Elecciones 2018

Este condado es un bastión histórico de los republicanos: ahora podrían perderlo en noviembre

El condado de Orange, en California, era considerado como un lugar seguro para los republicanos... hasta ahora. Los cambios de las últimos años, debidos en parte al crecimiento de los latinos, han hecho que los demócratas piensen en arrebatárselo en las elecciones de mitad de periodo.
14 Oct 2018 – 2:20 PM EDT

El condado de Orange, en California, podría hacer historia en las elecciones de mitad de periodo al teñirse por completo de azul. Sus cambios demográficos, además del efecto político de Donald Trump han ayudado a los demócratas a ganar terreno en el famoso 'OC', considerado un bastión del Partido Republicano en este estado.

Durante las últimas ocho décadas el condado de Orange se ha conocido por ser un enclave republicano. No por nada el mismo Ronald Reagan bromeaba con que era el lugar “donde van los republicanos buenos antes de morir”. Pero la imagen de John Wayne en el aeropuerto es lo único que realmente ha logrado mantenerse desde aquellos tiempos.

“El condado de Orange se está tornando azul. Ha sido un proceso largo, solía ser el centro de la política del Partido Republicano en el estado donde personas como Richard Nixon y Ronald Reagan comenzaron sus carreras. Desde 1990 había una ventaja de 22% en el registro para los republicanos, hoy esa ventaja es de 2.5%. Eso es primeramente por el crecimiento de los votantes latinos”, explicó a Univisión Noticias Fred Smoller, profesor de política y ciencias sociales en la Universidad de Chapman en el condado de Orange.

“Todavía hay ciertos enclaves republicanos en el área, como Costa Mesa, New Port Beach... todavía son fuertes, pero creo que veremos cambios significativos en las votaciones congresionales de las elecciones de mitad de periodo. Creo que existe una posibilidad real de que los demócratas obtengan de 2 a 3 escaños nuevos”, agregó.

Cambios demográficos

En 2016 por primera vez desde la década del 30 un candidato presidencial demócrata ganó el condado. Desde entonces, este partido dio prioridad al sector en los esfuerzos de campaña.

Este deseo está acompañado de una realidad indiscutible: los cambios demográficos en el condado de Orange. Según la oficina del censo de los 3,190,400 residentes del condado un 40.5% son blancos, un 34.2% latino, un 21% asiático y un 2.1% afroamericano, entre otros.

En el año 2000 un 64% de la población del condado era blanca y sólo un 30% hispano y 13% asiático.

Actualmente el condado de Orange está dividido en seis distritos congresionales a nivel federal (distritos 39, 45, 46, 47, 48 y 49). De ellos dos (46 y 47) tienen a un legislador demócrata representándolos en el Congreso y las encuestas consideran los escaños de Lou Correa (46) y Alan Lowenthal (47) como seguros.

En el distrito 48 el republicano Dana Rohrabacher enfrenta una carrera difícil en contra del demócrata Harley Rouda. En las proyecciones de Sabato Crystal Ball la carrera está considerada como un virtual empate. Lo mismo ocurre con los distritos 39 y 45. El primero era representando por Ed Royce, quien anunció su retiro en enero de este año. Ahora el demócrata Gil Cisneros y la republicana Young Kim, están luchando por cada voto.

En el distrito 45 la demócrata Katie Porter le está dando una dura pelea a la republicana y actual representante Mimi Walters. Las encuestas también lo proyectan como un empate.

El republicano Darrell Issa, representante del distrito 49 y una figura reconocida en el condado de Orange y California, anunció su retiro este año, justamente cuando los sondeos indicaban que tendría una batalla cuesta arriba en noviembre. Ahora el demócrata Mike Levin tiene ventaja en las encuestas frente a la republicana Diane Harkey.

“Creo que habrá muchas elecciones muy cerradas en el condado. Será una noche larga con muchos escaños competitivos. Es un área demócrata en alza, que está tratando de levantarse, y creo que este año lo lograrán", dijo a Univisión Noticias Stephen Stambough, profesor de ciencia política en la Universidad estatal de California en Fullerton.

"Cuando combinas el aspecto económico y étnico y cómo los partidos han respondido a eso, entonces ves una oportunidad para que un partido se desarrolle o emerja. Lo que hemos visto es que lentamente durante los últimos 20 años los demócratas comenzaron a crecer en ciertas áreas del condado de Orange", añadió.

Demócratas y republicanos

Las preferencias de los votantes del condado de Orange han variado considerablemente. En 2016 Hillary Clinton superó a Trump por cerca de 5 puntos porcentuales, que se tradujeron en más de 39,000 votos.

Los resultados de la carrera presidencial llenaron de optimismo y esperanza a los demócratas de cara a las elecciones de mitad de periodo.

A principios de este mes el expresidente Barack Obama viajó al condado para entusiasmar a sus residentes. “ Si no damos un paso adelante, las cosas empeorarán. En dos meses tenemos la oportunidad de restaurar cierto nivel de sanidad a nuestra política”, dijo en el Centro de Convenciones de Anaheim, refiriéndose a las elecciones.


Tener a Obama en el área demuestra el nivel de importancia que los demócratas le dan al condado en este ciclo electoral.

Efecto Trump

Los analistas coinciden en que un elemento importante para culminar el giro en la inclinación política del condado es la reacción a Trump en la Casa Blanca.

" Su imagen en el condado es extremadamente desfavorable, comparo al presidente Trump con el gobernador Pete Wilson y la proposición 187. Trump se ha salido del camino para insultar y antagonizar la comunidad hispana, así como Wilson lo hizo. Destruyó a la comunidad latina para los republicanos en California para siempre", recordó Smoller, citando la iniciativa de Wilson en 1994 que proponía negarle a los inmigrantes indocumentados servicios sociales, servicios médicos y educación pública.

"Trump ha energizado a esos votantes y está haciendo el camino mucho más difícil para los republicanos", agregó.

Si los republicanos pierden el condado de Orange, será una de las derrotas más importantes para Trump, pero más allá de la presidencia, será uno de los golpes más duros para el espíritu del partido republicano a nivel nacional y un desastre para su imagen política general.

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