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Elecciones 2016

Clinton compite por Arizona y Georgia: así está transformando Trump el mapa electoral

El desplome del candidato ha puesto al alcance de su adversaria algunos estados republicanos. Los ojos de los expertos están puestos en Texas, que podría convertirse en un estado demócrata por el crecimiento de los hispanos.
21 Oct 2016 – 07:58 PM EDT
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Varios seguidores demócratas escuchan a Chelsea Clinton en Tempe, Arizona. Crédito: AP/Ross D. Franklin

A dos semanas y media del final de la campaña, Donald Trump se aleja cada vez más de la Casa Blanca. El promedio de sondeos lo sitúa siete puntos por detrás de su adversaria, que empieza a centrarse en ayudar a los demócratas a ganar el control del Senado y en intentar recuperar el control de la Cámara de Representantes, en manos de los republicanos desde noviembre de 2010.

La batalla electoral
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Tendencia de voto calculada por HuffPost Pollster y que tiene en cuenta los resultados de las últimas encuestas nacionales de opinión.

El desplome de Trump ha tenido otro efecto inesperado: la transformación del mapa electoral. Los sondeos sitúan al candidato republicano por detrás en todos los estados decisivos salvo en Iowa y Ohio. Por primera vez la demócrata Hillary Clinton podría competir por territorios hasta ahora republicanos como Georgia, Arizona o Carolina del Sur.

Los llamados estados decisivos o péndulo son aquellos que suelen bailar entre demócratas y republicanos y donde se libra la batalla entre los candidatos. Allí contratan anuncios, celebran eventos y abren oficinas para sacar a sus incondicionales a votar.

Los estados péndulo son una creación relativamente reciente. Hasta finales de los años 80 los candidatos competían en la mayoría de estados. Demócratas y republicanos eran partidos más heterogéneos y menos polarizados. Richard Nixon y Ronald Reagan se impusieron en todos los estados menos uno en 1972 y 1984. El demócrata Lyndon Johnson ganó en 1964 todos los estados menos seis.

La polarización ideológica de los ciudadanos y la transformación demográfica del país fueron creando estados fieles a los demócratas o a los republicanos. Ese cambio llevó a los candidatos a invertir sus recursos en un puñado de estados. Así nacieron los estados péndulo ( swing states en inglés ).

Por qué no ganó Gore

Las elecciones en Estados Unidos no las gana el aspirante que saca más votos sino quien tiene más representantes en el llamado Colegio Electoral, un órgano que se reúne unos días después de las elecciones para designar al ganador. El Colegio Electoral está formado por 538 miembros. A cada uno se le asigna un número distinto según su población.

Hasta 41 estados votaron por el mismo partido en las cuatro elecciones presidenciales que se celebraron entre 2000 y 2012 y 32 votaron por el mismo partido en las seis que se celebraron desde 1992.

Alguno de los estados en disputa puede cambiar en cada elección: demócratas sureños como Jimmy Carter o Bill Clinton, por ejemplo, arrebataron a los republicanos varios estados de su región natal. Pero al principio de cada carrera esos estados suelen ser más o menos los mismos: lugares que por su historia o por su demografía pueden oscilar entre uno y otro partido en cada elección.

¿Cuántos votos electorales ganaría cada candidato hoy?

Si en este momento se celebraran las elecciones presidenciales, así quedaría el reparto de votos electorales entre los candidatos. Los valores están basados en los promedios de las últimas encuestas de opinión en cada estado. En los casos en los que no hay sondeos, se muestra el resultado de las últimas elecciones presidenciales.

NECESARIOS PARA GANAR
270
El mapa electoral hoy
0 CLINTON >10 puntos TRUMP 0 >10 puntos
Victoria basada en la diferencia entre los promedios obtenidos por cada candidato.
Ver estados
Promedios de los resultados de las últimas encuestas estatales de opinión calculados por RealClear Politics.

Esta vez los estados decisivos eran una docena: Florida, Ohio, Nevada, Colorado, Virginia, New Hampshire, Carolina del Norte y varios territorios del Medio Oeste industrial.

Allí invirtieron los candidatos sus recursos al principio de la campaña. Pero desde entonces la balanza se ha decantado a favor de los demócratas en muchos de esos lugares. A Clinton le bastaría con ganar los estados en los que lleva más de cinco puntos de ventaja para llegar a la Casa Blanca. Estados de tradición republicana como Colorado y Virginia parecen fuera del alcance de Trump.

