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Elecciones 2016

La venganza de Assange: ¿podría apartar WikiLeaks a Hillary Clinton de la Casa Blanca?

El australiano asegura que publicará documentos comprometedores para la candidata. Quienes le conocen explican que tiene una cuenta pendiente.
13 Sep 2016 – 10:01 PM EDT

Julian Assange advirtió hace unos días que Wikileaks publicaría esta semana miles de documentos sobre Hillary Clinton. Assange hizo el anuncio durante una entrevista con el locutor conservador Sean Hannity. El mismo que en 2010 lo acusó de “financiar una guerra contra Estados Unidos” por sus revelaciones sobre las intervenciones militares en Irak y Afganistán.

No es la primera vez que WikiLeaks se cuela en esta campaña. Unas horas antes del inicio de la convención de Filadelfia, la organización publicó miles de correos electrónicos que propiciaron la dimisión de cinco altos cargos del comité nacional demócrata (DNC), incluida su presidenta Debbie Wasserman Schultz.

El entorno de Hillary Clinton, la dirección del FBI y varias firmas de seguridad apuntaron al Kremlin como la fuente de aquella filtración. Un extremo que Assange siempre ha evitado confirmar diciendo que nunca publica sus fuentes y que estaría encantado de desvelar documentos comprometedores sobre Donald Trump.


Por ahora el fundador de WikiLeaks sólo promete más revelaciones importantes sobre Hillary Clinton pero no ofrece detalles y presenta a la candidata demócrata como una enemiga de la libertad de expresión.

“No quiero presentar este asunto en términos personales pero la prensa progresista está ofreciendo legitimidad a la candidata del partido en el poder”, dijo Assange durante su intervención en Fox News. “Sus artículos ayudan a crear un clima en el que se llama agentes extranjeros a periodistas, a medios pequeños o a líderes de la oposición para darle la vuelta a un escándalo doméstico y eso es un problema muy grave”.

No es noticia que el fundador de WikiLeaks presente a la prensa progresista de Estados Unidos como una marioneta del Gobierno federal, pero por primera vez se alinea con la derecha republicana, deseosa de tener más munición para atacar a Hillary Clinton en la recta final de la carrera presidencial.

“Julian ve el mundo en blanco y negro”, me dice una persona del Guardian que trabajó con él. “Divide el mundo en amigos y enemigos. Sus amigos son países como Rusia o Ecuador. Sus enemigos son el Reino Unido, Estados Unidos o Suecia. Poco a poco se ha ido convirtiendo en la mascota de Putin y eso casa con la filtración de los correos del DNC, que favorece a los intereses del Kremlin. Julian es un tipo rencoroso y odia a la dirección demócrata y a Hillary Clinton, a quienes les culpa de su situación personal. ¿Sacará WikiLeaks algo dañino para Rusia, para Putin o para Trump? No lo creo porque sus filtraciones son un arma selectiva que sólo usan en una dirección”.

Desde hace cuatro años, Assange vive en uno de los salones de la embajada de Ecuador en Londres. Allí llegó pidiendo asilo para evitar su extradición a Suecia, donde debe responder por un delito de violación. Ese proceso judicial no tiene nada que ver con su actividad como fundador de WikiLeaks, pero Assange lo mezcla a menudo en las entrevistas y se presenta a sí mismo como la víctima de una persecución internacional.

WikiLeaks nació en octubre de 2006 pero su fama no se disparó hasta abril de 2010, cuando publicó el video de un helicóptero Apache disparando contra varios periodistas durante una escaramuza en Bagdad. Ese año la organización publicó tres grandes filtraciones. Primero soltó material inédito sobre Irak y Afganistán y luego sacó a la luz 251,283 telegramas de los diplomáticos de Estados Unidos en colaboración con periódicos como The Guardian, El País o el New York Times.

La reacción del Departamento de Estado a esa filtración potenció el desprecio que Assange siente por Hillary Clinton, a la que culpa de su situación. En febrero publicó un artículo en el que decía que un voto por Clinton era “un voto por una guerra estúpida y sin fin” y este verano admitió que había publicado los correos electrónicos del DNC unas horas antes de la convención demócrata para potenciar al máximo el daño a la candidata.


El artículo de febrero adopta un tono especialmente agresivo hacia Clinton: “Libia es el Irak de Hillary y si llega a ser presidenta habrá más. Su problema no es que sea un halcón. Es que es un halcón con mal criterio y que siente unas ganas irrefrenables de matar a gente. No deberían dejar que se acerque a una armería y desde luego no a un Ejército. No debería convertirse en presidente de Estados Unidos”.

Assange nunca ha adoptado un tono tan duro con el candidato republicano. Durante su entrevista con Hannity, justificó su doble rasero diciendo que Trump era una persona que hacía “declaraciones controvertidas”, pero que era “impredecible” como presidente porque no tenía experiencia de gestión.

Quienes conocen a Assange aseguran que su encierro en la embajada ha potenciando sus peores instintos y lo ha alejado de aliados como la millonaria Jemima Khan.

“Durante mucho tiempo Assange ha operado abiertamente como un agente del Gobierno ruso”, dice una persona que lo ha tratado durante estos años, que recuerda que el fundador de WikiLeaks presentó un programa de entrevistas en el canal estatal Russia Today y trabó relación con Israel Shamir, un tipo oscuro que niega el Holocausto y tiene conexiones con los Gobiernos de Rusia y Bielorrusia.

“Todo lo que ha hecho Assange en los últimos años ha ayudado a Rusia”, me dice un periodista del Guardian. “Nunca ha dicho lo que le pagaron por ese programa en el canal de propaganda ruso. Está a favor de la transparencia en todo menos en las finanzas de su organización”.

Fue Assange quien convenció a Edward Snowden de volar a Moscú después de filtrar documentos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en junio de 2013. Para entonces había roto su relación con el Guardian, al que nunca perdonó que investigara las acusaciones de violación que pesan contra él.

“La gente sigue creyendo que abandera ideas progresistas pero se alinea con gobiernos reaccionarios y que vulneran sin parar los derechos humanos”, me dice el periodista que trabajó con él. “Estados Unidos no es un país perfecto pero es mucho mejor que Rusia. Julian odia a Hillary. Ése es el único motivo por el que trabaja para Putin y por el que le gusta Trump”.

Unas horas antes del desmayo de Hillary Clinton a la salida del World Trade Center, el perfil de WikiLeaks en Twitter publicó una encuesta sobre su salud. “La caída de Hillary Clinton, los ataques de tos y sus extraños movimientos faciales se explican por: 1. Sus alergias y su personalidad. 2. La enfermedad de Parkinson. 3. Esclerosis múltiple. 4. Los efectos de una contusión cerebral”.


La organización enseguida borró el tuit pero unos minutos después lo rescató el periodista Andrew Kaczynski. “Julian es quien lleva esa cuenta de Twitter y ese tono no es nuevo”, me dice el periodista del Guardian. “Quizá Julian ahora sea algo más paranoico y odioso que hace unos años, pero siempre ha sido más o menos así”.

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