null: nullpx
Elecciones 2016

Trump se estrella contra la sombra de Obama en la recta final de la campaña

La presencia del presidente en New Hampshire deja en evidencia al candidato republicano en las últimas horas de la carrera presidencial.
8 Nov 2016 – 10:45 PM EST

MANCHESTER, New Hampshire.- Lo primero que sorprende al entrar en el pabellón donde Donald Trump celebra su penúltimo evento de campaña son las palabras que se pueden leer en el marcador electrónico: “Presidente 45. Trump 45. 2016”. ¿Es así como el candidato percibe la campaña a la que ha dedicado los últimos 15 meses? ¿Como una batalla contra el hombre cuyos orígenes puso en duda antes de lanzarse a la carrera presidencial?

Solo Trump podría explicar los motivos que le empujaron a lanzar su candidatura en junio de 2015. Pero en varios momentos ha sugerido que el ascenso de Barack Obama tuvo que ver en su decisión. Este lunes los dos apuraron las últimas horas de campaña en New Hampshire, separados por 50 kilómetros en dos eventos tan distintos como su personalidad.

Obama lanzó un discurso optimista en Durham ante una audiencia de estudiantes que apenas tenían 10 años cuando ganó por primera vez la carrera presidencial. Trump subrayó el mensaje apocalíptico de su campaña en Manchester ante una audiencia exasperada y mucho más mayor.

La brecha entre los dos eventos refleja el abismo que ha separado a las dos mitades de Estados Unidos durante esta campaña. La mitad urbana se siente cómoda en un país más diverso que disfruta de las oportunidades de la globalización. La otra mitad añora un país más blanco y recela de los acuerdos comerciales y de la inmigración. Esta nación es mucho más compleja. Pero estas elecciones han acentuado los contrastes y han desdibujado los puntos de encuentro entre quienes creen que las cosas mejoran y quienes piensan que el país está al borde de su destrucción.


El presidente ha sido la némesis de Trump durante la campaña. Al principio en declaraciones casuales y poco a poco en eventos donde ha hecho lo posible por convencer a los jóvenes y a los afroestadounidenses de que merecía la pena votar también esta vez. Muchos de sus seguidores admiten que no se fían de su sucesora pero la mayoría comprenden que hasta qué punto es importante frenar a Trump.

'Secretario de Urbanidad'

Al preguntarle qué echaría de menos de Obama, Anthony, un estudiante afroestadounidense, me decía este lunes que apreciaba haber tenido “un presidente capaz de tomar decisiones con la cabeza fría y no con la bragueta”. Kathleen, una jubilada de una ciudad vecina, decía que Hillary Clinton debería nombrar a Obama “secretario de Urbanidad”.


Un presidente de Estados Unidos toma decisiones, nombra jueces y promueve proyectos de ley. Pero también tiene una función representativa: sus palabras y sus gestos son la imagen pública del país.

“Quién eres y cómo eres: eso no cambia cuando uno entra en el despacho oval”, dijo Obama este lunes. “Ese despacho magnifica lo que eres. Revela lo que eres. Si denigras a las minorías o si llamas a los inmigrantes criminales o si te burlas de los discapacitados o si tratas a las mujeres como objetos, esa es la forma en que te comportarás cuando seas presidente. Así es como se comportará Trump”.


La presencia de Obama en la campaña ha ayudado a Hillary a amplificar los defectos de su adversario. Al escuchar al presidente, se hacían más evidentes las cualidades que le faltan a Trump. Algunas le faltan también a Clinton y se echarán en falta en los próximos meses. Pero los demócratas se las han arreglado durante la campaña para revestir a la candidata de algunas de las virtudes del hombre al que aspira a suceder.

Michelle Obama ha sido decisiva en ese proceso. Su intervención en la campaña ha ayudado a proyectar los defectos del candidato republicano fuera de la cámara de eco demócrata. Al contrario que Hillary, la primera dama es muy popular entre ciudadanos independientes que podrían votar por Trump.

Hace cuatro años ocurrió justo lo contrario. Bill Clinton arropó a Obama en un evento conjunto en Concord (New Hampshire) dos días antes de la jornada electoral. Entonces Obama era un presidente en apuros por los problemas económicos y Clinton era uno de sus mejores portavoces de campaña. Sus éxitos económicos durante los 90 eran la garantía de que Obama era la persona adecuada para sacar al país de las profundidades de la Gran Recesión.

Esta vez Bill ha sido una figura secundaria en la campaña, relegado a eventos pequeños en estados que no son tan importantes para su mujer. A veces ha metido la pata y los episodios más sórdidos de su pasado han ofrecido oxígeno a la campaña de Trump.

Así ha sido como Hillary se ha encomendado al hombre que le arrebató la posibilidad de llegar a la Casa Blanca hace ocho años. El ascenso del ISIS y los problemas de Obamacare son aristas en su legado. Pero la popularidad del presidente roza el 55%, la tasa de paro está por debajo del 5% y Obama es un activo como lo fue Ronald Reagan en 1988 para George H. W. Bush.

