su cuenta de Twitter que la ex primera dama será recordada "por su gran devoción al país y la familia".

Algunos expresidentes manifestaron sus condolencias, entre ellos los demócratas Bill Clinton y Barack Obama. "Barbara Bush fue una notable mujer. Tenía agallas y gracia, inteligencia y belleza", escribió el primero. Obama, cercano a los Bush a pesar de sus diferencias políticas, la definió como "la roca de una familia dedicada al servicio público", como "un ejemplo de humildad" y un "reflejo de lo mejor del espíritu estadounidense".

El 'Azul Barbara'

Cuando el 20 de enero de 1989 Barbara Bush se convirtió en primera dama de la nación tenía 63 años y aunque su predecesora, Nancy Reagan, había entrado a la Casa Blanca con tan solo unos cuantos años menos, la esposa del presidente George H. W. Bush decidió capitalizar su edad de una manera muy particular: decidió convertirse en la 'primera abuela de la nación'. De hecho, en el Museo Nacional de Historia Americana se le recuerda de esa manera.

Detrás de su pulsión deliberada por dejar que su pelo cano deviniera en un brillante blanco –que sería su orgullo y emblema–, detrás de llevar trajes tradicionales y de usar un conservador azul (que luego se conocería como el ‘Azul Barbara’), la entonces primera dama no solo logró que el país percibiera a su esposo como un hombre de familia, sino que logró colarse en los corazones de muchos ciudadanos que incluso no simpatizaban con la figura del mandatario republicano.

Las imágenes que circulaban en los medios de esta abuela con trajes de diseñadores desconocidos y perlas falsas, seguida por una decena de nietos –cuando no por una hilera de cachorros de su famosa perrita, una springer spaniel llamada ‘Millie’, ayudaron a que Barbara Bush fuera aún más popular que el vicepresidente Dan Quayle y el presidente mismo.

Según el proyecto ‘National First Ladies Library’, dedicado a promover el trabajo y legado de las esposas de los presidentes estadounidenses, a los 100 primeros días de mandato del presidente Bush, Barbara arrasaba en las encuestas, a la vez que conseguía tener un club de fans en la liberal ciudad de San Francisco.

Esta capacidad de mantener un halo de ternura y familiaridad siempre circundándola sería una exitosa estrategia que incluso su hijo George W. Bush reconocería muchos años después estando él mismo en la presidencia: “Es una genia con los medios y definitivamente mejor con ellos que mi padre”, admitía Bush quien era aconsejado por su madre que siempre habría mantenido cierta distancia con la prensa.


Su apuesta, en realidad, no fue más que el eco mismo del rol que ella quería ocupar en la Casa Blanca: la de una mujer dedicada a apoyar a su marido incondicionalmente y completamente desvinculada de los avatares políticos.

“Como primera dama, Barbara Bush fue sobre todo una presencia constante al lado de su marido. Ellos realmente tenían una alianza sólida como una roca. Ella escogió aumentar los índices de lectura como su primera causa, pero, en realidad, su verdadera causa era ser la compañera de su esposo”, le dijo a Univision la experta en primeras damas y profesora de la Universidad de Boston, Elizabeth Mehren.

Barbara Pierce, que nació en la ciudad de Nueva York el 8 de junio de 1925 en el seno de una familia muy acomodada, conoció a su esposo George Herbert Walker Bush en un baile de navidad en 1941, cuando ella tenía tan solo 16 años. Después de ser su cita en el baile de graduación, vino el compromiso justo antes de que Bush se embarcara hacia la Segunda Guerra Mundial como el joven piloto de un bombardero. Después de que Bush sobreviviera a que su avión fuera derrumbado el 2 de septiembre de 1944 y que regresara a Estados Unidos, la pareja se casó el 6 de enero de 1945 para darle vida a un matrimonio que sería emblemático para todo Estados Unidos.

Por su marido, Barbara Bush incluso rompería precedentes como, por ejemplo, ser la primera esposa de un candidato en hablar durante una convención de partido, con el fin claro de mostrar a su esposo como un estandarte de la familia. A partir de ahí, los Bush capitalizarían estratégicamente a su enorme clan, conformado por cinco hijos (su hija Pauline Robinson "Robin" Bush murió en 1953 a los 3 años) y más de una docena de nietos que aparecerían en comerciales y campañas de televisión.


