CityLab Vivienda

París le declara la guerra a los ‘guetos de los ricos’

La ciudad construirá viviendas públicas en sus vecindarios más acaudalados.
Logo CityLab small
31 May 2016 – 12:22 PM EDT

“¡Se acabaron los guetos de ricos en París!”.

Así gritó el titular de una entrevista con Ian Brossat, comisionado de Hábitat de París, hace un par de semanas. Brossat está a cargo de administrar las necesidades de vivienda de la ciudad y espera llevar a París a un territorio inexplorado, al supervisar una intervención en su mapa de riqueza.

La capital de Francia desesperadamente necesita más vivienda asequible y está construyendo una gran cantidad de hogares entre ahora y 2020, pero con un giro significativo respecto a lo que se acostumbra. Casi 5,000 de estas nuevas unidades asequibles se construirán en el centro y en el oeste de la ciudad, lo cual les dará a los inquilinos futuros algunos de los vecinos más ricos en toda Francia. Tal como se esperaría, los planes son polémicos. ¿Generará esto un reequilibrio social necesario o una guerra entre clases socioeconómicas?

El concepto parece un poco menos dramático con una vista más integral del asunto. París espera crear siete mil nuevas unidades de viviendas públicas cada año entre ahora y las próximas elecciones en 2020. Dado que sólo cinco mil unidades en total están destinadas para las áreas sumamente prosperas durante este periodo, esto significa que la mayoría de las nuevas unidades aún serán creadas en el este de la ciudad, la parte menos prospera donde la mayoría de la vivienda pública de la ciudad ya está concentrada.


Sin embargo, agregar viviendas para familias de bajos ingresos en zonas de gente rica está causando cierto revuelo. Hace unas semanas la ciudad abrió una urbanización asequible con 113 nuevas casas en una calle secundaria del Distrito XVI a sólo 10 minutos de caminata del Arco del Triunfo. Y recién se acaba de poner la piedra angular de 76 departamentos reservados para jóvenes en el Espace Beaujon , un centro de artes para jóvenes en Rue du Faubourg Saint Honoré. Esta es una de las calles de compras más elegantes de París.

Además, se están haciendo planes más grandes e inusuales. El ayuntamiento está creando 376 nuevas unidades de vivienda pública en el viejo edificio del Ministro de Defensa, el cual queda a la vuelta de la esquina de la Asamblea Nacional de Francia y el Museo D’Orsay. Para 2018 habrá aun más casas asequibles en la recién renovada tienda de departamentos Samaritaine, la cual queda a menos de dos minutos de caminata del mismo ayuntamiento de la ciudad.

La logística de crear estos nuevos proyectos no es nada fácil. París esta densamente construida y no tiene mucho espacio en cualquier área, sea de ricos, clase media o clase baja. El ayuntamiento está probando varios métodos para vencer la falta de tierra disponible. Por ejemplo, planea tomar control de espacios que pertenecen al estado o bien a organizaciones como SNCF (la empresa nacional de trenes) para realizar nuevas construcciones en antiguos edificios del gobierno o en vías muertas de tren. También ejercerá el derecho de preferencia cuando nuevas propiedades se ponen a la venta en áreas de alta demanda y las sacará de una lista de propiedades potenciales que se creó en 2014.

Nada de esto saldrá barato. La ciudad casi ha duplicado su presupuesto para este tipo de compras, desde 96 millones de dólares a 181 millones. París también convertirá algún espacio de oficina no usado a viviendas y esto ocurrirá principalmente en edificios del siglo XIX que originalmente fueron construidos como casas. Por último, la ciudad requerirá que la mayoría de las viviendas nuevas construidas reserven un porcentaje para viviendas públicas o asequibles.

Hay un problema obvio con el plan: lógicamente, la tierra en zonas caras es cara. ¿No podría la ciudad darles vivienda a más personas al concentrar la construcción y conversión en áreas más baratas? El cmisionado Brossat tuvo una respuesta desdeñosa a esta pregunta en su entrevista más reciente, sin realmente contestarla:

" La crítica no es válida. El obstáculo principal no es la falta de dinero —ya que dedicamos un presupuesto anual de 500 millones de euros a esta área— sino la falta de tierra. Además, claramente estoy asumiendo el objetivo político de reequilibrar [la ciudad]. Queremos evitar tener dos París, incluso si resulta caro lograrlo”.

Para muchos residentes de zonas ricas, este objetivo es un problema. Temen que la creación de más interacción social arruine sus vecindarios, ya que el influjo de residentes más pobres probablemente reducirá valores de propiedad y provocará un aumento en crimen. Muchas de estas objeciones culminaron en una lucha contra un albergue temporal para los desamparados que se iba a construir en el borde dorado del Bois de Boulogne, donde los residentes pensaron que estaban recibiendo un trato “especial” en parte porque no habían votado por el alcalde socialista. A pesar de algunas reuniones públicas increíblemente rencorosas, los residentes perdieron.

Sin embargo, la presión para más viviendas públicas no viene solamente del ayuntamiento. Desde 2000 la ley francesa ha estipulado que la vivienda pública tiene que componer por lo menos un 20% de la existencia de vivienda en todos los municipios de más de 3,500 habitantes o se le multará al municipio. En realidad, estas multas casi nunca se aplican, pero la escasez significativa al respecto —sólo 15.9% de la existencia de viviendas de la ciudad era pública en 2009— implica que se tiene que tomar tierras donde se pueda o se esta iniciativa comenzará a tener problemas.


París también ha aprendido a las malas sobre los efectos negativos de la atomización social. A finales del siglo XX, la construcción masiva de vivienda pública en la periferia del área metropolitana creó grandes áreas que estaban social y geográficamente aisladas del centro de la ciudad, lo cual condujo a comunidades que estaban marginadas y descuidadas. Con un control de sólo 2.2 millones de los 12.4 millones habitantes del Gran París, la administración de París como tal no puede hacer mucho que digamos para corregir este problema. Lo que sí pueden hacer es evitar la segregación social que se siga extendiendo dentro de su propia jurisdicción. Reintroducir inquilinos menos acaudalados a áreas centralizadas de ricos —aunque sea en dosis que básicamente son homeopáticas por su bajo volumen— en teoría ayudaría a la ciudad a regresar a un nivel de interacción social que estaría más cerca de la norma hace unas cuantas décadas. A fin de cuentas, los residentes actuales probablemente encontrarán que sus nuevos vecinos más pobres no son los arruinadores de propiedad sans culottes que ellos temen.

También existe una brecha entre la retórica del ayuntamiento y la realidad de la política parísina. Las fuertes palabras del comisionado Brossat enmascaran lo que es una relación diaria mucho más cercana y afable entre los ricos y los promotores inmobiliarios privados. La reciente competencia Reinventar a París buscó empresas que hicieran ofertas probadas para 23 sitios que pertenecen a la ciudad. Esto produjo una lista corta de ganadores que —según reveló una inspección más detallada— entregaron proyectos que giraron mucho más en torno a ganancias que el beneficio social o la imaginación arquitectónica. París quizás esté promocionando sus políticas de igualdad social, pero en otras partes de esta ciudad pudiente, por lo general las cosas siguen funcionando como siempre.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

Publicidad