Obama ha transformado el país como lo hizo Reagan hace casi cuatro décadas. Estados Unidos es un país más diverso, más abierto y más a la izquierda. También más dividido y más desigual.

Ese legado imperfecto lo heredará pronto uno de los candidatos. Clinton estuvo en Manchester arropada por el Khizr Khan, el musulmán que habló contra el candidato republicano en la convención demócrata. Trump llegó este lunes desfondado antes de volar a Michigan para la última etapa de su sprint final.

En cierto modo el millonario volvió al lugar donde había empezado todo en octubre de 1987, cuando aceptó la invitación de un fabricante de muebles de Portsmouth para pronunciar un discurso que desató los rumores sobre una posible carrera presidencial.

El magnate optó por no arrojar el guante hasta 2015 y muchos se mofaron de sus ambiciones presidenciales cuando bajó por las escaleras de la Torre Trump. Pero se deshizo de 16 aspirantes durante las primarias republicanas con un mensaje incendiario cuya mecha prendió precisamente aquí.

New Hampshire fue el primer estado que votó por Trump en febrero de este año y no llegará a la Casa Blanca si no gana aquí. Quizá por eso el evento de Manchester tuvo un cierto aroma a despedida aunque en realidad fuera el penúltimo de su recta final.


Arropado sobre el escenario por sus hijos y por la familia de su segundo Mike Pence, el candidato recordó su triunfo en las primarias y desveló que había recibido el apoyo de dos deportistas muy populares aquí: el jugador Tom Brady y el entrenador Bill Belichick.

Mitt Romney celebró en este mismo lugar el evento final de su campaña hace cuatro años. Fue una noche bien distinta en el tono y en la escenografía. Este lunes hubo rayos láser y una atmósfera más similar a la de un combate de boxeo que la de una campaña electoral.

En 2012 Ann Romney arropó a su marido. Esta vez Melania no acompañó a Trump.

El candidato dibujó en su discurso un país bien distinto del que pintó Obama en el evento de Durham. Describió las comunidades arrasadas por los acuerdos comerciales, las familias destrozadas por la heroína, las muertes a balazos en los vecindarios de ciudades como Chicago o Baltimore. Son problemas complejos que Trump atribuye a la corrupción de unos líderes entregados a los intereses de una especie de conspiración global.

“Cuando la gente vote mañana, deberá responder una pregunta”, dijo Trump. “ Si quiere que este país lo controle el pueblo o la clase política corrupta”. Acto seguido, miró a cámara y dijo muy serio: “Los políticos han traicionado al pueblo. Mañana la clase obrera les devolverá el golpe. La única lealtad de Hillary es la que siente por los donantes y los intereses especiales. Mi único interés eres tú”.

Contra Warren y Beyoncé

El candidato pronunció su discurso habitual pero lo aderezó con algunos momentos reflexivos sobre la campaña presidencial. Preguntó a la muchedumbre cuándo iba a votar y dijo a sus seguidores que sólo les quedaba un día para lograr el cambio que llevaban esperando “una vida entera”. Saludó varias veces con el puño en alto y casi al final citó al presidente, el hombre que aparecía en el marcador electrónico junto a Trump.

“No hace más que hablar sobre mí y hacer campaña por Hillary”, dijo. “Luego hablan de la capa de ozono. ¡Es un chiste! El presidente no debería estar haciendo campaña sino creando empleos, asegurando nuestras fronteras, luchando contra la corrupción”.

Fue un ataque breve pero frontal contra el líder que mejor simboliza la América contra la que lucha Trump. Pero quizá no es una estrategia inteligente en un candidato que necesita ganar en estados demócratas donde Obama es aún muy popular.

Trump insultó a la senadora Elizabeth Warren y habló mal de Jay-Z, Beyoncé y otros artistas que han hecho campaña por Clinton. Su discurso en Manchester fue un catálogo de los excesos de su campaña y apenas dejó huella. No se quedó a firmar gorras y la audiencia enseguida desalojó el pabellón.

Unas horas antes, Obama había lanzado una advertencia en Durham al hombre que amenaza su legado y había defendido a la mujer llamada a sucederle en el despacho oval.

“Hemos aceptado las cosas absurdas como si fueran normales”, dijo Obama casi al final de su discurso de Durham. “Hemos sufrido esa táctica de decir mentiras y lanzar ataques absurdos para que se repitan sin parar en Facebook. He escuchado algunas de esas chorradas que se dicen sobre Hillary. Conozco a Hillary. Me presenté contra Hillary. Ella no me ayudó. Pero ella trabajó para mí y es alguien que ha dedicado su vida a mejorar este país”.

Los demócratas necesitan que los jóvenes que ayudaron a elegir a Obama escuchen de nuevo al presidente para deshacer el empate que reflejaba el marcador electrónico de Manchester. Algunos votarán por Hillary. Muchos más votarán para derrotar a Trump.

Univision Noticias ofrecerá los resultados en vivo de las elecciones presidenciales este martes a partir de las 07:00 pm ET.

Más contenido de tu interés