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Elecciones 2016

La batalla por Long Island: el distrito ‘swing’ de Nueva York donde (también) se juega el control del Congreso

Uno de los distritos más disputados del Congreso está en Long Island, cerca de donde se celebra el primer debate presidencial. La carrera presidencial pasa por aquí mientras los demócratas tratan de recuperar el escaño que perdieron en 2014.
20 Sep 2016 – 4:53 PM EDT

En un recodo de la calle principal de East Hampton los demócratas inauguran su oficina una mañana del final del verano en la que ya ha bajado la temperatura y se han ido la mayoría de los visitantes. La sede está junto a una peluquería que se define como "un spa de pelo" y un centro de reflexología. La tarima del suelo es blanca, se sirve brócoli en una caja de madera y café de Starbucks junto a ramitos de flores, y hay teléfonos góndola. La media de edad es alta.

Es la primera vez en años que los demócratas de East Hampton tienen una sede de campaña para las elecciones generales. Ya no hacía falta porque el voto neoyorquino de Long Island se iba a su partido con poco esfuerzo. Pero este año es especial.

Long Island es la sede del primer debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump y en esta isla se encuentra una de las carreras más ajustadas al Congreso. La Universidad de Hofstra, sede del debate el 26 de septiembre, está junto a uno de los condados más disputados el 8 de noviembre, Suffolk.


El partido demócrata sigue sin poner recursos aquí para las presidenciales, pero el distrito congresional del Este de Long Island, NY-1, está en juego. Hace dos años el republicano Lee Zeldin derrotó al demócrata Tim Bishop, que llevaba 12 años en el escaño. Ahora los demócratas intentan reconquistarlo con Anna Throne-Holst, que fue supervisora de la ciudad de Southampton y que sería la primera mujer en representar este distrito en el Congreso.

La demócrata europea

Anna Throne-Holst entra en la habitación sonriente. Va vestida con un traje de lino blanco y lleva alpargatas de cuña españolas. Su atractivo físico es uno de los puntos que llama a la atención de votantes a los que les cuesta recordar su apellido europeo.

Tiene una cadencia suave al hablar en inglés y también en español, que le viene de dos veranos que pasó estudiando de joven en Barcelona. Nació en Noruega, se crió en Suecia, el país de su padre, y se vino con 16 años a Estados Unidos, el país de su madre. También habla sueco y francés.


Me cuenta que encajó bien en la comunidad en Southampton porque tuvo a sus cuatro hijos aquí y se dedicó a la educación y al trabajo comunitario.

Los demócratas la animaron a presentarse al cargo de supervisora de Southampton y ahora lo han hecho a la carrera de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Reconoce que su principal reto ahora es darse a conocer. Según las encuestas del partido, entre quienes identifican a ambos candidatos la demócrata lleva ventaja respecto a Zeldin, pero la mayoría de los votantes en el distrito no saben quién es ella.

Esto no es Hollywood

Es un distrito grande, que comprende gran parte del condado de Suffolk y va desde las zonas más modestas como Smithtown, más cerca del lugar donde se celebra el debate presidencial, hasta los Hamptons.

Los demócratas tienen ventaja en esta parte del condado conocido por las casas de varios millones de dólares y los actos de recaudación donde se paga 10.000 dólares por hacerse una foto con Hillary Clinton. Pero los residentes dicen que incluso aquí la historia del lugar es más compleja.

“Esto no es Hollywood. No somos todos millonarios. Hay mucha gente que vive aquí desde siempre”, me explica Jeanne Frankl, la presidenta del partido demócrata en East Hampton que fue abogada en el Village de Nueva York. La bandera de Estados Unidos que preside la sala viene de su marido, Kenneth, que murió hace dos años y fue fiscal del distrito en Nueva York y veterano.


En la sala se habla mucho del miedo a Donald Trump.

Judith Hope estuvo hace unos días en un acto de recaudación para Clinton. Fue presidenta del partido estatal en Nueva York. Es amiga de Hillary Clinton y una de las personas que más la animó a presentarse al Senado por Nueva York.

Ahora está entre los activistas que han conseguido el dinero para alquilar esa oficina, que cuesta 12.000 dólares por dos meses (“una ganga” para la zona, según dicen). Quiere asegurarse de que los demócratas en el distrito no se confían y que salen a luchar por el escaño en el Congreso y por la Casa Blanca en los estados vecinos. Los autobuses a Pensilvania salen a las seis de la mañana y vuelven a las nueve de la noche.

Hope recuerda cómo ella y el actual supervisor de East Hampton, Larry Cantwell, luchaban en los años 70 “en las trincheras” para convertir el lugar en demócrata. Cuenta que entonces los vecinos ni se atrevían a abrir la puerta cuando iban pidiendo el voto de casa en casa para que no los vieran con el candidato demócrata. Ahora más de la mitad de los votantes registrados se identifican como demócratas.

Judith Hope explica que aunque el partido no pondrá dinero aquí para no desviarlo de los estados más disputados, Hillary Clinton le ha dicho que quiere ganar el condado. “El este de Long Island la ha tratado muy bien”, cuenta. La candidata empezó a veranear aquí, en casa de Steven Spielberg, cuando decidió presentarse al Senado.


