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Por qué debemos hablar español en público y con orgullo y no dejar que nadie nos silencie

Una hispana recién graduada escribe sobre ser la necesidad de no renunciar a hablar español en los espacios públicos en el Estados Unidos de Trump, a pesar de las agresiones racistas que algunos hispanos han sufrido por ello.
6 Jun 2017 – 5:57 PM EDT

Pasé la mitad de mi vida en una zona urbana predominantemente latina de Nueva Jersey. La otra mitad, viví en una ciudad rural predominantemente blanca en el centro de la Florida. El haber vivido en ambos lugares me ha enseñado dos cosas:

- No soy "lo suficientemente Latina", signifique lo que signifique.

- Soy "demasiado Latina" - otra vez, signifique lo que signifique.

Sin embargo, una cosa es segura: soy una hablante nativa de español. En la era de Donald Trump, sin embargo, hablar español puede ser difícil, incluso peligroso.

Acabo de graduarme como psicóloga y estudiante de estudios culturales globales en la Universidad de Duke. En Duke, pasé mucho tiempo pensando en identidad y en cultura. Reflexioné mucho sobre cómo el hecho de ser la primera estudiante universitaria de una familia con pocos recursos y ser una inmigrante latina de primera generación en los Estados Unidos impactó mi experiencia en la universidad. Me di cuenta de dos cosas:

Mis experiencias han dado forma a mi identidad, y mi identidad ha moldeado mis experiencias.

También ha influido en cómo me acerqué a mis estudios: por mis experiencias, me interesé en investigar el desarrollo de las identidades étnicas y raciales. Esto me ha llevado a pasar mucho tiempo pensando en lo que significa pertenecer a un grupo en particular, lo que significa ser latina y lo que constituye mi latinidad.

Algunos podrían argumentar, por ejemplo, que hablar español es un componente necesario de ser latina. Estoy en desacuerdo.

Al mismo tiempo, sin embargo, me preocupa que mi hermana pequeña (que ahora tiene 8 años) no aprenda español. No porque tenga miedo de que sea menos latina, sino a la vergüenza que ha aprendido a relacionar con su lengua materna.

Con Trump en la Casa Blanca y un aumento en los crímenes de odio -que tal vez sólo se han hecho más visibles- noté que vacilaba en hablar español en público. Recientemente, este aspecto de mi identidad cultural se ha convertido en algo más destacado para mí. Me encuentro cada vez más alerta cuando estoy en un espacio público.

También he comprendido, para mi consternación, que me he vuelto más y más silenciosa. Debido a este miedo, estoy perdiendo mi voz. Estoy perdiendo partes de mí.

Cuando la gente me mira por hablar español en público, se refiere a mi idioma como un lenguaje "sucio", me dice que "regrese a mi país" o me dice: "Habla en inglés. ¡Estás en Estados Unidos!", ¿es de extrañar que algunas latinas y latinos empiecen a sentirse avergonzados por su idioma y su identidad cultural y étnica? Tal vez ése sea el objetivo de los detractores del español: quieren hacernos sentir vergüenza acerca de quiénes somos.

A medida que los sentimientos antiinmigrantes se hacen más explícitos, me preocupa la vergüenza que otros niños latinos puedan sentir hacia su identidad y su idioma. Para un niño en desarrollo como mi hermana, esta vergüenza podría significar resistirse a aprender su idioma natal, ya sea el español u otra lengua distinta al inglés.

Es un problema, no solo porque aleja a los niños de la posibilidad de ver y entender el mundo de maneras alternativas, sino porque los impide que se conviertan en mejores pensadores. La investigación sobre el bilingüismo, por ejemplo, ha conectado esta variable a una serie de beneficios sociales y cognitivos.

¿Qué podemos hacer? Para mí es evidente que, en Estados Unidos, el simple hecho de ser uno mismo puede ser una forma de resistencia. Elegir hablar español en público, aunque tenga consecuencias, se convierte en un acto de subversión, ahora más que nunca.

Después de notar mis propias dudas, estoy optando por resistirme al silencio. Insto a otros no hablantes de inglés a hacer lo mismo. No dejes que nadie te borre ni a ti ni a tus hermosas lenguas.

A los que no hablan español pero no están de acuerdo con la prevalencia de la retórica antiinmigrante: Les insto a que aprendan otro idioma. Si tienen hijos, asegúrense de que aprenden otra lengua. Hagan el esfuerzo de enseñarles a valorar la diferencia, no sólo a tolerarla. Apoyen los programas de educación bilingüe que enseñen contenido académico en dos idiomas. Únanse a la Asociación Nacional para la Educación Bilingüe. Comuníquense con sus congresistas y díganles que apoyan los programas de educación bilingüe. Si están aprendiendo español y son conscientes de sus limitaciones con ese lenguaje, no lo sean. Su español roto no les pone en peligro.

Ahora es el mejor momento para practicar.

Jennifer Acosta, de 22 años, se graduó de Duke University con magna cum laude y Phi Beta Kappa. Tenía un año cuando llegó a los Estados Unidos. Se graduó de Tenoroc High School en Lakeland en 2013.


En fotos: Incidentes de acoso y crímenes de odio tras la elección de Donald Trump

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