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¿No puedes dormir? Se debe, quizás, al vecindario donde vives

Según una nueva investigación, no solo el ruido y la luz afectan tu descanso. También es importante lo cómodo y seguro que te sientas en tu barrio.
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2 Ago 2017 – 1:15 PM EDT

Billie Jean Bateson tiene 30 años y es comerciante de modas. Ha residido en varios lugares. Entre ellos, una apacible zona de Bloomington, en Indiana, y un barrio estridente y densamente poblado de Honolulu, la capital de Hawái, llamado Waikiki. Si bien en Indiana solía dormir a pierna suelta, en Waikiki conciliar el sueño era para ella casi una misión imposible.

El ruido de la calle, proveniente en su mayoría de bares y restaurantes, le hacía difícil el quedarse dormida. Pero el sonido no era, después de todo, el único inconveniente. A menudo, Bateson se irritaba.

“Me sentía insegura en el barrio en que vivía, y cuando la noche caía era imposible para mí desconectar mi cerebro”, sostiene. La tristeza que experimentaba al separarse de sus seres queridos también atentó contra dormir el número suficiente de horas de sueño y, a su vez, esto afectaba su estado de ánimo. Esto fue más allá de la alteración que sobreviene con la mudanza, añade. “Sabía que adaptarme a un nuevo sitio tomaría tiempo, pero cuando me di cuenta de que perjudicaba seriamente la calidad de mi sueño, empecé a preocuparme de que la pérdida de este se hiciera crónica”.

En mundo marcado por la omnipresencia de los teléfonos inteligentes y la intensificación de la contaminación acústica y lumínica, pareciera que los modos de vida modernos fueran incompatibles con dormir lo que debemos. Por otro lado, uno podría esperar que este problema ocurriera, particularmente, en vecindarios más vulnerables o en aquellos densos y bulliciosos.


Bueno, esto es cierto. Pero un creciente volumen de investigaciones a nivel comunitario sobre los efectos sobre el sueño han encontrado que, en lo que respecta a cuánto y cuán profundo es el sueño de la gente, las percepciones tienden a importar más que los factores físicos. La experiencia subjetiva de un residente de un barrio está fuertemente ligada a las condiciones de salud y los hábitos de sueño, explica Wendy Troxel, una científica social y de la conducta en la Corporación Rand, especialista en equidad del sueño.

Un estudio aparecido en la revista académica Sleep Health, del cual Troxel es coautora, halló que la seguridad percibida y la satisfacción con el barrio tuvieron los vínculos más fuertes con la calidad auto-diagnosticada del sueño (básicamente, cuán bien estimaron los encuestados que habían dormido durante el curso de una semana, usando una escala del 1 al 5). Estos dos factores batieron medidas objetivas, incluyendo a la infraestructura, por ejemplo, aceras y alumbrado público; a las alteraciones del barrio, como la basura en las calles y las ventanas rotas; y el uso del terreno, es decir, la calidad de los espacios y servicios públicos.

El estudio tuvo en cuenta otros factores como la pobreza, la ansiedad psicológica y la obesidad, para así mostrar que la forma en que se sienten los residentes de Pittsburgh respecto de sus vecindarios afecta lo bien o mal que duermen, más allá de su salud mental y física, o de su estatus socioeconómico. L os efectos de estas percepciones sobre el sueño son leves, pero estadísticamente significativos, acota Troxel.

El estudio de Sleep Health es el primer resultado de un proyecto de investigación en curso que compara los efectos del sueño en dos comunidades de Pittsburgh: Homewood y Hill District. Estos vecindarios, ampliamente afroestadounidenses, se asemejan racial y socioeconómicamente. Sin embargo, la diferencia clave es que Hill District ha pasado recientemente por proyectos de renovación urbana, que han creado viviendas y espacios públicos, y un supermercado (un gran paso por tratarse de una comunidad que se ha mantenido por 30 años sin ninguno). El objetivo ahora de Troxel y sus colegas pasa por investigar si esta revitalización urbana ha afectado el sueño de los locales y, a su vez, cómo el sueño trastorna otros factores de riesgo como la obesidad.

