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Elecciones 2016

Estos son los republicanos que aún intentan frenar a Trump

La clave ahora será si las figuras conservadoras que más se han opuesto a Trump, como Jeb Bush o Mitt Romney, apoyarán a Evan McMullin, el republicano que busca ser la alternativa al magnate.
8 Ago 2016 – 2:39 PM EDT

Desde la primavera varios grupos de activistas y líderes republicanos intentan frenar a Donald Trump. No han sido siempre las mismas personas, pero el objetivo y el resultado se han repetido. El último intento es la candidatura del independiente Evan McMullin.

En abril, la obsesión de los reticentes a Trump era celebrar una convención abierta en la que el líder de la carrera no llegara al umbral de delegados para ser elegido candidato en Cleveland.

En mayo, una vez quedó claro que Trump sí lograría alcanzar el número mínimo de apoyos, se volcaron en empujar a otro aspirante que se sacrificara por la causa y se presentara como independiente para dar voz a los conservadores. En julio, en la convención, hubo un esfuerzo por cambiar las reglas aunque fuera de manera testimonial para que los delegados no estuvieran obligados a votar por Trump.

Quién está detrás

Las figuras de primera línea que más han criticado a Trump han sido Mitt Romney, que fue gobernador de Massachusetts y candidato presidencial en 2008 y 2012, el senador de Nebraska Ben Sasse, y el gobernador de Ohio, John Kasich. Ellos tres han valorado una candidatura independiente para quitarle votos a Trump, pero ninguno se ha atrevido por miedo a ser vistos como los responsables de la victoria de Hillary Clinton.

Pero sobre todo personas del entorno de Romney no han dejado de perseguir opciones para poner obstáculos en el camino de Trump, que es percibido como una amenaza para el futuro del partido y de la democracia estadounidense.



Entre los más activos, están Bill Kristol, el editor del Weekly Standard, y Stuart Stevens, que fue el estratega jefe de la campaña de Romney.

También se ha movido para organizar el esfuerzo anti-Trump Dan Senor, que fue portavoz del Gobierno de transición en Irak tras la invasión de Estados Unidos en 2003, asesoró en política exterior a Romney y ahora es uno de los consejeros de Paul Ryan.

La etiqueta más difundida es “Never Trump”, pero sólo algunos grupos tienen estructura. Los dos más organizados hasta ahora son Better for America, financiado por John Kingston, un donante de Romney, y dirigido por Anne MacDonald, exjefa de gabinete de Laura Bush después de la Casa Blanca; y Conservatives Against Trump, un grupo de activistas de base que lidera Erick Ericsson, un comentarista que organiza reuniones y escribe habitualmente contra el empresario de Nueva York.

Entre los dos grupos, los más organizados y mejor financiados son los de Better for America, que ahora también están detrás de la candidatura de McMullin.

Se apoyan en el estratega Rick Wilson y en Joel Searby, encuestador republicano de la firma Data Targeting, una de las mayores empresas de demoscopia de Florida, y quien ya ha producido un sondeo que refleja el apetito de un tercer candidato en un año en que los líderes de los dos principales partidos son históricamente impopulares. Para los desafíos legales que vienen para presentarse en los estados donde ha pasado el plazo, el grupo cuenta con Matthew Sawyer, el abogado especialista en ley electoral que ayudó a Ross Perot en 1996.

Sustituir al candidato

En teoría, incluso después de la convención republicana, existe un procedimiento para cambiar de candidato. Es el artículo 9 de las reglas del partido, previsto para casos de muerte o dimisión del elegido, pero también para “otra cosa” (“ otherwise“).

El grupo de delegados que empujó en la convención el cambio de reglas recoge ahora firmas para que se convoque una reunión del comité nacional republicano y se contemple un debate sobre la regla número 9. El abogado de Virginia Beau Correll está coordinando los esfuerzos legales. La reunión la puede convocar el presidente, Reince Priebus, o 16 miembros del comité.

Pero incluso si logran que se celebre el encuentro y haya un debate probablemente se trataría de una protesta simbólica.

Como reconocen hasta los más críticos de Trump pocos dentro del partido se atreverían a plantear una moción que contradijera la voluntad de los votantes en primarias. Varias personas del comité republicano comentan que ya hay un ambiente en la mayoría de “aceptación” de que poco se puede hacer para frenar a Trump por la vía de las reglas.

Lo más eficaz en estos casos es una candidatura alternativa fuera del partido.

“La lección de la Historia es que aquellos votantes descontentos con el candidato de un partido normalmente se separan de ese candidato y apoyan a un candidato de un tercer partido. Pasó con Teddy Roosevelt en 1912, Strom Thurmond en 1948, Henry Wallace en 1948, George Wallace en 1968, John Anderson en 1980, y Pat Buchanan en 2000”, explica Barbara Perry, directora de Estudios Presidenciales del Miller Center de la Universidad de Virginia.

El caso de McMullin

Un candidato independiente sería la manera de asegurarse de que Trump no llega a la Casa Blanca y incluso se le puede quitar votos electorales a Hillary Clinton.

El escenario ideal, según el grupo Better for America, es que haya un empate en el colegio electoral que representa los votos de los estados. En ese caso, la decisión pasaría primero por una votación en la Cámara de Representantes y, si no hubiera acuerdo allí, en el Senado. Las dos cámaras tienen ahora mayoría republicana, pero podrían votar a cualquier candidato que se presentara.

Sin embargo, en el pasado, los candidatos que se presentaron por libre ya eran conocidos. Por eso, los esfuerzos en primavera estaban concentrados en conseguir que se lanzara alguien como Romney o Kasich. Evan McMullin es un desconocido en la escena nacional y tiene que luchar en los tribunales para poder presentarse en los estados donde ha pasado el plazo, algunos tan importantes para los republicanos como Texas, Florida o Carolina del Norte.

La clave ahora será si las figuras que más han huido de Trump, como los Bush o Mitt Romney, apoyan ahora a McMullin. Los desencantados también han coqueteado con respaldar al libertario Gary Johnson, que ya alcanza el 10% en intención de voto en algunas encuestas.


Los debates

Para tener algún impacto en las elecciones el 8 de noviembre, cualquier representante independiente tendría que estar en los debates presidenciales de septiembre y octubre.

Para ello, según las reglas de la comisión electoral encargada de estos encuentros, el aspirante debería llegar a un 15% en cinco sondeos nacionales unas semanas antes de las citas. El primer debate está previsto para el 26 de septiembre en la Universidad Hofstra en Long Island, en Nueva York.

El candidato de un tercer partido más exitoso en la historia reciente fue Ross Perot, que logró participar en los debates presidenciales. Perot tiene la mejor marca desde que Teddy Roosevelt fundó otro partido para presentarse en 1912 después de haber sido presidente. Perot logró casi el 19% de los apoyos contra Bill Clinton y George H.W. Bush en 1992.

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