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Medellín crea granjas comunitarias para sacar a los indigentes de la calle

¿Puede esta iniciativa ayudar a rehabilitar a la población de la calle de la ciudad colombiana?
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23 Jun 2016 – 9:36 AM EDT

Un viejo Renault 9 sube por la antigua carretera al mar, la vía que unía a Medellín con el occidente del departamento de Antioquia y con el Caribe. El conductor toma las numerosas curvas con seguridad, evitando los huecos en la vía, y rápidamente llega a una gran casa de dos pisos.

Esta edificación, construida en la década de 1930 por uno de los industriales más importantes de la ciudad, tiene una de las mejores vistas sobre los 2.5 millones de habitantes de Medellín. Pero lo importante pasa detrás de la casa, donde cinco personas trabajan arando incipientes terrazas de cultivos o atendiendo las cabras y gallinas en el establo.

Esta es la granja Somos Gente, la primera de tres que la Alcaldía quiere establecer como parte de una propuesta de resocialización para personas que han estado viviendo en la calle y que han superado con éxito varias etapas del sistema de atención que Medellín tiene para esta población.


En Medellín se calcula que existen alrededor de 3,500 habitantes de calle, como se refieren los expertos colombianos a quienes vivien permanentemente sin casa y no tienen mayores vínculos con parientes. Otras 21,000 personas estarían en lo que se califica como “situación de calle”.

“En situación de calle son aquellos que todavía tienen vínculos con la familia”, dice Lucas Arias, líder de proyecto de la población Habitante de Calle de la Secretaría de Inclusión Social y Derechos Humanos. “Tienen todavía socialmente algún tipo de responsabilidad consigo mismos, pero es muy diferente al que ya se establece en la calle, rompe con su familia, no vuelve al barrio. Esa población ya es habitante de calle a un 100%”.

Entre un 40% y un 45% de los habitantes de calle en Medellín provienen de fuera de la ciudad. El clima templado y las distintas iniciativas locales que atienden a esta población han hecho que esta urbe sea un lugar menos duro con ellos. Muchos también han llegado desde afuera impulsados por el conflicto armado y el desplazamiento rural o intraurbano. En la última década, más de 355,707 desplazados han arribado a Medellín.

Como en muchas ciudades, estas personas han sufrido estigmatización. No fue poco común ingresarlos a la fuerza a rehabilitación, tratamientos psiquiátricos o a centros de detención. Esto terminó por desincentivar el uso de los centros de atención que ya tenía la alcaldía, donde se ofrecían desde servicios médicos hasta terapia ocupacional. En los últimos años, estos centros operaban a un 30% de su capacidad.

"Yo diría que a un 60% (de los habitantes de calle) no les gusta la oferta que tiene la alcaldía", dice Javier Ruiz, coordinador de la línea de atención al habitante de calle de la Fundación Visibles, una organización independiente del gobierno local.

En 2013, sin embargo, se creó una política pública nacional para enfrentar a los indigentes y dos años después se creó una política municipal. Ambas han permitido tener un enfoque más integral al problema. En Medellín específicamente se crearon brigadas móviles, en las cuales funcionarios recorren la ciudad, evaluando la situación de convivencia y seguridad de los indigentes. En esos primeros contactos, se les presenta la oferta de servicios de los tres Centros de Atención, que tienen 600 camas para que puedan pernoctar en las noches.

También hay una Casa de Acogida Juvenil que tiene la misma dinámica de los centros, pero para personas de 18 a 32 años, individuos que en general tienen niveles de funcionalidad mayores que favorecerían una resocialización.

Y ahí entra la granja, un proyecto que demandará alrededor de 290 millones de pesos (casi 97 mil dólares) al mes.


Una granja para empezar de nuevo

La principal meta de estos programas es la resocialización, es decir, que estas personas dejen de pernoctar en la calle y que logren autogestionar su vida, consiguiendo dinero de manera legal, para poder costear comida, vestido y alimento.

En Medellín esto lo hacen de dos maneras. Una es semiabierta o ambulatoria y entrega a 150 personas diagnósticos por parte de profesionales, los que les permiten reconstruir su proyecto de vida. “Y en la modalidad residencial o de internación aparece la granja como una alternativa enfocada en los jóvenes”, dice Arias. “La idea es que estén por un tiempo limitado, de dos a seis meses dependiendo de su progreso”.

