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Inmigración

"Los patrones siguen abusando": el personaje de 'Cleo' inspira la lucha de las empleadas domésticas hispanas en EEUU

Estas tres migrantes que se sienten como la protagonista de 'Roma' luchan contra los abusos de sus patrones en Estados Unidos, que les pagan un raquítico sueldo y ninguna prestación laboral. La aclamada película, nominada en diez categorías de los premios Oscar, se ha vuelto la bandera de una campaña nacional que busca mejores condiciones para estas humildes mujeres, varias indocumentadas.
24 Feb 2019 – 10:30 AM EST

LOS ÁNGELES, California.- Diana López no guarda un solo recuerdo amable de los siete años que pasó limpiando las mansiones y el hotel de una familia millonaria en el sur de California. Asegura que la forzaban a trapear los pisos de rodillas, que le pagaban una miseria, que la revisaban antes de irse para verificar que no les robara y que ni en los días lluviosos la dejaron comer dentro de la casa.

“La señora abusaba mucho cuando uno no hacía bien las cosas. Decía: ‘Ustedes, los mexicanos, son basura’”, cuenta López, una mexicana que sigue llorando al recordar tantas vejaciones. “Le di todo a mis patrones para que después me dijeran: ‘tú no me sirves, ya no eres nada’”, lamenta.

Diana es originaria de la Ciudad de México y es indocumentada. Tiene 36 años. Es madre de cuatro hijos, de los cuales dos están en su país y los otros en California. Llegó a Estados Unidos en 2003 y su único oficio ha sido limpiar casas, un extenuante trabajo que ya le pasó factura: se lastimó la espalda y enfermó de estrés.

Ella asegura, sin embargo, que su dolor más fuerte es emocional y que esa mala patrona sigue en sus pesadillas. “Yo no le decía nada: me quedaba sin trabajo. Me tragaba mi coraje, para comer”, menciona.

Ese infierno laboral acabó con otra irregularidad. La despidieron cuando se enteraron que estaba embarazada. No le dieron un centavo extra por su servicio. “Nunca había pasado tanta humillación”, dice con lágrimas.

Las trabajadoras del hogar, niñeras y cuidadores de personas, oficios que ejercen más de dos millones de personas en EEUU, principalmente migrantes, han ganado notoriedad gracias a ‘Roma’, la aclamada película del director mexicano Alfonso Cuarón. Su proyecto cinematográfico más personal tiene diez nominaciones al Oscar y los críticos creen que puede llevarse varias estatuillas este domingo.

El filme es un retrato íntimo sobre Cleo, la empleada doméstica en la casa de una familia de clase media en la colonia Roma, en la capital mexicana. Esa indígena es interpretada magistralmente por la oaxaqueña Yalitza Aparicio, quien compite en la terna de mejor actriz.


“A veces el trato no es muy justo"

El personaje de Cleo en ‘Roma’ muestra los contrastes de este empleo: ella pasa en un instante de los apapachos de los niños que ayuda a criar, a su labor sin descanso en la casa donde trabaja y vive. En ese hogar, que representa al del propio Cuarón en su infancia, ella es la primera en despertar y la última en dormirse.

Según Patricia Salazar, una veracruzana de 55 años que ha sido empleada doméstica en el área de Los Ángeles desde hace 21, el ejemplo de Cleo sirve para exponer la que ella considera una “esclavitud”, porque jamás le dan un respiro a la pobre sirvienta.

“A veces el trato no es muy justo, a pesar de que lo das todo cuidándoles a los niños o limpiando sus casas. Deberíamos ser personas de confianza, pero los patrones siguen abusando, no solo en lo verbal, sino en lo económico”, advierte.

Patricia lo dice con conocimiento de causa: un par de veces no le han pagado. Ella dice que la primera mala experiencia fue la peor. Ocurrió en el año 2010 en un complejo de apartamentos en Valencia. Después de duras jornadas que empezaban muy temprano y terminaban ya entrada la noche, el hombre que la contrató le entregó un cheque por 1,200 dólares que no tenía fondos. Jamás lo volvió a ver.

