La caravana aérea: los centroamericanos que se van a España y no a EEUU para pedir asilo

Solo este año, cerca de 5,000 centroamericanos, la mayoría de Honduras y El Salvador, viajaron al país europeo para solicitar asilo y se encontraron con un muro burocrático. Frente a las trabas de la administración, los migrantes encuentran refugio en la acogida de iglesias y organizaciones ciudadanas.
10 Dic 2018 – 11:19 AM EST

En fotos: Huyen de la violencia en Latinoamérica y se topan con un muro burocrático en España

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MADRID, España. - “A la salida del colegio yo iba con mi amigo y a la vuelta de una esquina dos jóvenes me pararon y me dijeron: 'Mira: tienes que entrar en esto porque la mara te reclama'. Sacaron una pistola y me apuntaron diciendo que, si no entraba, tocarían a mi papá, a mi mamá, a mi hermana". Con los ojos vidriosos, pero con templanza, Alex*, de 16 años, rememora el momento en que él y su familia decidieron que tenían que huir de El Salvador a España.

Antes de cruzar el océano, se movieron dentro del país en un periplo hacia una seguridad fallida. Contra todo pronóstico y lejos de ahuyentar las garras de las pandillas, se toparon con extorsiones y amenazas de muerte. Tanto Alex como su hermana de diez años presenciaron los amedrentamientos de los mareros en la peluquería de su abuela.

Su padre, Jorge, aún ahoga sus palabras en silencios y lágrimas cuando recuerda desde el exilio en Madrid las dos ocasiones en las que sintió el filo de una pistola en su piel cuando trabajaba como taxista para sobrevivir. Tuvo que desplazarse a otra zona que creía más segura para su familia y perdió su trabajo. Aunque han dejado atrás la violencia que envolvía sus vidas en El Salvador, reanudar su vida en España no está siendo tarea fácil. "No venimos a mendigar nada ni a depender del Estado. Solo buscamos la oportunidad de sobrevivir", dice el padre secándose las lágrimas ante la mirada de su mujer e hijos. Frente a las trabas burocráticas y la falta de alternativas burocráticas, la familia fue acogida en una iglesia en Madrid como único refugio.

La historia de esta familia es una de las tantas que llegan a España en busca de refugio en una ola de migrantes no tan visible como las caravanas de centroamericanos que cruzan por tierra México para tratar de llegar a Estados Unidos, pero también numerosa.

La mayoría de solicitantes de asilo que llegaron a España dicen haber conseguido comprar el pasaje de avión con la ayuda de familiares, con lo que recaudan tras vender sus hogares y otras pertenencias o con lo que ganaron en trabajos precarios o clandestinos en otros países latinoamericanos, como Costa Rica o Chile. Además, reservan unos días de hostal en Madrid, un requesito necesario para acceder a la frontera española como turistas.

Según datos del Ministerio del Interior español, entre el 1 de enero y el 30 de septiembre de 2018, cerca de 5,000 centroamericanos (especialmente de El Salvador, Honduras y Nicaragua) pidieron asilo en el país europeo.

El muro burocrático

Pero mientras medio mundo mira expectante a las barreras fronterizas del presidente Donald Trump, quienes llegan a España huyendo de la violencia y buscando refugio también se han topado con medidas disuasorias y una cadena de trabas para solicitar asilo.


Para conseguir una cita para formalizar la petición de protección internacional, los migrantes deben enfrentarse a colas durante día y noche y aguantar frío y lluvias a la intemperie en las inmediaciones de la Brigada de Extranjería en Madrid.

Este procedimiento se convirtió en presencial en mayo de este año cuando dejó de estar operativo un número de teléfono destinado a ese fin. Desde entonces, los funcionarios atendían en torno a 80 personas diarias y expedían citas para finales de 2020 para las entrevistas en las que podían formalizar la petición de asilo, una larga espera que aboca a los solicitantes a un limbo y que los mantiene al margen del sistema de ayudas y protección.

No obstante, todo cambió después de que medio centenar de familias solicitantes de asilo presentaran sus quejas ante el Defensor del Pueblo, lo que movilizó a las instituciones hasta conseguir la extinción de las filas en la calle y la agilización de los trámites de petición de asilo.

Pese a estas rectificaciones, muchas de las familias solicitantes de protección internacional, con menores a su cargo, están en situación de calle en la capital, Madrid.

Por un lado, el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, como órgano competente en el seguimiento y el acompañamiento de los solicitantes de asilo, está fallando en los dispositivos de primer alojamiento de emergencia para quienes no tienen un techo donde dormir y donde se cubren sus necesidades más básicas hasta que son derivados a centros de acogida de larga estancia que son gestionados por entidades como Cruz Roja o la Comisión Española de Ayuda al Refugiado.

Por otra parte, aunque el Ayuntamiento de Madrid no tiene competencia directa en materia de refugio, atiende a algunas de estas personas, al considerar que están en una situación de emergencia social. Sin embargo, los recursos de los que dispone se han saturado. Esto provocó que el pasado 16 de noviembre, varias familias procedentes de El Salvador, Nicaragua, Colombia, Venezuela y Georgia fueran desalojadas de la sede central del servicio municipal de emergencias, donde en ocasiones anteriores les habían permitido pasar la noche en la recepción.

Acogidos por la ciudadanía

Aquel día, más de 30 personas de ocho familias con once niños y niñas y una mujer embarazada encontraron un lugar donde dormir. Después de caminar en grupo por el centro de Madrid, cuidándose unos a otros y acompañados por algunos voluntarios de la Red Solidaria de Acogida y la Coordinadora de Barrios, llegaron a la Parroquia San Carlos Borromeo, en el madrileño barrio de Vallecas.


"Bienvenidos, esta es vuestra casa", les recibió el párroco Javier Baeza. Dentro les esperaban con el calor que desprende la acogida ciudadana. También estaba allí la familia de Alex, que ya llevaban días acogidos y se encargaron de preparar una cena caliente para el recibimiento. Carolina*, su madre, días más tarde confesaba emocionada que "fue hermoso tener la oportunidad de poder ayudar a las familias que vinieron después".

Desde entonces, esta iglesia no ha dejado de recibir diariamente a familias con niños que no tienen dónde vivir ni acompañamiento psicosocial o asesoría legal.

Según los últimos datos oficiales, Venezuela, Colombia, Siria, Honduras y El Salvador, (por este orden) son los países de origen de las solicitudes de asilo más recibidas en España. La mayoría de estas nacionalidades coinciden con la de las más de 100 personas que, en dos semanas, han pasado por la parroquia madrileña y que previamente solicitaron sin éxito ser atendidas en dispositivos de acogida de emergencia para solicitantes de asilo.

Allí hay personas como el colombiano Gerardo González, que junto con su esposa, hijos, nieto y nuera, dice que decidió salir del departamento de Buenaventura, uno de los más castigados por el conflicto en Colombia, “para salvar sus vidas”; como Anielka, que huyó de la represión instaurada por el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, y que en Madrid se vio en la calle con sus dos hijos pequeños, de tres y nueve años. O como Estela*, venezolana embarazada de seis meses, que por fin fue capaz de sonreír tras haber pasado diez días deambulando por Madrid y diez noches resguardada en una boca de metro junto a su esposo y su hijo de dos años.

Todos tienen en común un camino adverso, pero ahora también les une el abrazo de la ciudadanía que, con el propósito de dar de lado a la caridad y dar paso a la defensa de los derechos humanos, lleva tiempo cubriendo las carencias o ausencias de las propias instituciones.

(*) Algunos nombres han sido modificados, con el fin de preservar el anonimato de las personas afectadas.


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