El plan de legalización que Trump propone no garantiza que los indocumentados que salgan puedan regresar a EEUU

El candidato republicano ha dicho que de ganar la elección de noviembre y llegar a la Casa Blanca, activará una fuerza de deportaciones y expulsará a unos 6 millones de 'extranjeros criminales'.

El plan de legalización esbozado por el candidato presidencial republicano Donald Trump, que beneficiaría a los indocumentados sin antecedentes criminales que salgan del país y se agueguen a la cola para conseguir una visa en un consulado estadounidense, por ahora no tiene garantías de éxito para quienes transiten por esta vía.

La idea fue lanzada el 31 de agosto en Phoenix, Arizona, donde el empresario advirtió que no ofrecerá ningún tipo de amnistía a los inmigrantes indocumentados y deportará a unos dos millones de extranjeros que, aseguró, tienen antecedentes criminales, más otros cuatro millones que violaron los términos de sus visas. Este miércoles volvió a citarla brevemente durante el tercer debate presidencial llevado a cabo en la Universidad de Nevada en Las Vegas.

Del resto, unos cinco millones (de acuerdo con la cifra total de 11.1 millones de indocumentados estimada por el Centro de Investigaciones Pew) deberán iniciar un difícil y complejo camino de legalización que exigirá a los indocumentados viajar a sus países de origen y demostrar que son admisibles en Estados Unidos, pero no garantizó que todos volverán.

“Tienen que venir legalmente y adecuadamente revisados”, dijo el magnate cuando presentó su plan migratorio. “Regrese a su casa y solicite regresar como todos los demás”.

El candidato aseguró que el proceso se hará de manera eficiente y que ningún inmigrante podrá obtener estatus legal o convertirse en ciudadano ingresando ilegalmente al territorio estadounidense.

De inmediato el plan fue criticado por organizaciones que luchan y defienden los derechos de los inmigrantes. "La mayoría esperábamos un Trump moderado. Sobre todo luego del encuentro con el presidente de México, pero por el contrario y para sorpresa de propios y extraños, vimos al Trump de siempre: radical y tan intenso que parecía agresivo", dijo Roberto Izurieta, director del departamento de Política Latinoamericana de la Universidad George Washington.

Programa viejo

La salida de los inmigrantes indocumentados propuesta por Trump no es nueva. A mediados de 2006 asomaron en el Congreso proyectos similares tras el fracaso del debate de la reforma migratoria. La Cámara de Representante había aprobado un plan que incluía deportaciones masivas y el senado respondió con un proyecto que incluía una vía de legalización.

Una década más tarde nuevamente los republicanos colocan el tema sobre el tapete. A simple vista parece un asunto sencillo pero la solución está llena de trabas que, en muchos casos, “haría imposible que el indocumentado regrese a Estados Unidos”, dijo a Univision Noticias Ezequiel Hernández, abogado que ejerce la ley de inmgración y colaborador de la cadena Univision.

Uno de los impedimentos, indicó, es la Ley del Castigo que sanciona con tres años fuera a indocumentados que han permanecido más de 180 días de manera ilegal en el país, y la sanción aumenta a 10 años si la permanencia sin papeles pasa de los 365 días. Se estima que más del 95% de los 11 millones de indocumentados ha estado más de un año en el país sin autorización.

La única manera de salir del país sin que le caiga encima la ley del castigo, es gestionando un Perdón 601-A que anula provisionalmente la Ley de los 10 años. Pero sólo pueden hacerlo indocumentados que fueron pedidos por un familiar inmediato ciudadano o residente legal, y tiene un cupo de visa disponible que en algunos casos demora ocho o 10 años, dependiendo de la categoría (esposo, padre, hijo o hermano).

“Si no fue pedido y no tiene un cupo de visa, no puede tramitar el perdón”, dijo Hernández. “Trump deberá trabajar un complejo y detallado reglamento para entender en qué consiste esta propuesta. Y explicar quién se encargará de ponerlo en ejecución y cómo. Estamos hablando de millones de personas”.


Palabras fuertes

Cuando Trump lanzó su candidatura en julio del año pasado, dijo de los inmigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos que eran c riminales, violadores y asesinos. Después amenazó indicando que, si llega a la Casa Blanca, deportará a los 11 millones de indocumentados en un plazo de 18 meses y que crearía una fuerza de deportación para cumplir su promesa. Luego suavizó el discurso diciendo que entre los inmigrantes había “buenas personas”, y en las semanas posteriorers al discurso de Arizona dijo que las deportaciones se centrarían en aquellos ilegales que han cometido crímenes.

Esta última postura, la de enfatizar en la expulsión de criminales, es similar a la estrategia impulsada por el presidente Barack Obama desde el 20 de noviembre de 2014 cuando anunció la Acción Ejecutiva y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) publicó un memorando con las prioridades de deportación.

La lista incluye, entre otros, a indocumentados con antecedentes criminales, terroristas e inmigrantes que han entrado al país después del 1 de enero de 2014, no tienen cauda de asilo y recibieron una orden final de deportación.

No esperaban mucho

La postura de Trump no caló entre quienes demandan una reforma migratoria como la aprobada por el senado en junio del 2013, plan que incluyó una amplia vía de legalización para millones de indocumentados que llevan tiempo en Estados Unidos y carecen de antecedentes criminales.

“Realmente no esperaba mucho (del discurso de Arizona)”, dice Gustavo Torres, director ejecutivo de Casa de Maryland. “Creo que ya lo ha dicho muchas veces. Según él, nosotros somos criminales. Y aunque cambie su posición, realmente su partido (republicano) no le permitiría ninguna maniobra pro-inmigrante”.

