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Los nuevos "Chinatown" ya no están en las ciudades

Los tradicionales barrios chinos se están vaciando y hoy los inmigrantes prefieren vivir en los suburbios.
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31 May 2016 – 11:54 AM EDT

FILADELFIA— Cualquier viaje a Nueva York, San Francisco o Filadelfia normalmente incluye una parada en el Chinatown de la ciudad, para dim sum o té de burbujas. Durante muchos años, los barrios étnicos famosos de estas localidades han atraído a turistas tal como lo han hecho con los inmigrantes chinos de clase obrera que buscan un hogar en su nuevo país.

Pero, a medida que el auge económico chino ha generado que inmigrantes acaudalados y cualificados se radiquen en Estados Unidos, los barrios chinos del país están desapareciendo. Datos censales indican que muchos inmigrantes chinos están circunvalando las tradicionales comunidades de entrada y se están mudando para los suburbios. Muchos dicen que quieren las mismas escuelas de buena calidad para sus hijos y las comodidades suburbanas que otros estadounidenses tienen.

Tienden a identificarse más con sus vecinos blancos estadounidenses que con los residentes típicos de los barrios chinos. “Se trata de estratificación social”, dice Andrew Leong, profesor adjunto de Derecho, Justicia Social y Estudios Asiáticos-Americanos en la Universidad de Massachusetts en Boston. “La mayoría de estos nuevos inmigrantes vienen de lugares donde se habla mandarín y se consideran mucho más educados que los ‘pueblerinos’ del barrio chino” (en estos barrios chinos el cantonés es más común que el mandarín).

Leong dice que los barrios chinos en la Costa Este se están volviendo mucho menos chinos. Él y un grupo de investigadores de la Universidad de Pensilvania recientemente estudiaron los barrios chinos de Nueva York, Filadelfia y Boston. Descubrieron que la gentrificación y los costos crecientes de vivienda dificultan que los inmigrantes de clase obrera se muden a estos barrios. Su estudio encontró que en 1990 los residentes asiáticos constituían entre un 45% y un 75% de los tres barrios chinos. Veinte años después constituyeron entre un 42% y un 46%. Durante ese tiempo se duplicó la población blanca en los barrios chinos de Filadelfia y Boston.

A medida que los inmigrantes más ricos se mudan a los suburbios y las propiedades en el centro de la ciudad se vuelven más caras, los barrios chinos urbanos corren el peligro de convertirse en pueblos fantasma. “Sólo serán trampas para turistas… serán ‘disneyficadas’. Ya no encontrarás muchos chinos caminando por ellos a no ser que ellos mismos sean turistas”, dice Leong.


Según Leong, los nuevos barrios chinos básicamente son centros comerciales en los suburbios. Un buen ejemplo sería Exton, un suburbio acaudalado de Filadelfia donde el valor promedio de una casa es de 340,000 dólares. Durante una visita reciente al mismo, noté un puñado de restaurantes chinos y tiendas de comestibles chinos regadas entre cadenas minoristas grandes como Wal-Mart y Toys “R” Us. En 2000 sólo un 6% de los residentes de Exton eran asiáticos. Ahora aproximadamente un 20% son asiáticos. Muchos de los inmigrantes chinos e hindúes que viven ahí trabajan para las grandes compañías financieras y farmacéuticas en el área.

Cheryl Wang es una analista de riesgos para un importante banco estadounidense. Vive en Exton con su esposo y sus dos niños. Dice que aproximadamente la mitad de sus vecinos son asiáticos y la otra mitad son blancos. Wang es representativa de muchos de los nuevos inmigrantes chinos: tiene dos maestrías, una en Ciencias Informáticas y la otra en Administración Empresarial. Ha pasado la mayoría de su vida adulta en los suburbios de Filadelfia. A toda costa evita ir al barrio chino. “Nuestros antecedentes culturales son muy diferentes; hablamos idiomas diferentes”, dice Wang, cuyo idioma es el mandarín. A mí realmente me desagrada [el barrio chino]. No es tan limpio como los suburbios y siempre está atestado de gente”. Wang dice que prefiere la tranquilidad de los suburbios, donde — a diferencia de China— no necesita buenas conexiones para matricular a sus hijos en buenas escuelas.