Otro mundo

Unas millas al Oeste, la escena de apertura de la oficina del republicano Lee Zeldin en Shirley es diferente. Se repiten las consignas de la llamada a la acción puerta a puerta o por teléfono y los discursos ante un centenar de personas. Pero la oficina es oscura, se comen trozos de pizza y bocadillos con una banderita americana pinchada en cada uno, el suelo es de moqueta gris y las paredes están cubiertas de fotos de Zeldin con bomberos y veteranos.

La oficina está en una plaza de carretera entre un Subway y un puesto de tatuajes. Shirley sigue siendo un lugar acomodado, con ingresos por encima de la media, pero no es un destino de neoyorquinos. Su hito más famoso es ser el destino de uno de los cables submarinos que unen Estados Unidos con Europa. Aquí nació Zeldin hace 36 años.


El republicano fue miembro del Senado estatal. En 2008, perdió contra el congresista demócrata pero en 2014 lo derrotó. Uno de sus grandes apoyos son los veteranos, como él. En 2006, estuvo desplegado en Irak.

Sale a menudo en Fox News defendiendo a Trump y no parece temer que eso le vaya a quitar apoyos.

Hoy lleva un polo rosa, vaqueros y unas zapatillas de deporte negras. Se le marca la tripa y aparenta más años de los que tiene.

El congresista dice nada mas llegar que daba clases de música en sótano y que estudió desde la guardería hasta el instituto a unas manzanas. Su discurso dura unos pocos minutos y se centra en destacar que Estados Unidos "es el mejor país de la tierra" y que su prioridad son los veteranos y que "nuestros enemigos sean tratados como enemigos".

Se ha traído para la inauguración al congresista de Utah Jason Chaffetz. Su colega parece más cómodo hablando en público y cita a Margaret Thatcher y a Abraham Lincoln. También se refiere a la campaña presidencial. "No puedo ni imaginarme cómo sería este país con una presidenta Clinton", dice terminando la frase con una risilla. En la sala hay varias personas con camisetas de Trump.

El efecto Clinton

La carrera presidencial está muy presente en cualquier carrera.

En East Hampton, Anna Throne-Holst define a su rival Zeldin como “un mini Trump”. A diferencia de otros congresistas de su partido, Zeldin apoyó a Trump desde el principio y ha defendido algunos de sus comentarios más controvertidos como las alabanzas a Vladimir Putin. Zeldin reconoció su incomodidad con los ataques a los Khan, los padres de un soldado asesinado en Irak, pero incluso entonces reafirmó su apoyo a Trump, donante de su campaña.

“Está en juego todo lo que nos importa, no especialmente por nuestra afiliación política, sino porque somos seres humanos”, dice la aspirante a congresista.

Un poco antes que ella el supervisor de East Hampton tiene buenas palabras para Lindsey Graham o Peter King, republicanos que han atacado a Trump.

Anna Throne-Holst me cuenta que no se sabe cómo afectará la campaña presidencial a su carrera. “Éste es un distrito donde la gente tiende a votar por un individuo”, explica. Aquí ganó el presidente Barack Obama dos veces a su contrincante republicano, pero el congresista demócrata consiguió más votos que el presidente.

Este año la reticencia de los votantes a ambos candidatos presidenciales genera intranquilidad entre cualquiera que se presente.

“Una de las cosas que me preocupan es que la gente no vote y lo que eso supondría”, dice Throne-Holst. “Nuestro trabajo es decir que incluso si no quieres votar en la carrera presidencial -que creo que es de inconscientes- vota por lo que pasa en tu patio trasero. De eso va mi elección”.

El registro de hispanos

El esfuerzo de registro de nuevos votantes también está en marcha aquí.

En el condado de Suffolk ya hay más de 18% de población hispana. En East Hampton los residentes de origen latino se concentran en una zona llamada Springs, que es donde están las casas más pequeñas y también más baratas.

Las demócratas encargadas del registro comentan sus problemas y la inquietud ante cualquier formulario oficial de algunos hispanos aunque sean ciudadanos estadounidenses.

Rona Klopman, profesora y residente desde hace tres décadas en la zona, acaba de ayudar a rellenar el formulario a un obrero que le ha arreglado el tejado de su casa. “Le temblaba la mano”, dice. Su colega Gail dice que Rona exagera y que simplemente algunos “no la entienden”. “Yo hablo mal español, pero me entienden y lo importante es darles los papeles para rellenar”, cuenta. “El otro lado no les va a dar nada porque no quiere que voten”.

En Shirley, en el acto con Lee Zeldin, un republicano que se identifica como John y dice estar jubilado comenta que "los demócratas sólo están buscando gente que se una a su partido".

Dice que apoya a Trump "con reticencia" por lo poco concreto que es, pero que está de acuerdo con él en política migratoria. "¿No quieres preservar tu cultura?", pregunta.


El efecto Trump

El congresista Zeldin me dice que está convencido de que Trump va a ganar este condado de Nueva York y que su respaldo al candidato le va a ayudar. “Los votantes que están apoyando a Trump lo aprueban. Algunos votantes que no apoyan a Trump probablemente preferirían que respaldara a su candidato. Mientras tanto, mi prioridad esencial es seguir consiguiendo victorias para mis constituyentes”.

Jesse García, presidente de los republicanos en la zona, cree que las presidenciales no afectarán tanto en este condado y que los votantes valorarán por separado a los candidatos. Cree que "el efecto Trump" puede ayudar a ganar otros escaños más abiertos.

"Este distrito tiene muchos independientes. Los votantes republicanos eligen al mejor candidato. Si el partido republicano no pone un buen candidato, los republicanos no se van a poner a la cola para votarle".

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