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La visita de Trump a Portsmouth en el diario local.

Una ballena, un helicóptero y un concejal: así empezó en 1987 la carrera presidencial de Trump

Una ballena, un helicóptero y un concejal: así empezó en 1987 la carrera presidencial de Trump

Varios vecinos de Portsmouth cuentan cómo fue el primer discurso del millonario en New Hampshire. Lo que dijo entonces suena muy familiar

La visita de Trump a Portsmouth en el diario local.
La visita de Trump a Portsmouth en el diario local.

PORTSMOUTH, New Hampshire-- La carrera presidencial de Donald Trump empezó hace 29 años a la sombra de una ballena de neón. Hoy el cetáceo se puede ver junto a una farmacia como una reliquia. Pero entonces era el símbolo de Yoken’s, el restaurante de Portsmouth donde el empresario llegó el 22 de octubre de 1987 invitado por un concejal.

El anfitrión de Trump se llamaba Michael Dunbar y ese año buscaba un candidato presidencial al que apoyar. Hojeando el Wall Street Journal, le empezó a fascinar la historia del magnate neoyorquino, entonces en el apogeo de su carrera empresarial. Alguno de sus amigos se rió de la idea pero Dunbar no tiró la toalla y envió una invitación a la Torre Trump.

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Intrigado por la carta, Trump le invitó a Nueva York y Dunbar lo conoció un día de primavera en la planta 26 del rascacielos en Nueva York. Allí trazaron el plan: Trump volaría en helicóptero hasta un aeródromo cercano y allí lo recogería una limusina pagada por su anfitrión.

El evento no era más que un encuentro con el Club Rotario de Portsmouth. Pero apenas quedaban unos meses para las primarias de New Hampshire y la visita del empresario sembró dudas sobre su voluntad de lanzarse a la carrera presidencial.

El propio Trump cultivó la ambigüedad al contratar un anuncio a toda página en varios diarios nacionales criticando la política exterior de los republicanos en unos términos similares a los de hoy.

“No hay nada malo en la política exterior y defensa de EEUU que unos buenos principios no puedan curar”, decía el anuncio. “Deberíamos hacer que naciones como Japón o Arabia Saudí paguen por su defensa. Así acabaremos con el déficit, podremos bajar los impuestos y dejar que la economía crezca sin defender a quienes pueden pagarnos por defender su libertad. No dejemos que se rían de este gran país”.

Llega Trump

Los anuncios despertaron la expectación de decenas de medios nacionales, que enviaron a sus corresponsales políticos aquel día de octubre a cubrir la visita de Trump.

El empresario llegó a Yoken’s a mediodía y ofreció una breve conferencia de prensa después de su intervención. A la entrada del restaurante varios jóvenes mostraban pancartas empujándolo a presentarse. “ Vote for an en-TRUMP-reneur”, decía una subrayando la condición de empresario del aspirante, que Trump también destacó durante su discurso presentándose como un tipo duro y como un político poco convencional: “Hemos tenido suficientes hombres que dicen: ‘Vótame porque soy simpático’. No tengo nada contra los tipos simpáticos pero personalmente creo que hemos tenido suficientes”.

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El discurso de aquel día estuvo lleno de pistas sobre el candidato que ganó las primarias republicanas en 2016. Trump habló sin papeles y con una corbata roja como la que luce ahora en muchos de sus eventos. Comparó a los candidatos presidenciales de 1988 con “los siete enanitos”, criticó a Reagan por subir los impuestos y acusó a países como Japón de prosperar a costa de Estados Unidos.

“Nosotros sacamos petróleo del Golfo Pérsico y la mayoría de ese petróleo se lo queda Japón para sus fábricas, que están batiendo a empresas como Chrysler, Ford o General Motors”, dijo el magnate neoyorquino antes de asegurar que había abandonado en el último momento un proyecto para construir un rascacielos en Moscú: “Me tuve que ir porque la polución allí es peor que en Nueva York”.

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Esa semana acababa de ocurrir el desplome bursátil de 1987 y Trump hizo una referencia a la actualidad. Aseguró que un mes antes había llamado a un reportero del Wall Street Journal y le había dicho de antemano lo que iba a ocurrir.

“Wall Street es el casino más grande del mundo”, dijo Trump en Portsmouth. “Todos hemos estudiado economía y quizás es la profesión por la que siento menos respeto. Escucha a un economista y haz lo contrario. Eso hacen los japoneses”.

