La reunificación crea un dilema agridulce para muchas familias de inmigrantes en EEUU

Los niños que el gobierno de Donald Trump separó de sus padres este verano durante la aplicación de la política de 'tolerancia cero' ahora enfrentan vidas inciertas, a veces bajo el cuidado de familiares a quienes no conocen y en escuelas en las que no entienden el idioma.
18 Ago 2018 – 3:55 PM EDT

Después de pasar semanas en un centro de detención de inmigrantes, Kisna Fuentes Ávila, de 15 años, se reunió con su padre el mes pasado, y cerró así un capítulo traumático en la separación de esta familia hondureña. Pero su vida sigue llena de incertidumbre, principalmente sobre cómo lidiará con su nueva vida en los suburbios de Atlanta sin su madre, ahora deportada.

Ella se encuentra entre los más de 2,500 niños que fueron víctimas de la política del presidente Donald Trump de separar a los niños de las familias indocumentadas detenidas al cruzar la frontera con México. Trump abandonó la política en junio después de una andanada de críticas del público y de sectores políticos, incluído su propio Partido Republicano.

Kisna es una de las afortunados. Unos 500 niños permanecen bajo custodia federal, incluyendo más de 400 cuyos padres fueron deportados sin ellos. Pero en algunos aspectos, los problemas apenas han comenzado para los niños liberados.

Aunque Kisna dice que está feliz de reunirse con su padre, Wilberto Fuentes, de 47 años de edad, a quien no había visto en casi seis años, el reencuentro fue agridulce. Su madre, Alayda Ávila Velásquez, de 38 años, fue deportada poco después de que la pareja cruzó la frontera en mayo.

"Extraño a mi madre, pero ella me dice que tengo que ser fuerte", dijo a Univision Noticias en una entrevista telefónica.

Vidas destruidas

Los defensores de los inmigrantes dicen que la presión pública para resolver la crisis de separación familiar ha ayudado a reunir a las familias, pero ahora se preocupan porque la atención mediática se desvanecerá.

" ¿Cómo se puede reparar una vida destruida? Ésa es la historia. No es cuántas personas han podido reunirse. Sí, eso es importante, pero ¿qué tan exitoso es?", dijo Wendi Adelson, abogada de inmigración y directora del Fondo Immigration Partnership and Coalition (IMPAC).

"Una vez que los liberan en Estados Unidos, les será extremadamente difícil navegar por la vida, encontrar representación legal gratuita o asequible, aprender inglés, recuperarse de un trauma, inscribirse en la escuela, encontrar trabajo, y la lista sigue y sigue", añadió.

Wilberto Fuentes abandonó Honduras para irse a Estados Unidos por primera vez cuando Kisna tenía solo tres años. Volvió cuatro años más tarde.

"Los primeros cuatro años fueron difíciles. No podía soportarlo. Hubo demasiados sacrificios ", dijo, refiriéndose a la separación de su familia. La pareja ha estado junta durante 21 años y tienen otras tres niñas, de 17, 18 y 21 años.


Fuentes regresó a casa por dos años, pero se fue de nuevo en 2013. Esa vez fue detenido por la Patrulla Fronteriza en Texas, y fue liberado después de 11 días para esperar una audiencia de deportación. Pagó una multa de 500 dólares y ha estado a la espera de comparecer ante un tribunal desde entonces.

Permaneció en contacto con su esposa y sus hijas gracias a las videollamadas. "Si no fuera por esas llamadas, no sé cómo lo habríamos logrado", dijo.

En mayo, Velásquez y su hija fueron detenidas después de cruzar la frontera en un puerto de entrada oficial en Arizona. Fueron separadas un día después.

"Me sacaron engañada"

Alayda fue deportada el 13 de junio después de firmar un documento que pensó que le permitiría reunirse primero con su hija.

"A mí me sacaron engañada", dijo en una entrevista telefónica desde su casa en Guayape, una ciudad en la provincia hondureña central de Olancho , una de las zonas más ingobernables del país y con una de las tasas de migración más elevadas.


“Les dije que yo no iba sin mi hija”, dijo. Le dieron a firmar un documento en inglés el cual no pudo leer. “Dijeron si yo firmaba me iban a reunir con ella”, dijo.

Wilberto trabaja poniendo techos. Su empleo le exige cambiarse de un trabajo a otro y no sabe cuánto tiempo estará en Georgia.

"Mi trabajo es donde me toca. Si es en California eso es donde me voy", dijo. "Siempre tengo una [persona] recomendada para [que cuide de] Kisna bastante de confianza. Pero, ella quiere estar con su mamá".

El gobierno no parece tener ningún sistema en vigor para ayudar a las familias reunidas. "Realmente depende de la familia y qué servicios pueden obtener de los grupos e iglesias locales", dijo Ali Noorani, directora del National Immigration Forum, un grupo de defensa de los inmigrantes. "Si hay algo que la administración Trump ha hecho es que han reducido la expectativa pública del trato humano hacia las personas", agregó.

La familia también se enfrenta a una situación de inseguridad jurídica. No tienen abogado y considerando que tanto Wilberto como su hija ingresaron ilegalmente al país, podrían ser deportados en cualquier momento.

"Una vez que las familias se reúnen, los resultados de sus casos legales dependen de la discreción de los jueces que se les asignan si todavía están detenidos", dijo Adelson.

En el caso de Kisna, el padre dice que recibió una llamada para recogerla en el aeropuerto más cercano. Él estaba en Carolina del Norte en ese momento. Se reunieron el 11 de julio después de que su hija fuera trasladada desde Arizona en compañía de un funcionario del gobierno estadounidense. "Tuve que firmar algunos papeles y eso fue todo", dijo.


Una nueva escuela

El martes fue el primer día de Kisna en una nueva escuela en Doraville, al norte de Atlanta, pero como no sabe inglés, quedó confundida y preocupada.

"No tengo idea de lo que está pasando en la clase", dijo y explicó que un compañero de clase se ofreció a ayudarla a inscribirse en clases especiales para personas que no hablan inglés.

"Es como estar de regreso en primer grado para ella. No entiende nada", dijo su padre. Pero, ella sigue decidida. "Prefiere no comer que perder un día de escuela", dijo.

Ella habla con su madre regularmente usando WhatsApp. "Todos los días, a veces seis veces al día", dijo riendo.


Alayda dice que espera reunirse con su hija en algún momento, y se pregunta si el gobierno podría dejarla regresar, aunque sea por poco tiempo, para cuidar a su hija. "La situación está muy difícil en Honduras. Aquí no hay trabajo. Es pobreza, pobreza, por aquí".

Sin embargo, los que han sido deportados de EEUU enfrentan una prohibición de entre tres y diez años por tratar de ingresar ilegalmente al país, dijo Ezequiel Hernández, un abogado de inmigración en Phoenix.

"Desde el punto de vista del gobierno, dicen 'ya se la entregamos a su padre, ahora le toca a él la responsabilidad de ser padre'", dijo.

Abrazos, llanto y emoción: las imágenes de los reencuentros entre padres e hijos que han sido separados en la frontera sur

Loading
Cargando galería
RELACIONADOS:Inmigración

Más contenido de tu interés