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Las viviendas de emergencia texanas que prometen revolucionar la respuesta a desastres naturales

En Brownsville, una de las ciudades más pobres del país y muy propensa a catástrofes, un proyecto podrá crear hogares mejores que los famosos remolques de FEMA.

Cuando el ciclón Dolly impactó a la costa del Golfo de Texas en 2008, la tormenta causó 1,350 millones de dólares en daños y una buena parte de esto lo sufrieron las casas. Más de 38,000 familias en el Valle del Río Grande solicitaron a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) recibir asistencia con las reparaciones de casa. Sin embargo, aproximadamente la mitad de esas solicitudes fueron denegadas.

En el Valle del Río Grande, el nivel de pobreza está más o menos en un 35%. Es una de las regiones más pobres de los EEUU y su ubicación costera hace que sea una de las más susceptibles a los desastres. Como secuela de tales eventos es posible que las minorías de bajos ingresos sean particularmente vulnerables. Es la política de FEMA de retener dinero para reparaciones de casas consideradas de 'condición inferior' antes de la tormenta. Después de un desastre, a menudo las familias que tal vez hayan carecido de los recursos para mantener las condiciones de sus casas se quedan sin remedio.

“Hemos sobrevivido los ciclones Katrina, Rita, Dolly e Ike, así como una serie de incendios sin control, y hemos quedado pasmados por las ineficiencias en cómo se recuperan los dueños de casas de bajos ingresos y también por el racismo y la injustica que se dan durante el proceso”, dice John Henneberger, director del Texas Low Income Housing Information Service (Servicio de Información de Viviendas para Personas de Bajos Ingresos de Texas).

Texas RioGrande Legal Aid ha entablado una demanda contra FEMA por no cumplir con la demanda por asistencia después del ciclón Dolly. Mientras tanto, la organización de Henneberger y una coalición de grupos defensores locales, arquitectos y agencias comunitarias han creado un programa para renovar por completo el sistema de asistencia humanitaria y recuperación después de los desastres.

El Lower Rio Grande Rapid Re-Housing Program (Programa de Realojamiento Rápido del Bajo Río Grande o RAPIDO por sus siglas en inglés) empezó con una pregunta: Cuando un desastre impacta a las familias de bajos ingresos, ¿cómo se pueden alojar y reintegrar a las personas a la comunidad lo antes posible y de la manera más económica?

Motivado por una ola reciente de ciclones, en 2008 Henneberger colaboró con la Sociedad de Arquitectos de Texas para pedir propuestas de diseños de equipos en todo el estado. Henneberger estaba buscando un plan que realojaría a la gente dentro de seis semanas en viviendas que no costarían más de 70,000 dólares cada una. Las estructuras tenían que poder sobrevivir un desastre de Categoría 4 en un área de fuertes vientos y ser expansibles. “Queríamos un plan que cubriera no sólo 10 ó 20 familias sino una comunidad completa”, dice Henneberger.

RAPIDO —una colaboración entre varias organizaciones locales y la empresa de diseño comunitario buildingcommunityWORKSHOP— nació de esos requisitos. En 2013 se hizo una prueba piloto con RAPIDO en Brownsville, Galveston y Houston. Bajo este programa la vivienda se vuelve el núcleo de la asistencia humanitaria después de un desastre. Dentro de unas semanas de haber ocurrido un desastre, el programa lleva una unidad básica de vivienda de 400 pies cuadrados a la propiedad de una familia. La unidad básica contiene una sala, un baño, un dormitorio y una cocina pequeña. Está diseñada para ser expandible: las familias colaboran con contratistas locales para personalizar la estructura y agregarle cuartos adicionales. “No se trata de diseños hechos con el mismo molde”, dice Elaine Morales, diseñadora adjunta en bcWORKSHOP. Agrega que la participación de la familia en el proceso les da un sentido de propiedad en cuanto a su nuevo hogar.