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La portada del ‘Herald’

“El restaurante estaba lleno. Había cientos de personas. Fue un espectáculo increíble. Cualquiera que fuera alguien en Portsmouth estaba ese día allí”, decía hace dos años Michael Dunbar durante una entrevista con el Boston Globe.

Entonces pocos creían que Trump fuera a lanzar su candidatura a la Casa Blanca. Desde entonces, ha amagado varias veces. No sólo en 1988. También en el año 2000 como candidato del Partido Reformista y en 2012 antes de pedir el voto para Mitt Romney.

Al volver a New Hampshire en 2014, Trump advirtió que no sabía aún si iba a presentarse y se comprometió a tomar una decisión después de las elecciones de noviembre de ese año. Era una incertidumbre muy parecida a la de 1987, cuando muchos reporteros pensaron que estaba a punto de lanzarse a la carrera presidencial.

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“Estamos intentando averiguar si se trata de un paseo egocéntrico o si de verdad le interesa este asunto y es el preludio de una campaña”, dijo un periodista a la salida del evento. “Trump tiene una historia de éxito. Es uno de esos tipos que son capaces de todo. Es un éxito a gran escala. Ha ayudado a cambiar el rostro de Nueva York”.

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Trump acababa de construir su primer hotel en Manhattan y el rascacielos que todavía lleva su nombre. Había comprado el Hotel Plaza y sus casinos en Atlantic City y todavía no había sufrido las quiebras que irían minando su reputación.

Al final del evento de Yoken’s, Trump aseguró que no tenía pensado presentarse. Pero se encogió de hombros cuando un reportero le preguntó a qué candidato apoyaría en la carrera presidencial.

Al día siguiente, el editorialista del Portsmouth Herald se mostró escéptico sobre la visita: “El joven millonario dinámico tiene más talento para hacer dinero que para la retórica pero es un orador poderoso cuyas palabras bruscas y formas enérgicas capturan a la audiencia y tocan a una audiencia que siente como él que Estados Unidos permite que sus enemigos y algunos de sus aliados traten mal a esta poderosa nación. (…) La visita fue un éxito como curiosidad y desde el punto de vista de la publicidad. Pero no está claro si Trump cambiará de opinión y la usará como trampolín para intentar ganar la presidencia”.

El editorial del diario local de Portsmouth en octubre de 1987.
El editorial del diario local de Portsmouth en octubre de 1987.

El titular de la crónica del Herald lo dice todo sobre la impresión que causó el millonario en Portsmouth en 1987: “Trump: es listo, rico, tendencioso… y no se presenta”.

La reportera Melanie Mavrides destacaba sus palabras duras como Japón y su espíritu desafiante. Trump dijo que Estados Unidos necesitaba “un tipo fuerte y listo” y que su intención no era presentarse sino dejar ahí sus ideas para quien las quisiera recoger.

“Me pareció un bufón”

Unos kilómetros al norte de la ballena de Yoken’s, se encuentra el casco histórico de Portsmouth. Es un lugar con una atmósfera europea, boutiques de ropa y un pequeño puerto pesquero junto a un puente por el que se cruza al estado vecino de Maine.

Sentado en una de las terrazas de la plaza, me espera esta tarde al sol del otoño Peter Weeks, que fue alcalde de la ciudad a principios de los años 80, es miembro del Club Rotario y estuvo en 1987 en el evento de Trump.

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“Entonces me pareció un bufón y aún pienso lo mismo”, dice Weeks, que centra ahora sus esfuerzos en reelegir a la senadora republicana Kelly Ayotte y no votará por Trump.

Weeks pertenece a una familia muy republicana. Su bisabuelo fue también alcalde y uno de sus tíos llegó a gobernador. Explica que New Hampshire fue un estado muy conservador hasta hace unas décadas y que se ha ido volviendo más progresista a medida que llegaban aquí habitantes de Massachusetts. Ahora es cada vez más diverso y suele estar en disputa en cada elección presidencial.

Peter Weeks, exalcalde de Portsmouth.
Peter Weeks, exalcalde de Portsmouth.

Portsmouth es una ciudad demócrata: aquí Obama sacó el doble de votos que Romney hace cuatro años y ahora esa ventaja demócrata puede ser mayor. Las cuentas de la ciudad están saneadas, los impuestos son bajos y las escuelas son buenas. No parece el lugar más propicio para el mensaje negativo de Trump.