Al comentar la idea de que todos los indocumentados deberán salir del país y luego volver con una visa, Torres dijo que “es una idea vieja propuesta por sectores extremistas de su partido”. Y agregó que “en las anteriores discusiones sobre inmigración se trató de un plan republicano para bloquear la reforma migratoria”.

Torres aseguró que “nuestra gente no va a salir. Aquí vamos a seguir luchando por nuestras familias hasta lograr la reforma migratoria, y justicia para nuestra gente”.

Deportaciones masivas

En California tampoco creen que Trump vaya a cambiar la postura migratoria que ha mostrado desde el principio de su campaña. “El cianuro con miel sigue siendo letal”, dice Jorge-Mario Cabrera, director de comunicaciones de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA). “Las soluciones semi-cocinadas de la campaña Trump varían día con día pero todas apuntan a la división de familias, deportación de millones de inmigrantes y aplicar con más severidad las leyes migratorias”.

Cabrera señala que “nadie que tenga uso de razón aceptaría, por ejemplo, salir sin una garantía que podrá volver”, y citó que si bien Obama ha deportado a cientos de miles de inmigrantes, “Trump habla de deportaciones masivas con f uerzas especiales que se encargarían, día y noche, de deportar a millones de personas que tienen años viviendo y aportando a este país”.

Izurieta avala los temores de Cabrera. "Las deportaciones masivas que hemos visto (con Obama) serían multiplicadas por un 500% si Trump llega a la presidencia y logrará realmente hacerlo (llevarlas a cabo)", advirtió.

Frases nuevas

Para Frank Sharry, director ejecutivo de America’s Voice, “las frases que forman parte del discurso de Trump sobre inmigración -aplicar la ley, no a las ciudades santuario, E-Verify obligatorio, instituir controles de entrada y salida, etc.- son una muestra probada y creada con el fin de quitar el hedor de su insoportable idea de la deportación masiva”.

Sharry dijo además que “ esto no representa un verdadero cambio” y aseguró que, a su juicio, Trump no ha cambiado porque insiste en que todos los inmigrantes indocumentados deben salir de Estados Unidos”.

El activista apuntó que la única manera que los indocumentados pueden obtener un estatus legal con acceso a la ciudadanía, es si el Congreso cambia la ley y permite que los sin papeles lo soliciten y sean aprobados aquí, dentro del país”.

“Decir que todos aquellos que están aquí ilegalmente y quieran vivir en Estados Unidos tienen que regresar a su país y solicitar una visa como todo el mundo, no es más que un cruel engaño”, precisó.

Abogados consultados por Univision Noticias mencionaron que cuando un extranjero pide una visa para entrar a Estados Unidos, debe probar que ninguna de las razones de “inadmisibilidad” entorpezcan el trámite. Entre ellas, citan por ejemplo que el extranjero no haya sido arrestado alguna vez o convicto por alguna ofensa o crimen aún cuando haya sido objeto de un perdón o amnistía, se le haya negado la entrada al país alguna vez o haya sido objeto de una audiencia de deportación. E incluso la permanencia no autorizada. Eso lo convierte en inadmisible”, advirtieron.

“Será un dolor de cabeza grandísimo para el que tenga que salir y pedir una visa. Por ahora no hay garantías. Muchos han llegado porque quizás les negaron una visa. Ahora que regrese y llene el formulario, le preguntarán si alguna vez le han negado una visa. Si la respuesta es sí, ahí se queda, no se la van a dar”, explicó Hernández. “Pero no sabemos qué dirá el reglamento que se vaya a escribir para cumplir con esto”.

Truco de campaña

Para la organización Mi Familia Vota, el discurso migratorio del empresario neoyorquino no marca un antes y un después. “Faltando 20 días para la elección y como resultado de ir abajo en las encuestas, Trump busca tratar de engañar a los votantes indecisos mostrando un rostro menos radical y humano en torno a inmigración”, dice el director ejecutivo Ben Monterroso. “Mi abuelo decía que aunque la mona de seda se vista, mona se queda".

El activista agregó que tanto la visita a México como el discurso (ambos el 31 de agosto), “solo son trucos de relaciones públicas sin substancia (…) Nuestra comunidad debe continuar activa, y aquellos votantes latinos que pueden hacerlo deben hacer escuchar nuestra voz a través del voto en noviembre”.

Para United We Dream “no hay diferencia entre las deportaciones masivas y las salidas voluntarias” propuestas por Trump. “Los dos son arraigados en la mentalidad de que no merecemos vivir en este país con dignidad y sin miedo”, dijo Sheridan Aguirre.

La organización, integrada por jóvenes indocumentados que ingresaron siendo niños al país y se encuentran protegidos de la deportación por una Acción Diferida de Obama vigente de 2012, apuntó que el problema de los indocumentados no pasa por deportaciones ni salidas, sino que “ se necesita que el Congreso pase una reforma inmigratoria con camino a la ciudadanía”.

Además de proponer la salida de los indocumentados para que consigan una visa en su país de origen y luego regresar al país, Trump dijo que reactivaría el polémico programa Comunidades Seguras que otorga poderes especiales a las policías locales para que su personal se convierta en agentes del servicio de inmigración, y que activaría una fuerza nacional de deportación con apoyo de gobiernos municipales, estales y el gobierno federal.

También advirtió que todas las personas que han entrado ilegalmente a Estados Unidos estarán expuestos a ser deportados si él gana la elección de noviembre y llega a la Casa Blanca.

Izurieta comentó que la solución al problema de los indocumentados no pasa por las deportaciones sino por "una reforma integral de la inmigración que regularice a los millones que no han cometido ninguna otra violación a la ley que haber entrado ilegalmente", y que eso está en manos del Congreso.

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