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El dolor de una madre deportada sin su hija: “Ya no quiero que me vacunen”, le dijo la niña

Paulina Gutiérrez Alonzo fue separada de su hija y deportada sin ella a Guatemala. Tres meses después, la niña sigue recluida en un albergue en Arizona y al hablar con su madre se queja porque la están vacunando.
30 Jul 2018 – 07:15 PM EDT
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Paulina Gutiérrez Alonzo es una humilde mujer de 27 años, que vive en medio de la pobreza en el municipio de Joyabaj, a unos cien kilómetros al noroeste de la Ciudad de Guatemala. En busca de un futuro mejor para su hija, Antonia Yolanda, de solo siete años, le pagó a un coyote para que las trajera a Estados Unidos.

Joyabaj es uno de los municipios más pobres de Guatemala . Según datos del portal deguate.com el 87% de la población –indígena en su gran mayoría– vive en la pobreza y su población menor de 20 años –un 60% del total– tiene muy pocas oportunidades de progresar. Su única esperanza es la migración.

Eso explica porqué Paulina decidió correr el riesgo y emprendió la dura travesía que las traería a Estados Unidos. Pero al igual que miles de centroamericanos más que toman el mismo camino, Paulina y su hija fueron detenidas por la Patrulla Fronteriza al cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

Por la época en que llegaron a Estados Unidos estaba en plena ejecución la política de “Tolerancia cero” de la administración de Donald Trump, que criminalizó la entrada ilegal al país. Al tener un cargo criminal, los adultos no podían permanecer con sus hijos. Paulina y Antonia fueron separadas el mismo día de su detención. A Paulina la encerraron en un centro de detención de ICE y a su hija –según supo después– la llevaron a un albergue de Southwest Key, en Phoenix, Arizona.

En entrevista con el Noticiero Digital de Univision , desde su casa en Joyabaj, Paulina contó que la tuvieron encerrada durante 20 días, al cabo de los cuales la deportaron a Guatemala. “Me mandaron a firmar una papeles. Me dijeron que si firmaba tendría a mi hija en de dos meses, o por ahí. Por eso yo me vine. Que si no lo hacía iba a tardar como ocho meses o un año”.

Han pasado tres meses desde entonces, y Antonia Yolanda sigue en Estados Unidos. Paulina dice que habla dos veces por semana con ella, y que la niña no deja de llorar. Pero lo que más le preocupa es que en una de las conversaciones Antonia le dijo que la estaban vacunando. “A mí no me gusta que me estén vacunando aquí”, le dijo.


La voz de la niña tenía un tono de súplica: “Cuando yo estaba llorando mucho, me vacunaron tres vacunas. Ahorita ya no quiero estar más triste, mama. Ya no quiero que me vacunen”. La voz de Paulina se quiebra cuando cuenta lo que le dijo su hija. Y la duda queda en el aire. ¿A qué se refiere Antonia Yolanda cuando habla de vacunas.

Según la ORR, dependencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) que maneja los contratos con organizaciones privadas para dar albergue a los niños de acompañados (y, en este caso, a los separados de sus familias) que son aprehendidos en la frontera, los menores pueden ser vacunados mientras están bajo su custodia.

“Los niños de Centroamérica a menudo participan en programas de vacunación infantil, similares a los de los Estados Unidos, y muchos habrán recibido vacunas contra enfermedades prevenibles. Sin embargo, algunas vacunas no se ofrecen, no han estado disponibles por mucho tiempo o no se usan ampliamente, como la varicela, la influenza y las vacunas antineumocócicas”, dice uno de sus documentos.

“Para ser cauteloso, ORR recomienda que los niños sin documentos de vacuna reciban las vacunas de acuerdo con el calendario de vacunación de puesta al día del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP). Los niños son vacunados con múltiples vacunas antes de ser liberados del Programa financiado por ORR en una comunidad”, dice el documento.

Univision trató infructuosamente de comunicarse con la Administración de Niños y Familias del HHS y con el albergue de Southwest Key donde se supone que está recluida la niña para saber si, efectivamente, Antonia Yolanda había sido vacunada y qué tipo de vacunas le fueron aplicadas.

Lo cierto es que de acuerdo con las organizaciones defensoras de inmigrantes, la niña no ha debido ser separada de su madre. Y que, de acuerdo con los requerimiento de la popia justicia, si fue separada después de cruzar la frontera ya debió haberse producido la reunificación familiar.

“Todo lo que quiero es que el gobierno me mande a mi hija, porque yo quiero estar con ella aquí”, dijo Paulina a Univision Noticias. Y el suyo es uno apenas de cerca de 500 casos de padres deportados sin sus hijos, según los datos más recientes.

Esta es la historia hace parte del proyecto de ProPublica en alianza con Univision y otros medios, que busca identificar y poner en contacto a niños y padres separados en la frontera. Si conoces algún caso de niños inmigrantes separados de sus padres o niños que entraron solos a EEUU y fueron detenidos, o de padres que hayan sido deportados sin sus hijos, llena este formulario.

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