Juan Fernando Sánchez es el coordinador metodológico de la granja Somos Gente, y señala la importancia de que las personas que lleguen a este espacio hayan demostrado niveles mínimos de adherencia en el centro de acogida.

“Esto incluye asistir a los talleres, hacer ejercicios de autocuidado, participar de grupos, salir en la tarde y regresar al otro día de manera puntual, en el mejor estado, con disponibilidad de trabajar”, explica Sánchez. Todo eso se evalúa y, si evidencian constancia, se les abre un espacio en la granja.

En ella hay áreas tradicionales de trabajo como la ocupacional, la psicológica y la educativa que ya existen en otros centros, pero se agrega la enseñanza del trabajo agrícola.

“Tenemos un enfoque de derechos humanos, desarrollo humano y ecología humana… El modelo de lo agropecuario es una manera de acercar a los jóvenes al trabajo con la tierra”, dice Sánchez. Más que pensarlo como un proceso de formación laboral, lo que se busca es que, al entender el cuidado que se debe tener con las plantas y animales, ejerzan un autocuidado y restablezcan un respeto por sí mismos y por los demás.

Esta granja tiene una capacidad de cincuenta personas, pero la administración municipal tiene planeado tener en funcionamiento otras dos. Somos Gente tiene gallinas, cabras, carneros, conejos y se están sembrando hortalizas. La idea es lograr cierto nivel de autosostenibilidad para los procesos agropecuarios que desarrollan y para las necesidades de la granja y sus residentes. “Vamos a tener una variedad de plantas aromáticas, plantas que pueden disminuir niveles de ansiedad. Muchas de las hortalizas entrarían directamente a la cocina para ayudar con el tema de la alimentación”, dice Juan Fernando Sánchez.

Además, se está trabajando para que en el futuro se pueda participar de los mercados campesinos que se realizan los fines de semana en distintos parques de Medellín. Esto podría permitir a los residentes generar unos ahorros. “Se busca que los jóvenes tengan las bases para la resolución acertada de conflictos, el manejo de emociones, la restauración de lazos familiares, el manejo del dinero y que tengan un escenario de responsabilidad social que les permita vincularse en lo laboral”, dice Juan Fernando Sánchez.

En el último punto se espera que las granjas también puedan ser visitados por la comunidad de Medellín. Los mismos jóvenes internados serán los guías de recorridos y eventualmente podrían realizar visitas a colegios o espacios comunitarios para que aborden, desde su experiencia, los riesgos del consumo de sustancias psicoactivas.


Atención diferenciada

De acuerdo a los expertos, esta iniciativa permite una alternativa distinta y necesaria para que las personas encuentren solución a sus problemas. "Lo que la ciudad necesita es la diversificación de la atención. Hay personas que no les sirve solo el sistema cerrado. Hay otras personas que solo necesitan (un lugar para) dormir, hay otros que necesitan diferentes cosas", señala Javier Ruiz de la Fundación Visibles.

Por su parte, en la Alcaldía explican que este sistema puede ser más exitoso en ocasiones. “Los modelos de internación que se han venido planteando (previamente) son muy onerosos y fuera de eso es una burbuja social sin garantizar la efectividad”, dice el doctor Arias. “Por eso es que decidimos mutar al tema de dormitorios, al tema de granjas comunitarias y al tema de atención ambulatoria con dormitorios sociales”.

Esto no significa, en todo caso, que el trabajo de la policía en el control del espacio público se reducirá, sino que se sino que se buscarán mejorar la convivencia y la seguridad al mismo tiempo que se brinda una alternativa de atención a la población indigente, dicen en la Alcaldía.

Porque el que una persona se convierta en un habitante de calle es en muchas ocasiones la consecuencia del fallo de políticas infantiles, juveniles, educativas y de salud. No hay duda que la prevención primaria es una de las mejores apuestas para reducir el fenómeno de habitantes de calle, pero, según Arias, esto difícilmente ayudará a resolver el día a día de estas personas. “Exigirle a este modelo (de atención al habitante de calle) la prevención, cuando ya no hay nada que prevenir y cuando la superación es mucho más difícil”. Quizás ideas más creativas, como las granjas, permitan un resultado distinto.

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