El candidato podría ganar en estados como Florida, Ohio y Carolina del Norte y aun así perder la Casa Blanca. Necesita remontar en lugares en los que hoy por hoy va muy por detrás.

Sigue el dinero

Los sondeos no son el único indicio de que la carrera presidencial empieza a agotarse. En New Hampshire, el grupo demócrata Priorities USA ha empezado a desviar recursos a la batalla por el escaño en el Senado, que enfrenta a la demócrata Maggie Hassan y a la republicana Kelly Ayotte. Ese giro está empezando a ocurrir también en Pennsylvania, donde el senador republicano Pat Toomey se enfrenta a una dura carrera por la reelección.

El entorno de Clinton no sólo piensa en el Senado. También empieza a desviar recursos a estados inéditos con la esperanza de ganar por más margen unas elecciones cuyo resultado Trump se niega a aceptar.

“No basta con batir a este tipo. Tenemos que batirle de una forma tan apabullante que el triunfo de Hillary sea innegable”, dice un correo electrónico que la campaña envió esta semana a sus seguidores según el Boston Globe.

Las encuestas indican que la candidata tiene opciones en Georgia y en Arizona. Su marido fue el último demócrata que ganó los dos estados: el primero en 1992 y el segundo en 1996.

Georgia es un estado conservador y forma parte del llamado cinturón bíblico. Pero se ha convertido en un estado competitivo por el influjo de Obama y por la campaña agresiva de Trump. En Arizona ha ocurrido algo similar por el énfasis del candidato en los problemas en la frontera, que ha despertado la conciencia política de muchos hispanos y que podría dejar a Trump sin sus 11 votos en el Colegio Electoral.

Dos periodistas del Boston Globe preguntaron a Jan Brewer, gobernadora republicana entre 2009 y 2015, si creía que los hispanos podían dar la victoria a Clinton. “No… No salen a votar”, espetó Brewer, que este año pide el voto para Trump.

El poder de Michelle

El entorno de Clinton anunció esta semana una inversión de dos millones de dólares en anuncios y envió esta semana a Arizona a sus portavoces más valiosos. Bernie Sanders estuvo allí el martes, Chelsea el miércoles y Michelle Obama el jueves. La candidata todavía no ha decidido si visitará el estado antes de la jornada electoral.

Arizona es un estado prometedor para los demócratas por los hispanos pero también por los mormones, que representan un 6% de la población del estado y que son uno de los grupos más renuentes a votar por Trump. En Utah, el estado donde son mayoría, los sondeos reflejan un triple empate entre Clinton, Trump y el candidato independiente Evan McMullin. Cualquier cosa puede ocurrir.

Un sondeo publicado este viernes por la prensa local sitúa a Clinton cinco puntos por delante de su adversario. Un 21% de los encuestados asegura que todavía no ha decidido su voto.

Algunos sondeos indican que estados como Texas, Alaska y Carolina del Sur están mucho más ajustados que hace cuatro años. Alaska y Carolina del Sur sólo ha votado por un demócrata una vez desde 1960. Texas ha votado por el candidato republicano en todas las elecciones desde 1976.

¿Se trata de un cambio coyuntural o de una transformación duradera del mapa electoral? Por ahora es difícil decirlo pero no sería la primera vez que los cambios demográficos transforman la naturaleza de un estado. Estados como Nuevo México, Missouri o Indiana estuvieron en disputa en 2008 y hoy han dejado de estar en el plan de viaje de los candidatos. John McCain celebró su convención en Minnesota con la esperanza de ganar un estado que no estuvo entre las prioridades de Romney y que tampoco está ahora en las de Trump.

El origen o la naturaleza de un candidato pueden mejorar las posibilidades de un candidato en un estado en el que su partido no suele ganar. El sureño Al Gore por ejemplo dio la batalla en estados como Arkansas, West Virginia o Tennessee en las elecciones que perdió hace 16 años. George W. Bush intentó sin éxito dar la batalla por Oregon.

Los ojos de los expertos están puestos en Texas, que podría convertirse en un estado demócrata por el crecimiento de los hispanos. El estado asigna 38 votos del Colegio Electoral. Sin esos 38 votos, sería mucho más difícil para un republicano ganar la carrera presidencial.

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