“Perdí tiempo y dinero. Eso fue mucho abuso. Fue lo más humillante para mí”, dice esta madre de cuatro hijos que emigró de México por primera vez en la década de 1990 y se quedó definitivamente en el año 2000. En su país era estilista y tenía un salón de belleza. Aquí, por no tener papeles, tuvo que comenzar desde abajo, limpiando lujosas residencias en el norte del condado de Los Ángeles.


Ella relata que hasta 2013, cuando se acercó a una organización que le dijo cuáles son sus derechos, supo que ser indocumentada no le impide exigir un pago justo. Ahora lo pone a prueba cada vez que quieren verle la cara. “De ahí para acá me defiendo”, asegura con una sonrisa.

Esta mujer se volvió activista y ha ido varias veces a Sacramento, donde está la sede del gobierno estatal, para exigir un mejor trato para ella y sus compañeras.

Su esfuerzo no ha sido en vano. California es uno de los ocho estados que han promulgado leyes que protegen a este sector laboral, como la que exige el pago de horas extras cuando trabajan más de 45 horas, una norma que entró en vigor en 2014 subrayando que todo lo que estas mujeres hacen “no se ha respetado en el pasado”.

En la miseria y explotadas

Entre la gama de oficios que realizan los indocumentados, uno de los peor pagados es el que ejercen las empleadas domésticas. Su ingreso anual promedio es de apenas 10,210 dólares y el 64% de ellas vive literalmente en la miseria, estando hasta dos veces por debajo del nivel de pobreza, de acuerdo con un detallado estudio sobre ese gremio que publicó en 2013 el Economic Policy Institute (EPI).

Su perfil medio es el de una hispana con baja escolaridad y sin ciudadanía estadounidense.

Así lo detalla el reporte de EPI: el 96.8% de los trabajadores del hogar es mujer; el 54.3% es hispano; el 37.9% estudió menos del último año de la preparatoria; el 55% tiene entre 23 y 49 años; y el 47% es residente legal o indocumentado (el análisis lo identifica como ‘no naturalizado’).

En 2013, ellas ganaban un promedio de 10.21 dólares por hora, casi la mitad de lo que recibían los trabajadores en otras ocupaciones.

También están en desventaja respecto a las prestaciones laborales que reciben otros empleados: solo el 7% tiene un plan de retiro y apenas el 12.2% cuenta con seguro médico.

La mayoría trabaja en California (23% del total), Texas (12%), Nueva York (9.9%) y Florida (9.6%).

'Roma' y las otras Cleo

La Alianza Nacional de las Trabajadoras del Hogar (NDWA), con 125,000 miembros en varias ciudades, vela por estas mujeres desde hace 12 años. Alfonso Cuarón se acercó a esta organización antes de que ‘Roma’ estuviera en boca de todos y de que su protagonista alcanzara los cuernos de la Luna. Juntos relanzaron una campaña nacional que aboga por mejores condiciones laborales.

“Acompáñenme a garantizar que más dos millones de empleadas domésticas en Estados Unidos ganen respecto, dignidad y la oportunidad económica que ellas y sus familias merecen”, pide Cuarón en un video publicado en YouTube pocos días antes de la ceremonia de los Oscar.

El galardonado cineasta, quien basó su filme en la vida de su nana Libo, también hizo un llamado a los patrones para que se registren en una plataforma digital diseñada para depositar dinero en un fondo del cual las mujeres que asean sus casas puedan disponer cuando están enfermas, de vacaciones y se hayan retirado. Ellas creen que este recurso es incluso mejor que aumentarles el sueldo.

Con ese objetivo, ‘Roma’ ha sido proyectada en eventos comunitarios en varias municipalidades ante unas 1,000 empleadas del hogar, volviéndose -al final- en un tema de debate. Este domingo, a la par de la ceremonia de los Oscar, habrá una gala en Los Ángeles en la cual las invitadas de honor serán unas 40 trabajadoras domésticas de Nueva York, Atlanta, Miami, San Francisco, Boston, Seattle y de esta ciudad.

