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Elecciones 2016

Por qué uno de los mayores expertos en debates piensa que Hillary Clinton "lo tiene más difícil por ser mujer"

El profesor Craig LaMay piensa que Trump parte con ventaja y no cree que las mentiras de los candidatos deba denunciarlas el moderador
25 Sep 2016 – 12:06 PM EDT

¿Cómo nacieron los debates presidenciales? ¿Qué institución ayudó a organizarlos? ¿Quién decide dónde se celebran y qué debe hacer un buen moderador? Son detalles que explica el libro Inside the Presidential Debates, cuyos autores son Newton Minow y Craig LaMay.

Minow ayudó a organizar los debates de 1960 y es el hombre que fundó la comisión independiente que los organiza desde 1988. LaMay es profesor de la Universidad Northwestern y una de las personas que mejor ha estudiado la historia de este aspecto de la carrera presidencial.


A continuación incluyo una transcripción de mi conversación telefónica con LaMay sobre los debates presidenciales y sobre la influencia que pueden tener en 2016.

¿Fue sencillo organizar el primer debate?

No fue nada fácil. El Congreso tuvo que derogar de forma temporal la ley que obligaba a otorgar el mismo tiempo en pantalla a todos los candidatos. Esto era un problema grave y hacía que las cadenas fueran muy reacias a cubrir cualquier evento político. Esa ley se derogó para autorizar los debates en 1960 pero no se derogó del todo hasta 1975. Por eso no hubo debates entre 1960 y 1976.

Pero ese no fue el único motivo.

No. Lyndon B. Johnson se negó a debatir con Goldwater en 1964: iba muy por delante en los sondeos y no tenía nada que ganar. Cuatro años después, Nixon no quiso volver a probar suerte, escaldado quizá por su experiencia en 1960. Tampoco quiso debatir en 1972.

¿Por qué sí hubo debates en 1976?

Básicamente porque el republicano Gerald Ford estaba 32 puntos por detrás en los sondeos y creyó que debatir le podía ayudar. Efectivamente, los debates le ayudaron. Metió la pata al decir que Polonia no estaba bajo el dominio de la Unión Soviética pero aun así remontó y estuvo a punto de ganar. Cuatro años después, estuvo a punto de no celebrarse ningún debate y al final se celebró sólo uno. Pero si ese debate Ronald Reagan no habría ganado.

¿Quién organiza los debates?

Hasta 1984 los debates los organizó primero la League of Women Voters. Desde 1988 los organiza la comisión para los debates presidenciales, que es una organización independiente presidida por un demócrata y un republicano. Lo más difícil es decidir el umbral que debe alcanzar el tercero en discordia para participar en el debate. Ahora debe sacar un 15% en cinco sondeos y estar inscrito en suficientes estados para poder ganar. Algunos pensamos que ese umbral debería ser el 5% pero es una cifra tan arbitraria como el 15%, que ha sobrevivido a varias demandas en los tribunales. Cambiar esa cifra ahora no tiene sentido.

¿Cuál es la crítica más injusta a los debates?

La gente se suele quejar de que los debates no tienen sustancia, que no abordan los asuntos en profundidad. Puede que tengan razón. Pero tienen mucha más sustancia que cualquier otra parte de la campaña, que está llena de ataques personales financiados por grupos anónimos y con intereses oscuros.

¿Por qué no dejar que los candidatos traigan notas?

Se discutió mucho al principio sobre esto. Pero hoy en día la tradición establece que no deben llevar nada al entrar al plató. La verdad es que quedaría fatal. La televisión es un medio muy difícil y ningún candidato ganaría el debate si leyera unas notas en lugar de mirar a la audiencia o a su adversario. No funcionaría. Lo que hacen es estudiarse las notas que les prepara su entorno y llegar con todo bien estudiado. No estoy seguro que Trump esté haciendo eso. Pero así es como se ha hecho siempre.

¿Por qué se creó la comisión en 1986?