Debido a su trabajo con RAPIDO, se le ha denominado a Henneberger el “azote de tráileres de FEMA”. La frase tiene su origen en la naturaleza organizada de RAPIDO, la cual ha resaltado las ineficiencias del modelo de recuperación de desastres de FEMA . Después de una tormenta, la agencia federal normalmente ha alojado a familias en tráileres u hoteles, una opción que sostiene Henneberger que cuesta hasta 70,000 dólares para emplear. Pero, a diferencia de las estructuras de RAPIDO (cuyo costo es más o menos igual), los tráileres son temporales. Después de seis a nueve meses se retiran y las familias tienen que abordar su situación de vivienda por su cuenta o esperar que lleguen los fondos de recuperación de largo plazo. El proceso lo maneja el Departamento Estadounidenses de Vivienda y Desarrollo Urbano y es administrado por el estado; con frecuencia la reconstrucción toma años. Y tal como demostró la respuesta de Louisiana al ciclón Katrina, los esfuerzos de asistencia humanitaria a largo plazo con frecuencia dan baja prioridad a los propietarios más pobres y en cambio se centran en apoyar la vivienda para familias de ingresos medianos para obtener más fondos tributarios. Mediante RAPIDO, Morales calcula que el proceso de recuperación para un área completa podría tomar meses y no años y permitir a familias y a comunidades a permanecer donde están.

Morales agrega que modelos anteriores de asistencia humanitaria después de desastres no fracasaron sólo debido a vivienda ineficiente: fracasaron porque no había planes comunitarios abarcadores ya listos antes de que impactara una tormenta. Al colaborar con expertos en el Centro de Recuperación y Reducción de Peligro en la Universidad Texas A&M, el equipo de organizaciones detrás de RAPIDO desarrolló una estrategia de ‘prerecuperacion’ para comunidades con el fin de fomentar la resiliencia antes de un desastre. A unas autoridades de extensión comunitaria llamados “navegadores” se les asigna la tarea de hablar con las familias sobre las opciones antes de las tormentas, además de explicarles cómo se solicita por asistencia de vivienda después de un desastre para evitar el embotellamiento administrativo. RAPIDO también convocó a las autoridades del gobierno local y a los representantes de vecindarios para crear un plan sobre cómo todas las capas de la comunidad puedan colaborar de manera más efectiva y organizarse antes de un desastre. Un aspecto de esta estrategia implica colaborar con contratistas locales para preparar un suministro de materiales de vivienda que puedan utilizarse dentro de 48 horas de una tormenta.

En septiembre Brownsville se convirtió en la primera ciudad en aprobar el desarrollo de un plan local del programa RAPIDO. La ciudad ya había colaborado con bcWORKSHOP en una serie de proyectos de vivienda asequible. Empezando en enero, mediante una subvención de la Ford Foundation, Brownsville colaborará con socios de RAPIDO para implementar una estrategia abarcadora para lidiar con desastres que enfatizará la preparación y la estrategia eficiente de vivienda. En cuanto se finalice la estrategia, Nick Mitchell-Bennett de la Corporación de Desarrollo Comunitario de Brownsville dice que la ciudad presentará esta estrategia al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano y a FEMA como una plantilla para un sistema más amplio de asistencia humanitaria después de desastres. “Será el primer plan de recuperación mostrada a esas agencias que toma en cuenta la recuperación antes de un desastre”, dice Mitchell-Bennett.

Los organizadores de RAPIDO recientemente inauguraron un sitio web que hace qu e todas las guías técnicas y recomendaciones sean de código abierto. “No hay un santo remedio en la recuperación de un desastre; todos tienen que personalizar estos programas para que funcionen localmente”, dice Henneberger. “Queremos que la gente lo descomponga, lo readapte y que haga que funcione para ellos”.

Mientras que Brownsville procede con fondos privados, Mitchell-Bennett visualiza una conversación nacional más grande en torno a la renovación de todo el sistema de recuperación de desastres. “A todos quienes les hemos mostrado el plan —funcionarios locales electos, autoridades de la FEMA— dice que este es un plan que podría ahorrar dinero y salvar vidas”, dice Mitchell-Bennett. “Pero es una pena que tenemos que esperar por otro desastre para probar que esto realmente funciona”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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