null: nullpx
Elecciones

La nostalgia por Obama hace que el presidente sea hoy tan popular como Ronald Reagan

Este abril, según el índice que Gallup actualiza a diario, más del 50% de los ciudadanos cree que la gestión del presidente es buena. Cerca del 45% la desaprueba. Obama no tenía un nivel de apoyo tan elevado desde su reelección.
1 May 2016 – 2:54 PM EDT

Por María Ramírez

El presidente Barack Obama subió este sábado por la noche al podio de la cena de los corresponsales de la Casa Blanca con el estribillo “ You’re gonna miss me when I’m gone” de la canción When I’m Gone de Anna Kendrick. “No lo podéis decir, pero sabéis que es verdad”, dijo Obama ante el público de periodistas, políticos y actores que se reúne cada abril en un hotel de Washington para la cena más chistosa del año.

Pero más allá de las bromas, el presidente se encargó de subrayar que su nivel de popularidad está en máximos históricos. En 2012, Obama llegó a la campaña de reelección con un apoyo ciudadano tan bajo como el de George W. Bush, algo que hizo peligrar su mayoría en noviembre contra Mitt Romney.

Este abril, sin embargo, según el índice que Gallup actualiza a diario, más del 50% de los ciudadanos cree que su gestión es buena. Cerca del 45% la desaprueba. Obama no tenía un nivel de apoyo tan elevado desde su reelección. En el mismo punto de su segundo mandato, en 2008, Bush tenía un respaldo del 28% y una oposición del 67%. Obama tiene ahora el mismo nivel de aprobación que Ronald Reagan a principios de mayo de 1988, en su último año como presidente, según el índice de Gallup.

En el primer trimestre de 2016, la media del índice de popularidad de referencia fue del 49,5%, sus mejores tres meses desde justo después de su segunda toma de posesión en enero de 2013, un momento en el que tradicionalmente mejora la imagen de todos los presidentes.

Su popularidad contrasta con la de los líderes de la carrera tanto en el lado demócrata como en el republicano. Donald Trump y Hillary Clinton son dos aspirantes a la Casa Blanca que despiertan una animadversión inusual en una parte del electorado. El caso de Trump es más extremo y bipartidista, pero Clinton también sigue encontrando resistencia incluso en su partido, especialmente entre los más jóvenes.

Clinton cuenta en su base de fieles con algunos de los seguidores de Obama de hace cuatro y ocho años, especialmente afroamericanos, hispanos y parte de las mujeres. Los jóvenes, una parte del electorado también esencial para Obama, se han pasado de momento a Bernie Sanders, que aun así no ha conseguido formar a su alrededor un movimiento tan fuerte como el del actual presidente. La nostalgia por el presidente saliente ya ha empezado también entre quienes apoyan ahora a Clinton.


Pamela Hovlanb, diseñadora y profesora de arte en la Universidad de Yale, hablaba con cierta sensación de pérdida hace unos días en el gimnasio de la Universidad de Bridgeport, en Connecticut, durante un mitin de Clinton.

Tiene claro que va a votar por la ex secretaria de Estado y alaba su preparación, su experiencia y sus conexiones en Washington, pero también siente que algo acaba con Obama. En 2008, apoyaba a Clinton al principio, pero acabó votando en Connecticut por Obama porque se sintió “cautivada”.

Esta vez votó en su estado por Clinton aunque le gustara también Sanders y lo sugiera como buen vicepresidente. Pero reconoce que no ha visto en ninguno de los dos lo que vio en 2008 en Obama. “No creo que ni Bernie ni Hillary tengan el mismo tipo de aura que él tenía. Era difícil que no te atrapara”, dice.

En Bridgeport, con su amiga Liz Bayer, una abogada que también vive en Connecticut, comentaba cuánto le iban a echar de menos: “Vamos a echar tanto de menos la increíble elegancia, inteligencia y empatía del presidente que hemos tenido. Es una persona especial. Ha sido un presidente especial pese a sus fallos”.


La recuperación de la popularidad de los presidentes cuando están más cerca de la salida es un fenómeno habitual en electorado americano. Hay una parte de nostalgia del pasado o aprecio por la familiaridad de quien ha estado tantos años en la Casa Blanca. En ocasiones, el repunte ha coincidido con momentos de mejora de la economía. El récord de popularidad en los últimos meses de su mandato lo tiene Bill Clinton y en su caso coincidió con el boomeconómico de las tecnologías en 2000, la promesa de lo que iban a ser (y no fueron) los go-go years.

En el caso de Obama, Estados Unidos se ha recuperado de la crisis tras duros golpes a la clase media. El paro está ahora por debajo del 5%, aunque en parte se deba a que parte de los desempleados han dejado de buscar trabajo o han aceptado uno peor al que tenían. Es la mitad respecto al comienzo de la crisis. El déficit público ha bajado y la economía estadounidense está creciendo más rápido que las demás occidentales.

Aun así, algo se ha perdido por el camino cuando Trump, Clinton y Sanders consiguen apoyos recordando lo difícil que es para muchos votantes de clase media llegar a fin de mes, lo que cuesta pagar los créditos para estudiar o cómo para algunas empresas es más barato producir en México o China.

El resultado ha sido un país más polarizado y donde el tono del discurso es lo contrario que predicaba Obama cuando se presentó en 2008. Su aspiración un Estados Unidos por encima de los “estados rojos” y “estados azules” parece ahora más lejos que entonces.

El presidente bromeaba sobre ello en la cena de corresponsales de la Casa Blanca el sábado: “Hace ocho años, dije que quería cambiar el tono de nuestra política. En perspectiva, claramente debería haber sido más específico”.


Este artículo fue publicado primeramente en Pol16 de Univision.

Lea también:


Más contenido de tu interés