A unas 33 millas de Exton, el Arco de la Amistad les da la bienvenida a los visitantes que llegan al barrio chino de Filadelfia. Comerciantes cantoneses del sur de China empezaron a radicarse ahí a finales del siglo XIX. Abrieron lavanderías, restaurantes y tiendas de comestibles. Muchos inicialmente se habían instalado en el Oeste para conseguir oro pero, con el tiempo, la violenta competencia de los trabajadores blancos los impulsó hacia ciudades en la Costa Este.

El creciente prejuicio contra los chinos condujo a la aprobación de la Ley de Exclusión China de 1882, la cual prohibió que los trabajadores chinos pudieran emigrar a Estados Unidos ni obtener ciudadanía estadounidense. Con pocas excepciones, no fue hasta la Ley de Inmigración y Nacionalidad fue aprobada en 1965 que Estados Unidos empezó a darles la bienvenida a los inmigrantes no europeos.

Hoy día resulta mucho más probable que los chinos que lleguen a EEUU vengan de Taiwán o bien las provincias Fujian y Guangdong, lugares donde el mandarín es mucho más común que el cantonés. También es más probable que los inmigrantes chinos de hoy sean pudientes y que lleguen a EEUU con títulos universitarios o que los obtengan en las universidades estadounidenses. En 2014 el ingreso promedio de un inmigrante chino en los EE.UU. era alrededor de 38,000 dólares, más del doble del ingreso promedio en 1990.

Hoy día los chinos son el tercer grupo más grande de inmigrantes en los Estados Unidos, después de los mexicanos e hindúes. China también es el país con la mayor cantidad de estudiantes extranjeros en las universidades estadounidenses. Además, China ocupa el segundo puesto en cuanto a países cuyos residentes reciben visas de trabajos patrocinados por empleadores, según indica el Instituto de Política de Emigración.


A lo largo de los años, el aumento que se ha dado en el poder adquisitivo de un inmigrante chino común ha cambiado la forma en que los negocios atienden a los recién llegados. Dan Tsao es el dueño de Metro Chinese Weekly —el periódico chino más grande de Filadelfia— y dice que algunos de sus anunciantes más grandes son concesionarios de autos y tiendas de lujo. Años atrás la mayoría de los anuncios los estaban comprando pequeñas tiendas de comestibles y restaurantes en el barrio chino. Hoy día, aproximadamente la mitad consiste en empresas estadounidenses que quieren llegar a las familias chinas ricas. “Cada semana tenemos un anuncio de página completa de BMW u Honda”, dice Tsao, quien hace poco trasladó la oficina de su periódico del barrio chino a Bala Cynwyd, un suburbio de Filadelfia.

Tsao dice que no quiere que sus hijos —nacidos en los EE.UU.— se olviden de sus raíces chinas. Con el fin de atender a las personas como él, a lo largo de las últimas dos décadas ha surgido media docena de escuelas chinas en los suburbios de Filadelfia. Cada domingo, el hijo de Tsao —quien tiene ocho años— se une a más de 700 otros niños para tomar clases en la Escuela China Guang Hua, donde aprenden a leer y escribir en mandarín, y además aprenden cómo bailar y dibujar en los clásicos estilos chinos.

Heng You es la directora de la escuela y la abrió en 1998 porque quería que su hijo americano aprendiera chino. “Ya no podía hablar con su abuela por teléfono”, dice. En efecto, hubo una gran demanda para clases de mandarín y cultura china entre la gente que vivía cerca de Abington, el suburbio donde ella vive. Según explica You, los chinos que viven allá tienen mayores probabilidades de perder el contacto con la cultura china que los que viven en los vecindarios más unidos del barrio chino.

La directora dice que, al principio, la mayoría de los niños de ascendencia china no entendían por qué debían pasar sus domingos aprendiendo esta cultura y el idioma. “Les tengo que enseñar que serán mucho más valiosos para la sociedad si combinan lo mejor de ambos mundos”, dice You. “Luego lo empiezan a disfrutar”.

Este artículo originalmente fue publicado en inglés como parte del Proyecto Next America: Communities de The Atlantic. Este proyecto está respaldado por subvenciones de Emerson Collective y la Fundacion Ford.

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