El trabajo de una colega de Troxel, Lauren Hale, de la Universidad de Stony Brook, muestra que estos tipos de efectos no se limitan a Pittsburgh. Reproduciendo resultados provenientes de Norteamérica y Europa, el equipo de Hale ha establecido que la seguridad comunitaria percibida está asociada a menores síntomas de insomnio y un mejor sueño en México, Ghana, Sudáfrica, India, China y Rusia.

Nada de esto quiere transmitir la idea de que la infraestructura no tenga conexión con la calidad del sueño. El alumbrado público es un buen ejemplo. Las autoridades de la ciudad tienden a preferir poderosas luces LED blancas porque son muy brillantes, baratas, y duraderas. Pero estas bombillas pueden ser tan dañinas como para suprimir la melatonina, perturbando los ritmos circadianos. Este es un ejemplo de los muchos pros y contras que los funcionarios de la ciudad deben tener en cuenta cuando se trata de asegurar el bienestar de sus residentes. Puede ser irónico que una medida destinada a proveer de seguridad a los habitantes de una comunidad esté, en algunos lugares, manteniéndolos tensos.

Otra advertencia pasa por las explicaciones fundadas en la experiencia de tu barrio. “Si perteneces a un vecindario o un hogar en que estás inseguro ya sea financiera, emocional o físicamente, eres más propenso a tener malos ratos en la cama”, aduce Hale. Y estos indicadores pueden variar demasiado dentro de una sola manzana o, incluso, al interior del mismo hogar. Planificadores urbanos y legisladores podrían estar capacitados para, digamos, fortalecer los espacios públicos que construyan un sentimiento de cohesión social. Pero hay poco que puedan hacer en pos de resolver los factores de salud individuales.

Esto sí es algo que pueden hacer: escuchar a los residentes. Un ejemplo puede ser una unidad inmobiliaria donde los residentes tienen algo que decir acerca de donde se ubican las instalaciones. Pongamos un ejemplo del mundo real: los residentes de Lake Worth, en Florida, se quejaron a propósito de las intensas luces LED. Tras aplicar una encuesta, el gobierno de la ciudad reemplazó chillonas luces azules con unas amarillas más templadas, en sintonía con las preferencias de los residentes. Los funcionarios públicos también permitieron a los residentes escoger la configuración de brillo de las luces individuales, así como optar por los protectores de las luces. La investigación de Hale y sus colegas podría sugerir que consultar sobre los problemas de la localidad y los cambios subsiguientes ayuda a que los residentes sientan la seguridad suficiente para dormir plácidamente.

Pero hay mucha tela por donde cortar en materia de las diferencias que subyacen en la calidad del sueño. Está bien documentado, por ejemplo, que los estadounidenses de raza negra duermen menos que su contraparte blanca. Pero si bien existen numerosas teorías que tratan de explicar este fenómeno, yendo desde la falta de hogar hasta la inseguridad alimentaria, la prevalencia del trabajo por turnos, y los efectos del barrio, no hay consensos absolutos.

Lo que sí parece claro es que mucho de lo planteado anteriormente es relativo. Hale sostiene que “la tranquilidad y la seguridad son los factores fundamentales” de los efectos no físicos sobre la calidad del sueño. Bateson, quien se mudó de Indiana a Hawái, es un buen ejemplo de que sentirse más seguro en un vecindario puede llevar a un sueño más reparador. En su caso, el barrio la ayudó a encontrar esa tranquilidad.

“Conocer gente nueva y hacer amigos es ciertamente lo que me ayudó a superar ese temor a lo nuevo”, agrega. “De hecho, ellos me hicieron más familiar la ciudad en que vivía. Comencé a sentirme mucho mejor en mi nuevo hogar y pasé a no ser una extraña, de modo que todo cristalizó en una mejor experiencia de sueño”.

Se requerirá un mayor volumen investigativo para identificar los distintos efectos sobre la calidad del sueño, los cuales no pueden ser atribuidos a una causa única. Sin embargo, cada vez más, todo parece indicar que el diseño de la comunidad y la inclusión social son piezas vitales del rompecabezas.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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