Muertes

El último hombre que ha visitado a la tribu que mató al misionero cuenta cómo sobrevivió (y lo que vio)

Nath Pandit, un antropólogo, consiguió entrar en contacto con los sentineleses, los aborígenes que mataron con flechas a John Allen. Según él, el grupo es en gran parte “amante de la paz” y cree que si el turista estadounidense falleció fue por su culpa.
27 Nov 2018 – 2:41 PM EST

Mientras las autoridades debaten la posibilidad de entrar a North Sentinel para recuperar el cuerpo de John Allen Chau, la persona que probablemente mejor conozca el terreno ha hablado. El antropólogo Nath Pandit fue el último en entrar y salir con vida entablando cierta amistad con la tribu.

Pandit, hoy con 84 años y jefe regional del Ministerio de Asuntos Tribales de la India, se embarcó hace mucho tiempo con rumbo a North Sentinel. Durante décadas llevó a cabo varios viajes que lo convirtieron en el primer antropólogo indio en ingresar con éxito a esta isla aislada de Andaman, junto con un equipo de 20 miembros.

Su historia comenzó en enero de 1967, momento en que se aventuró por primera vez en la isla. Allí lideró a un grupo de investigadores, funcionarios del gobierno e incluso personal de la Marina para explorar North Sentinel y desarrollar contacto con la tribu.


Proveniente de una familia de académicos, el hombre inicialmente tuvo interés en la zoología, completando su licenciatura a mediados de la década de 1950, antes de estudiar antropología cultural en la Universidad de Delhi. Al finalizar sus estudios postdoctorales asumió un puesto en la facultad de la Universidad de Delhi.

En marzo de 1966, se unió al Estudio Antropológico de la India, donde estuvo 26 años antes de retirarse en 1992. También escribió un relato exhaustivo de North Sentinel en 1990.

En el libro contaba que cuando él y su equipo aterrizaron por primera vez en la isla, los sentineleses se escondieron detrás de los primeros arbustos del bosque, observando silenciosamente la llegada en la orilla de lo que para nosotros serían unos “extraterrestres”.

Las visitas

Hoy cuenta que “no había nada de esa hostilidad que se comenta estos días”. Siguiendo un rastro de huellas, Pandit y su equipo caminaron poco más de media milla (un km) hacia el bosque y encontraron un área abierta que constaba de 18 cabañas o chozas. Según le explicó a Economic Times:


En el relato de este primer viaje el antropólogo describía cómo uno de los miembros de su equipo vio brevemente a otro de la tribu, pero no hubo ninguna reunión o parecido, la hora que pasaron en la isla sucedió sin incidentes.


Fue durante las visitas posteriores cuando sí hubo contacto y cierta resistencia. En el segundo encuentro y antes de que sus botes pudieran llegar a la orilla, los sentineleses los esperaban con gestos hostiles, arcos y flechas.

Por esta razón, el grupo decidió mantener una distancia segura e idearon una estrategia para dejar caer regalos como cocos y utensilios para que llegasen a la orilla. Para 1991, Pandit explicaba cómo, por primera vez, la tribu se acercó y recogió los regalos de cocos en el agua, aunque a los miembros de la expedición todavía no se les permitía entrar a la isla. El antropólogo explicaba:


Pandit dice que, según su experiencia, el grupo es en gran parte “amante de la paz” y cree que su temible reputación es totalmente injusta. De hecho, ha explicado para la BBC que si el turista estadounidense falleció fue por su culpa:


El contacto

Después de varias expediciones en las que intentaron establecer contacto, y tras su primer gran avance con los regalos, el siguiente paso ocurrió a finales de ese mismo año de 1991, cuando la tribu salió para acercarse pacíficamente a ellos en el océano:


También recuerda momentos de tensión, como cuando él mismo se separó del grupo y un joven miembro de la tribu lo amenazó:


Y desde entonces nadie más ha tenido contacto directo con la tribu. El gobierno indio abandonó cualquier expedición y los extranjeros tienen prohibido acercarse a la isla. El aislamiento completo de la tribu significa que cualquier contacto con el exterior podría ponerles en un riesgo mortal de enfermedad porque es probable que no tengan inmunidad contra enfermedades comunes como la misma gripe.

Mientras se decide qué hacer con el posible rescate del misionero el señor Pandit lo tiene claro. “ Somos los agresores aquí, nosotros somos los que estamos tratando de entrar en su territorio. Debemos respetar su deseo de estar solos”, zanja el antropólogo.

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