Una ley pendiente desde 1960

La película ‘Roma’ es asimismo la bandera de un esfuerzo que trata de convencer al nuevo Congreso de que urge aprobar la llamada Carta de Derechos para las trabajadoras del hogar a nivel nacional. Cuarón también ha pedido hacer cabildeo a través de llamadas telefónicas para ganar apoyo legislativo.

Dicho proyecto de ley otorgaría los derechos que desde mucho tiempo tienen otros trabajadores: establecería jornadas justas con períodos para descansar y comer, así como días de enfermedad pagados, acceso al cuidado de salud y ahorros para la jubilación.

También fortalecería las reglas para prevenir represalias por haber reportado problemas o violaciones de sus derechos, daría más apoyo a las víctimas de acoso y agresiones sexuales, y crearía un grupo de trabajo federal que haría cumplir dichas garantías.

Se espera que esta propuesta de ley sea presentada en unos días por la senadora demócrata Kamala Harris, quien es precandidata presidencial.

“Ellas han sido excluidas por décadas de las leyes básicas de los trabajadores”, dijo Mónica Ramírez, directora de campañas de justicia de género de la NDWA.

Ramírez cuenta que una ley similar se acaricia desde hace más de 50 años, cuando la empleada doméstica afroamericana Dorothy Lee Bolden abogó por su gremio durante el movimiento de los derechos civiles de la década de 1960. Por eso, la urgencia de aprobar un acta de derechos.

“Pasa muy seguido que no les quieren pagar, que las acosan sexualmente y si se lastiman en el trabajo no hay ayuda para ellas. Y no se quejan por temor a que haya represalias contra ellas”, describe.

A decir de Ramírez, ‘Roma’ ha puesto los reflectores sobre este oficio cuando más se necesita.

“Antes de la película casi nadie era consciente de las trabajadoras del hogar, quienes no solo limpian las casas, sino que brindan todo este apoyo emocional a las familias”, reflexionó.


El miedo a las deportaciones

Mireya González ha conversado con varias trabajadoras del hogar en California sobre las similitudes y diferencias entre “las Cleo de allá y las de acá”. La conclusión es que el filme de Cuarón toca los retos del gremio al otro lado de la frontera, que no son los mismos que enfrentan las que están en EEUU.

Aquí, explica, varias aguantan los abusos por miedo a que las denuncien a la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE), cuyas políticas se han endurecido durante el gobierno de Trump, y las deporten.

“Muchas de las compañeras dicen: ‘no nos identificamos tanto con Cleo porque aquí tenemos el extra de no tener documentos’. Piensan que aquí si te quejas te va peor”, comparte Mireya.

Heidi Shierholz, la autora del estudio del Economic Policy Institute sobre este sector, concluye que además de establecer normas que protejan a estas mujeres, es necesario ofrecerles "una reforma migratoria integral” que eleve sus salarios y condiciones laborales.

Si ellas tienen documentos serán “menos vulnerables a la explotación”, cita en sus conclusiones.

Hace nueve años, en medio de un largo período sin empleo formal, Mireya comenzó a limpiar casas en Inland Empire, la zona desértica al este de Los Ángeles. Pasó seis meses complicados y tocó fondo el día en que lavó sin guantes un sanitario que tenía excremento seco hasta en las paredes.

“Me acuerdo que limpié ese baño llorando”, relata con un nudo en la garganta.

Desde hace cinco años ella es organizadora de estas mujeres y se ha enterado de todo tipo de abusos, como robo de salarios, agresiones verbales y hasta daños a su salud. “Hay muchas muchachas que están enfermas de la garganta por el cloro y el amoniaco que usan para lavar los baños”, afirma.

La queja más común es por “la patrona exigente” que no quiere pagar, que las retiene para que limpien de nuevo y hasta les amenaza con llamar a la Policía inventando un robo. “Es muy común que la dueña de la casa diga: ‘no me gustó lo que hiciste’, ‘te voy a pagar menos’, ‘regresa a hacerlo bien’ o ‘no te voy a pagar’. Eso es robo de salario”, exclama la organizadora.

Mireya dice que la clave es empoderar a estas mujeres educándolas sobre sus derechos. "Que sepan que a pesar de que son indocumentadas no deben aguantar esas humillaciones”, concluye.


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