Unos 2,000 habitantes de la ciudad trabajan en unos astilleros militares donde reparan los submarinos de la Armada al final de sus misiones. Los astilleros han esquivado el cierre en dos ocasiones gracias al apoyo de las dos senadoras del estado: la republicana Ayotte y la demócrata Janine Shaheen. Esa alianza es un ejemplo para otros estados consumidos por la polarización.

Weeks nunca trabajaría para Trump. Entre otras cosas porque hizo campaña para tres Bush. Al ver por primera vez a Jeb, le preguntó si el país estaba preparado para otro miembro de la familia. “Me dijo: ‘No soy mi padre y no soy mi hermano. Pero espero que mi madre me apoye’”, recuerda entre risas antes de dar un sorbo al té.

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“Jeb era el candidato más inteligente pero nunca logró conectar con la gente”, dice Weeks, que habría votado también por Kasich y que no soporta el egocentrismo de Trump: “El año pasado fui a escucharlo y dejé contar cuando había usado más de 100 veces la palabra ‘yo’. No me gustó. No se da cuenta de que no es él sino nosotros quienes vamos a levantar este país”.

A Weeks no le gusta que Trump insulte a los hispanos o a los afroamericanos y cree que su partido debería abrirse a los jóvenes y a las minorías. Piensa que no volverá a ver un partido republicano fuerte antes de morir. “Este es mi problema en esta campaña”, explica. “Uno de los dos candidatos es un bufón y la otra creo que debería ser procesada por el FBI. Son dos candidatos terribles. ¿Qué dice eso de mi país?”.

La ballena del restaurante Yoken's.
La ballena del restaurante Yoken's.

La ballena de Yoken’s

Yoken’s empezó como un restaurante familiar muy pequeño a las afueras de la ciudad. La gente decía que enseguida cerraría porque estaba demasiado lejos del centro. Pero poco a poco los propietarios fueron ampliando el negocio y lo convirtieron en un lugar muy popular donde celebrar bodas, reuniones sociales o eventos como el de Trump.

El restaurante cerró en 2004. Pero un grupo de empresarios decidió restaurar la ballena y volver a colgarla el año pasado en una ceremonia que se celebró unos días antes de que Trump anunciara su candidatura a la Casa Blanca. “Por allí resopla”, se puede leer sobre el animal y justo debajo el eslogan sencillo del restaurante: “Buenas cosas para comer”.

Unos kilómetros al sur de la ballena sigue viviendo Michael Dunbar, que dejó la política municipal unos años después de la visita de Trump. En 1994 fundó una escuela de ebanistería y escribió una serie de novelas de ciencia ficción.

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“En aquel momento lo que me interesaba de Trump es que tenía lo que necesitábamos en un presidente”, dijo Dunbar en 2014. “Pensé que sería una persona adecuada para un movimiento al margen de los partidos. Eliminar los partidos políticos eliminaría todos los problemas. Cada candidato debería presentarse como independiente”.

Dunbar votó por Romney hace cuatro años sin entusiasmo y hace dos dijo que esta vez votaría por Trump. “No era un desconocido en 1987 pero ahora es mucho más conocido. Creo que lo más sorprendente de él es lo poco que ha cambiado. Entonces vi en él una dureza y una determinación que no veía en nadie más. Aún es el tipo que conocí”.

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Trump donó dinero a la campaña de Dunbar y le escribió unos meses antes de las elecciones de 1988. “Quiero que sepas que no he olvidado ni tu apoyo ni tu amistad”, dice la carta. “Poco antes de las elecciones que por desgracia Bush puede acabar perdiendo (o quizá antes si lo crees oportuno) me gustaría verte para comentar algunas de tus ideas”.

Bush batió en noviembre a Michael Dukakis y Trump se vio envuelto en un rosario de quiebras que lo apartó por un tiempo de la tentación de lanzarse a la carrera presidencial.

Tres décadas después, el candidato vuelve ahora a Portsmouth en la recta final de la campaña. Unos días después de su primera visita, envió a su anfitrión un ejemplar dedicado de su libro The Art of the Deal. “Aprecio de verdad tu amistad”, dice la dedicatoria. “Has creado una parte muy excitante de mi vida. Ahora hacia el futuro”.

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“A veces pienso: ¿cómo lo hice?”, decía este año Dunbar al recordar la visita de Trump. “Planté una semilla que echó raíces y que ahora es un árbol. No sé qué pensar. ¿Es el destino? ¿Por qué yo?”.

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