Ninguna apatía política

Con los años, sin embargo, quedaría demostrado que la 'primera abuela' de los estadounidenses jugaba un rol fundamental al interior de su familia de lo que se podría intuir. “Barbara Bush fue una fuerza poderosa en la dinastía Bush. Ella era una orgullosa protectora de su esposo y de sus hijos. También era rencorosa, cualquiera que hablase mal de su círculo cercano quedaba inmediatamente excomulgado”, añade la experta en primeras damas Elizabeth Mehren.

Barbara Bush se convirtió en una ficha estratégica en la política familiar.

Con fuerza y compromiso habló durante la convención republicana de 1992, en el segundo intento de su marido de ser presidente, para conseguir que el ala moderada y el ala más conservadora del partido se unieran en favor de su esposo. Quizás por eso la derrota de su marido sería un duro golpe emocional y una propia derrota personal al no conseguir que pudieran estar en la Casa Blanca más que durante un periodo presidencial.


Hablaría luego en defensa de su hijo George W. Bush, porque, después de todo, ¿quién iba a rehusarse a creerle a una mujer que además de ser primera dama, se convertía por primera vez en la historia de Estados Unidos en ‘primera madre’ y que, además, se mostraba a sí misma como “la madre de todos”?

Más recientemente, Barbara Bush sería la elegida para ser la protagonista de un video que se convertiría en primera pieza publicitaria de las ambiciones presidenciales de su tercer hijo, Jeb Bush. Fue ella justamente la elegida para ser la primera de la familia Bush en mostrar su apoyo y su alianza con estas pretensiones políticas. Ni George Bush padre, expresidente, ni George W. Bush hijo, también expresidente, sino ella, la madre.


Sus logros en la Casa Blanca

Es, por supuesto, imposible atribuirle solo a su figura de “abuela adorable” su buena acogida entre el público y su cierto poder político.

En su tiempo como primera dama Barbara Bush logró captar la atención mediática con algunas importantes conquistas, como cuando en mayo de 1989 posó abrazando a un niño portador del virus del VIH en tiempos en los que el desconocimiento sobre cómo se contagiaba esta enfermedad aún era rampante.

Barbara Bush además se concentró en combatir el analfabetismo y aumentar los niveles de lectura, convencida de que una juventud mejor educada conseguiría más fácilmente salir adelante y fue la primera esposa de un presidente en contratar a una mujer afroestadounidense como su secretaria de prensa.

Sin embargo, en sus años en la Casa Blanca, pero sobre todo fuera de ella, Barbara Bush conseguiría un tono muy particular con una alta cuota de sarcasmo convirtiéndose más bien en una intrigante abuela. “Ella podía ser muy molesta, pero siempre de una manera controlada y demasiado educada, es decir, podía estar diciéndote cosas completamente desagradables con una sonrisa, el tipo de sonrisa que te da una serpiente cascabel antes de inyectar veneno en tus venas”, recuerda Mehren, quien añade que " había algo desagradable en esa cualidad, porque era del tipo de mujeres que sonríen dulcemente mientras te apuñalan verbalmente".

Además de su entrañable imagen y de su carácter, sería el amor incondicional hacia su marido, más fuerte y consistente con el pasar de los años hasta cumplir 73 años juntos, uno de los principales elementos que haría que el electorado recordara y respetara profundamente a esta mujer. "Había una cierta capacidad de identificarse con ella, una vez que encarnaba la historia romántica de haberse casado con su amor de colegio y luego haber logrado pasar a su lado tantos años y tantos obstáculos", asegura la experta.

En días antes de su muerte, su nieta Jenna Bush Hager contó a los medios cómo su abuela seguía despidiéndose de George Bush como el amor de su vida. Que incluso en esos últimos momentos Barbara Bush lanzara manifestaciones públicas de amor, era evidencia de que algo había sido siempre transparente y real en ella: su devoción por la familia, su devoción por George.

En imágenes: momentos emblemáticos de la vida de Barbara Bush

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