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Diabetes

Por qué los refrescos de dieta pueden estar dañando tu salud

Cada vez más investigaciones sugieren que los edulcorantes artificiales están relacionados con problemas crónicos como la obesidad y la diabetes.
29 Jun 2018 – 5:02 PM EDT

Los edulcorantes artificiales están en todas partes, pero todavía se está deliberando sobre si estos productos son inofensivos. También llamados "edulcorantes no nutritivos", pueden ser sintéticos –como la sacarina y el aspartame– o derivados naturalmente, como el esteviol, que proviene de la planta de stevia. Hasta la fecha, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU ha aprobado seis tipos de edulcorantes artificiales y dos tipos de edulcorantes naturales no nutritivos para su uso en alimentos.

Esta ha sido una gran noticia para quienes trabajan arduamente en frenar su consumo de azúcar. El aspartame, por ejemplo, se encuentra en más de 6,000 alimentos en todo el mundo, y se consumen entre 5,000 y 5,500 toneladas por año, solo en los Estados Unidos.

La Asociación Estadounidense de Diabetes –el grupo profesional más respetado con foco en esta enfermedad– oficialmente recomienda la soda dietética como una alternativa a las bebidas azucaradas. Hasta la fecha, siete municipios de los EEUU han colocado un impuesto a las bebidas azucaradas para desalentar su consumo. Sin embargo, estudios médicos recientes sugieren que los políticos interesados en implementar un impuesto a los refrescos también pueden querer incluir las bebidas dietéticas, porque los edulcorantes que utilizan pueden estar contribuyendo a la diabetes crónica y a las enfermedades cardiovasculares.

¿Por qué estos edulcorantes no tienen calorías?

La clave es que no se descomponen durante la digestión en azúcares naturales como la glucosa, la fructosa y la galactosa, que luego se usan como energía o se convierten en grasa.

Los edulcorantes no nutritivos tienen diferentes subproductos que no se convierten en calorías. El aspartame, por ejemplo, se somete a un proceso metabólico diferente que no produce azúcares simples. Otros, como la sacarina y la sucralosa, no se descomponen en absoluto, sino que se absorben directamente en el torrente sanguíneo y se excretan en la orina.

Teóricamente, estos edulcorantes deberían ser una mejor opción que el azúcar para los diabéticos. La glucosa estimula la liberación de insulina, una hormona que regula los niveles de azúcar en la sangre. La diabetes tipo 2 ocurre cuando el cuerpo ya no responde tan bien a la insulina como debería, lo que lleva a niveles más altos de glucosa en la sangre que dañan los nervios, los riñones, los vasos sanguíneos y el corazón. Como los edulcorantes no nutritivos en realidad no son azúcar, no deberían generar este problema.

Edulcorantes artificiales, tu cerebro y tu microbioma

Sin embargo, en la última década se ha encontrado cada vez hay más evidencia de que estos edulcorantes pueden alterar los procesos metabólicos saludables de otras formas, específicamente en el intestino.

El uso a largo plazo de estos edulcorantes se ha asociado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2. Se ha demostrado que productos como la sacarina cambian el tipo y la función del microbioma intestinal. El aspartame disminuye la actividad de una enzima intestinal que normalmente protege contra la diabetes tipo 2. Además, esta respuesta puede verse exacerbada por el “desajuste” entre el cuerpo que percibe algo como sabor dulce y las calorías asociadas esperadas. Cuanto mayor es la discrepancia entre la dulzura y el contenido calórico real, mayor es la desregulación metabólica.


Los edulcorantes también han demostrado que cambian la actividad cerebral asociada con el consumo de alimentos dulces. Exámenes por resonancia magnética, que estudian la actividad cerebral midiendo el flujo sanguíneo, han demostrado que la sucralosa, en comparación con el azúcar regular, disminuye la actividad en la amígdala, una parte del cerebro relacionada con la percepción del gusto y la experiencia de comer.

Otro estudio reveló que un alto consumo de refrescos dietéticos a largo plazo está relacionado con una menor actividad en el “núcleo caudado”, una región del cerebro que media la vía de la recompensa y es necesaria para generar una sensación de satisfacción. Los investigadores han planteado la hipótesis de que esta disminución podría llevar a un bebedor de gaseosas dietéticas a compensar la falta de placer que ahora obtienen de los alimentos al aumentar su consumo de todos ellos, no solo de refrescos.

En conjunto, estos estudios celulares y cerebrales pueden explicar por qué las personas que consumen edulcorantes todavía tienen un mayor riesgo de obesidad que las personas que no consumen estos productos.

Mientras este debate sobre los pros y los contras de estos sustitutos del azúcar continúa, debemos ver estos estudios de conducta con cautela, porque muchos bebedores de refrescos de dieta –o cualquier persona consciente que consuma edulcorantes sin calorías– ya tiene los factores de riesgo de obesidad, diabetes, hipertensión o enfermedad cardíaca. Aquellos que tienen sobrepeso u obesidad pueden recurrir a bebidas bajas en calorías, lo que hace que parezca que son estas las que están causando su aumento de peso.

Este mismo grupo también puede ser menos propenso a moderar su consumo. Por ejemplo, esas personas pueden pensar que tomar un refresco de dieta varias veces por semana es mucho más saludable que beber un solo refresco con azúcar.


Estos resultados indican que los consumidores y los profesionales de la salud necesitan verificar nuestras suposiciones sobre los beneficios de estos productos. Los edulcorantes están en todas partes, desde bebidas hasta aderezos para ensaladas, desde galletas hasta yogurt, y debemos reconocer que no hay garantía de que estos químicos no aumenten la carga de enfermedades metabólicas en el futuro.

Como médico de medicina interna especializado en prevención general y salud pública, me gustaría poder decirles a mis pacientes cuáles son los verdaderos riesgos y beneficios si beben refresco dietético en lugar de agua.

Los legisladores que consideren los impuestos a las bebidas gaseosas para fomentar mejores hábitos alimenticios tal vez deberían pensar en incluir alimentos con edulcorantes no nutritivos. Por supuesto, hay un argumento para ser realista y perseguir el menor de dos males. Pero incluso si las consecuencias negativas de los sustitutos del azúcar no influyen en nuestra política tributaria, por ahora, al menos la comunidad médica debería ser honesta con el público sobre lo que puede perder o ganar al consumir estos alimentos.

*Eunice Zhangis es becaria clínica de Medicina Preventiva en la Universidad de Michigan.


The Conversation

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