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"La película Roma es una carta de amor a las empleadas domésticas indígenas", dice su protagonista, Yalitza Aparicio

Nunca vio en el cine mujeres como ella y por eso nunca imaginó que pudiera llegar a ser una actriz. Sin embargo, esta joven de 26 años de Oaxaca, México, aceptó el reto de interpretar a Cleo, la protagonista de la nueva película del director mexicano Alfonso Cuarón. Su papel es un homenaje a esas trabajadoras domésticas que la sociedad nunca mira. La cinta está ahora disponible en Netflix.
15 Dic 2018 – 11:45 AM EST

Lo primero que pensó Yalitza Aparicio cuando recibió la propuesta formal para ser la protagonista de una importante película que se iba a rodar en la Ciudad de México era que todo se trataba de una gran estafa. Tenía toda la razón para desconfiar; en el cine no había mujeres como ella. “Yo, al menos en mis 26 años, no recordaba haber visto alguien siquiera parecido a mi gente en las pocas pantallas que había en el pueblo”, recuerda con gracia Yalitza por la bocina del teléfono. Por el contrario, las noticias sí estaban llenas de robos de jovencitas que se ajustaban perfectamente a su perfil.

La productora de la película ‘Roma’, el ambicioso e intimista proyecto del director galardonado con varios premios Oscar Alfonso Cuarón, tuvo que llenar la mesa del comedor de la casa de la familia Aparicio con papeles que certificaban que se trataba de un proyecto serio y real. Eran demasiados años de invisibilidad para que, de repente, una comunidad indígena de la zona de Oaxaca simplemente creyera que un importante director había escogido a una de sus muchachas, recién graduada de maestra de preescolar, para protagonizar su cinta.


El nombre de Alfonso Cuarón tampoco les servía de garantía, simplemente no sabían quién era. “Yo tuve que buscarlo por Internet para entender por qué todo el mundo parecía tan emocionado con tan solo nombrarlo”, le confesó Yalitza a Univision Noticias, quien después de mucho dudarlo decidió hacer el viaje a la Ciudad de México acompañada de su madre para descubrir que no solo había verdaderamente una gran producción a su espera, sino para darse cuenta de la relevancia de su personaje.

Yalitza fue elegida para interpretar a Cleo, el personaje protagónico de la cinta que recrea la vida de una niñera indígena que trabaja para una familia de clase media, que tiene cuatro hijos y que vive en la colonia Roma, en el México de los años 70. El personaje estaba inspirado en Libo, la nana real que el director Alfonso Cuarón tuvo durante su infancia y a quien quería reconocer después de tantos años de cuidado. Era su homenaje íntimo no solo a la mujer indígena que lo vio crecer sino a todo el matriarcado en el que fue criado, un emporio femenino que se desentraña muy bien en la cinta al quedar evidenciado que los hombres están siempre huyendo, abandonándolas a ellas y a sus hijos.


“Con mi papel de Cleo lo primero que quise fue hacerle un homenaje a esa labor que por tantos años hizo mi mamá siendo empleada doméstica y niñera. Sin embargo, yo no podía sospechar el impacto que tendría esta cinta, porque terminé por darme cuenta de que no solo era un homenaje para ella, sino una carta de amor y reivindicación a las empleadas domésticas indígenas de tantas casas mexicanas que han pasado por situaciones similares”.

Efectivamente, sin sospecharlo, Yalitza con su rol de Cleo se había convertido en la figura emblema de una basta población pocas veces mirada por los medios, ínfimamente narrada en México y sí ampliamente ignorada por una sociedad en donde, como lo muestra la película, parece normal que haya personas que le sirvan a familias extrañas durante toda su vida.

Al aceptar el reto de protagonizar una película –aunque no tuviera idea de lo que era actuar y aunque nunca le hubieran dado un guión previo para entender los desenlaces de su personaje– esta joven indígena estaba inesperadamente representando a 2,3 millones de trabajadoras domésticas que se calcula hay en México, incluidas las 225,000 que solo trabajan en la capital, de las cuales, el 90% son mujeres indígenas que se han movido de zonas rurales a las ciudades para conseguir trabajo.


“A Cleo la sentí cercana desde el principio pues mi mamá había trabajado en eso y tenía la noción de algunas cosas, pero en cuanto a sus emociones esas sí las fui descubriendo en esa grande casona que por meses fue el set de grabación. Solo ahí comprendí por lo que pasaba mi mamá y mujeres cómo ella, sólo ahí fui descubriendo el inmenso afecto que le llegas a tomar a la familia para la que trabajas”.

Con ‘Roma’, Cuarón ha hecho un filme en blanco y negro que con un ritmo lento –casi como si retratara el ritmo anodino de la vida– y con costosas recreaciones de escenarios de los años 70 y con una fotografía preciosa, desentraña esa relación particular que crean las familias de clase media mexicanas con mujeres que trabajan la mayoría de veces internadas en sus casas encargándose de la casa y siendo responsables de la crianza de los niños.

Aunque como se lo reconoció la actriz Marina de Tavira –que encarna el papel de Sofía, la señora ama de casa– a Univision Noticias, "esta película permite voltear el foco hacia una comunidad que merece todo el reconocimiento y la restauración después de no vérsele a los ojos por décadas”, también es cierto que el filme parece gozar de un cierto idealismo que puede ser fruto de la incapacidad del mismo director mexicano de comprender por completo las dificultades de estas mujeres indígenas, incluso cuando es solidario y respetuoso con ellas.


Mientras la audiencia es testigo de la abrumadora actuación de Cleo, que parece ser siempre un misterio a desentrañar, y mientras se pone en evidencia las tensiones políticas que aquejaban al país en esas épocas es imposible no preguntarse como espectador por qué resulta tan natural que las mujeres indígenas le sirvan a una clase blanca acomodada. Resulta imposible no plantearse si ya no es hora no solo de ver esta realidad desde una película sino empezar a cambiar evidencias que, lejos de la ficción y apegados a serios estudios, han encontrado que la mayoría de estas mujeres no pueden hablar en su lengua natal, trabajan 11 horas o más al día y en un 30% no tienen ningún tipo de descanso.

El amor y la cierta armonía con la que se desenvuelven las relaciones entre la familia y Cleo, sin embargo, dejan evidencia de la otra gran razón por la que Yalitza Aparicio está feliz de haber, finalmente, aceptado este personaje que ahora la lleva incluso a pensar en una nominación al Oscar: “Esta es una película sobre la fortaleza de las mujeres, sobre cómo el amor a la familia es una fuerza poderosa que, sin importar tu raza o tu clase, nos mueve a las mujeres a seguir adelante. Es también una película sobre los dolores escondidos, y cómo todos los llevamos en el alma”.

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