Porque los candidatos mareaban a la League of Women Voters, que había organizado los debates desde 1976. En 1984 llegaron a rechazar hasta 103 periodistas hasta encontrar un moderador. 1988 ofreció una oportunidad para crear una institución independiente: el candidato republicano sería George H. W. Bush y le interesaba celebrar los debates. Así nació la comisión, cuya sede es una pequeña oficina en la capital. La comisión decide el nombre de los moderadores, las fechas de los debates y los lugares donde se celebran. Negociar cualquiera de estos detalles con los candidatos sería ilegal.

¿Por qué es importante el moderador?

Es importante que haya un moderador. Pero no estoy seguro de que ese moderador deba ser un periodista. El rector de mi universidad sería un moderador excelente. Los periodistas tienen incentivos para hacer preguntas para quedar bien o para parecer incisivos. Una de las razones por la que los debates han tenido tanto éxito es que el moderador principal ha sido Jim Lehrer. Yo lo conozco muy bien y Lehrer suele decir que su trabajo consiste en hacer preguntas y controlar el tiempo. Nada más. Si un candidato dice algo que no es cierto, el trabajo de un moderador no es recordarle que no es verdad. Quien debe hacer eso es su adversario. No es una rueda de prensa. ¡Es un debate! Si el moderador hiciera eso, de pronto tendríamos un debate a tres bandas. Es importante que Lester Holt o Martha Raddatz se quiten ese día el sombrero de periodistas y sean sólo moderadores.

¿Quién fue el peor moderador de la historia de los debates?

Yo diría que Bernard Shaw, que preguntó a Michael Dukakis qué haría si violaran a su mujer. ¡Aquello no me gustó nada! Pero luego he hablado con Dukakis sobre el tema y me ha dicho que le pareció una pregunta justa. Éste es el problema de los periodistas: que tienen demasiados incentivos para chupar cámara.

¿Incluyen los debates en el resultado?

No siempre pero eso no importa. Lo que importa es que son los únicos momentos en los que uno escucha a los candidatos conversar entre ellos sobre los asuntos más importantes. Las campañas aquí son tan largas, tan feas y están tan saturadas de dinero sucio que es difícil no cansarse de ellas. Los debates son el momento más virtuoso de la campaña y por eso hay tantos países que los imitan. Hoy 78 países organizan debates televisivos. Muchos de ellos se han acercado a la comisión para saber cómo deben hacerlos.

¿Qué espera de los debates de este año?

Hay momentos en los debates en los que un candidato captura el momento con humor, con fuerza o con decoro. Ahora todo el mundo quiere saber cómo se comportará Trump. ¿Será el bocazas agresivo que vimos en los debates de las primarias o veremos a una persona más mesurada? Aquí no lo tiene tan fácil como en los debates republicanos, donde había 17 candidatos y apenas tenía un minuto para responder. Aquí deberá hablar durante cinco minutos sobre asuntos muy serios. ¿Insultará a Clinton como hace en sus eventos de campaña? El debate tendrá una audiencia muy grande y lo que ocurra influirá.

¿Cómo deben prepararse los candidatos?

Los candidatos suelen prepararse leyendo apuntes sobre distintos asuntos pero a Trump nunca le han interesado los detalles. Mi impresión es que dirá lo primero que se le ocurra pero lo veremos el lunes. Yo sé cómo se está preparando Clinton: estudiando los asuntos. Aun así creo que ella es la que lo tiene más difícil para parecer presidencial.

¿Por qué?

Mi impresión es que Clinton lo tiene más difícil que Trump precisamente porque es mujer. Hay dos relatos que los medios están usando al hablar de ella. El primero es que es una persona fría, calculadora y desabrida que tiene algo que esconder. El segundo es que es una persona débil, sin fuerzas para ser presidenta. Al hablar con fuerza sobre un tema, la critican por lo primero. Al hablar de forma más reflexiva, la critican por lo segundo. Trump, en cambio, se presenta como un tipo duro. Te puede gustar o no. Es probable que no comprenda nuestra Historia, que no sepa los detalles de sus propuestas y que sea una amenaza para nuestros aliados. Pero a mucha gente le gusta porque es un tipo duro. Eso les basta. Trump parte con ventaja. Así lo veo yo.


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