Crisis en Venezuela

El movimiento estudiantil venezolano calienta la calle para revocar a Maduro

Universitarios de Caracas organizan debates en comunidades populares para promover la marcha opositora del primero de septiembre a favor del referendo. Mientras que algunos piensan que al reunirse arriesgan las bolsas de comida que reciben del gobierno, otros sienten que ya no tienen nada que perder.
31 Ago 2016 – 5:45 PM EDT

CARACAS, Venezuela.- Cae la noche en La Vega, un barrio popular del suroeste de Caracas. Algunas parejas se besan en los rincones, unos hombres se ejercitan al aire libre y dos autobuses irrumpen en la escena, decorada con un mural del difunto presidente Hugo Chávez, sonriente y abrigado por el tricolor nacional. Cuando los vehículos trepan por las calles empinadas y sinuosas, superando montañas de basura, cráteres en la vía y motorizados imprudentes, despiertan miradas de extrañeza. Quienes arriban no son vecinos: son estudiantes que organizan asambleas ciudadanas para convocar a la marcha opositora de este jueves a favor de un referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro.

La movilización, en la que gobierno y oposición medirán fuerzas en la calle, ha sido bautizada como 'La toma de Caracas' y fue convocada por la alianza disidente Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para exigir celeridad en la activación de la consulta.

Uno a uno, los treinta universitarios, vestidos con camisetas de colores, pagan el pasaje y descienden de los buses. Aunque se mueven en silencio y se apartan del camino para liberar el paso, los vecinos se asoman para verlos remontar una cuesta que deja sin aliento a fumadores y sedentarios.

-¡Energíaaaa!, grita la orientadora.
-¡Sí, sí!, responde el batallón.
-¡Mucho más, mucho más!, replica el segundo guía.
-¡Uh, ah!, retumban las voces en el callejón.

Desde la semana pasada, representantes estudiantiles de siete universidades dedican el receso de verano a organizar asambleas ciudadanas en comunidades populares. ¿El objetivo? Pedir que el referendo se celebre este año, bien sea para remover a Maduro y reemplazarlo por medio de elecciones anticipadas, o para ratificarlo en el poder hasta 2019.


Nacido en las protestas contra el cierre de la televisora Radio Caracas Televisión en mayo de 2007, el movimiento estudiantil venezolano se atribuyó su primera victoria como actor político meses después con la pérdida del referendo constitucional que promovió el entonces mandatario Hugo Chávez, su primera derrota electoral en ocho años de gestión.

“Queremos llevar un mensaje unificador. Todo el mundo necesita soluciones, tanto chavistas como opositores. El punto es que seamos contralores de lo que hacen las personas que elegimos para gobernarnos”, opina Samuel Díaz (23), de la privada Universidad Metropolitana.

A Samuel le pusieron una pistola en la cabeza hace más de un mes. Cinco “tipos” intentaron secuestrarlo junto a su novia. Aunque muchos familiares y amigos han emigrado tras vivir experiencias similares, está convencido de que tendrá más oportunidades si se queda en Venezuela en lugar de regresar a Noruega o Estados Unidos, donde culminó la secundaria internacional e inició la carrera universitaria.

“Quiero que mis chamos (hijos) crezcan comiendo arepas, que mi mujer sea venezolana. Si la gente preparada se va, ¿quién va a quedar para levantar el país?”, cuestiona.


La demanda opositora luce inviable frente al cronograma del poder electoral, que pautó para finales de octubre la recolección de cuatro millones de firmas (20% del padrón electoral), último paso para dar curso al referendo. Si la consulta se celebra después del 10 de enero del año próximo y Maduro es revocado, el vicepresidente completará el período.

El chavismo alega que la MUD inició tardíamente el procedimiento para crear pretextos que justifiquen disturbios, por lo que las autoridades oficialistas de Caracas han advertido que no admitirán el paso de manifestantes hacia el centro de la ciudad, enclave de los poderes públicos.

El dirigente Leonardo Montezuma (27), de la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), comparte el temor de la alta dirigencia oficialista sobre planes violentos para derrocar a Maduro.

"Le pedimos a la juventud que asuma un papel consciente de lo que significa cerrar toda Caracas. No es justo que las personas que votamos por el Presidente tengamos que aceptar que se llame a una protesta para sacarlo", dijo.


Comer o no comer

Armados con té frío y palitos de queso, los estudiantes que piden el revocatorio usan la sala de una vecina para una asamblea a la que asistió una decena de habitantes del sector San Miguel de La Vega, donde la oposición derrotó 17 años de supremacía chavista en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre pasado.

Una mujer robusta y dicharachera sirve de puente entre la comunidad y los estudiantes. Prefiere no exponer su identidad, aunque todo el mundo en el barrio la conoce por organizar actividades recreativas del consejo comunal, célula primaria de la organización social chavista. Además, participó en la primera ronda de recolección de firmas para el revocatorio.



“Mucha gente no vino porque tienen miedo de que les pase como a una vecina, que la sacaron del CLAP porque firmó para el revocatorio”, cuenta la dirigente comunitaria. Se refiere a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, un mecanismo de distribución de bolsas de comida que Maduro creó este año para mitigar el impacto del desabastecimiento, calculado en 80% por firmas privadas.

El gobierno venezolano atribuye la carestía de alimentos y medicinas a una “guerra económica” articulada por el sector privado para desestabilizarlo, mientras que los empresarios demandan acceso a las divisas que domina el Estado desde 2003 a través de un control cambiario.

Aunque Xionelis Cornivel (24) recibió una bolsa con arroz, pasta, azúcar y otros productos desaparecidos de los anaqueles la semana pasada, prefiere que la situación cambie. Es madre de un bebé de dos meses y está cansada de intercambiar fórmulas lácteas por pañales. Y tampoco tolera ver a “pistoleros” pasearse por el barrio a plena luz del día, delante de los niños. “Ya basta de tanta violencia, miseria y pobreza. ¿Qué futuro le voy a dar a mi hijo”, comenta.

En la asamblea, un vecino confiesa que siente temor de que le “caigan a tiros” en la marcha, a lo que un estudiante responde que a pesar del riesgo, esta es la primera vez en 17 años que ve una oportunidad real de sacar al chavismo de Miraflores a través del voto.

Frente a la violencia, los estudiantes tomaron previsiones. Andrea Guédez (22), líder de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explica que los jóvenes —registrados en bases de de datos previamente— serán monitoreados por un equipo de abogados dirigidos por Foro Penal, una de las principales ONG defensoras de los detenidos en las revueltas contra el gobierno de Maduro de 2014, que dejaron 43 muertos y más de 800 heridos.

En vísperas de la movilización, dos dirigentes opositores fueron encarcelados por supuestas vinculaciones con planes violentos para la jornada. Además, el ministro de Interior venezolano, Néstor Reverol, investigado en Estados Unidos por narcotráfico, amenazó con reprender a los manifestantes con “sustancias tóxicas” en caso de tornarse violenta.


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