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La organización que busca apoyar a los sin techo mediante el trote

Back on My Feet, un club de 'runners' para indigentes, ya está en distintas partes de EEUU y comenzará a operar en San Francisco en otoño.
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5 Jul 2016 – 1:17 PM EDT

En 2007, Anne Mahlum estaba viviendo en Filadelfia. Tenía la costumbre de levantarse temprano para hacer ejercicio y cada mañana su ruta la llevaba por un albergue para personas sin techo. Notó que incluso de madrugada había gente en frente del albergue. Una mañana, la saludaron. A medida que Mahlum fue estableciendo una relación con sus vecinos mañaneros, empezó a pensar “¿Por qué los paso trotando cuando podría trotar con ellos?”.

Mahlum empezó a correr cuando era adolescente para lidiar con problemas en su casa.
Pensó que a lo mejor el trotar podría ayudar a otros como le ayudó a ella.

Decidió llevar unas zapatallias al albergue y preguntar si algunos de los residentes querían ir a correr con ella. Aceptaron. Desde entonces ese ejercicio matutino se ha convertido en Back on My Feet (De Nuevo en Pie), una organización sin fines de lucro que reúne personas sin techo unas tres veces por semana a las 5:30 am para ir a correr y luego los conecta con recursos para el empleo y la vivienda. Mahlum dejó la organización en 2013 para abrir una cadena de gimnasios, pero Back on My Feet se ha expandido a 11 ciudades y ha ayudado a más de 5,500 miembros. Además, les ha conseguido empleo a más de 2,000 personas y ha colocado a unos 1,500 en viviendas más permanentes.

Este otoño, Back on My Feet inaugurará una nueva sede en San Francisco. “Es la ciudad que más necesita ayuda ahora”, dice Katy Sherratt, CEO de Back on My Feet. Al evaluar dónde establecer sucursales de Back on My Feet, Sherratt dice que la organización toma en cuenta varias cosas: ¿Hay una comunidad entusiasta de corredores? ¿Los socios corporativos de Back on My Feet tienen presencia en la ciudad? ¿Ha sido la ciudad una sede para carreras y maratones? La organización, de hecho, es financiada por carreras patrocinadas y donaciones de individuos y grandes empresas.

San Francisco cumple con estos requisitos, pero al final las necesidades de su población de personas sin techo fue lo que impulsó la decisión de expandir allá. Se calcula que unas 6,600 personas no tienen techo permanente en San Francisco, según la estimación más reciente de la ciudad. La falta de espacio en los albergues y un índice alto de personas sin techo hace que la gente viviendo en la calle sea particularmente visible. Sus duraderos problemas significan que “necesitamos nuevas e innovadoras soluciones que tratan de romper el ciclo y abordar el problema de manera diferente”, dice Jim Godfrey de Pramana Collective, una empresa de relaciones públicas que están ayudando a establecer a Back on My Feet en la región de la bahía de San Francisco.

Una comunidad de corredores podría ser una de esas soluciones innovadoras. Back on My Feet afirma que sus enfoques —que parecen contrarios a la lógica— han funcionado. “A veces lo tengo que defender. La gente no entiende cómo correr puede ayudar a las personas sin techo”, dice Sherratt.


Al igual que el entrenamiento para un maratón, el programa empieza lentamente. Los miembros deben mantener un índice de asistencia de un 90% durante 30 días para avanzar a la fase “Next Steps” o “Próximos Pasos”, la cual provee capacitación laboral, apoyo educativo, recomendaciones para los empleos y ayuda para la vivienda. Un 80% de los miembros llegan a esta fase. Después de esto, se espera que consigan un empleo: un 90% de las personas que han pasado por Back on My Feet ha mantenido sus trabajos seis meses después de haberlos conseguido y un 60% ha recibido un aumento salarial.

Back on My Feet colabora con PA Consulting Group —una consultora independiente— para validar su impacto económico. Al incrementar el empleo y reducir los costos de hospitalización, encarcelamiento y tratamiento para la adicción, Back on My Feet asevera que por cada dólar invertido en sus programas, la comunidad recibe 2.39 dólares.

Según Eugene Hardy, quien se “graduó” del programa de la sucursal de Atlanta, la organización llegó a su vida justo en el momento que más la necesitaba. Hardy recuerda que había regresado del combate en Afganistán para enterarse de que su esposa lo había dejado y que el banco le había quitado la casa. “Pasé de tener una buena cantidad de ingresos ahorrados a no tener nada”, dice. “Parecía que había pocas oportunidades de marcar una diferencia con mi vida”.

Hace tres años Hardy se unió a Back on My Feet y eventualmente consiguió un trabajo a tiempo completo en Chick-fil-A. Aún se despierta los lunes, miércoles y viernes para reunirse con los demás miembros cuando salen a correr: normalmente corren unas tres millas durante más o menos una hora. Hardy los considera parte de su familia: “Me quisieron más allá de mi dolor”, dice.

¿Podría el programa ayudar a los desamparados de San Francisco de la misma forma? Aún es muy temprano para saberlo, pero por lo menos una defensora local —Kara Zordel, directora ejecutiva de Project Homeless Connect— piensa que Back on my Feet es prometedor.

“Tienes que empezar con la interacción antes de ni siquiera pensar en la vivienda”, dice. Con frecuencia la experiencia de la gente sin techo es de aislamiento e inhabilitación. Pero con la concentración, autoestima y comunidad que se cultivan mediante correr, se construye una especie de puente a una vida más sostenible y estable. “Le da esperanza a la gente y la estabiliza”, dice Zordel.

Pero Zordel agrega que la crisis de vivienda de San Francisco podría obstaculizar la meta de Back on My Feet de ayudar a la gente a avanzar desde sólo correr a recibir capacitación laboral y luego instalarse en una nueva vivienda, todo dentro de un año. La región de la bahía de San Francisco tiene una escasez muy severa del tipo de viviendas asequibles de los cuales normalmente depende el programa.


Sherratt dice que Back on My Feet está preparado para abordar la vivienda en San Francisco con flexibilidad. El programa considerará ayudar a miembros a buscar vivienda en ciudades y pueblos aledaños, ya que en estos los recursos son menos escasos. También quizás trate de establecer un modelo de sociedad pública/privada que ya ha resultado ser exitoso para su sucursal en Indianápolis. En este caso, una empresa de bienes raíces estableció una sociedad para renovar un complejo de departamentos para albergar a los miembros de Back on My Feet a un alquiler reducido.

A medida que la brecha económica entre la gente acaudalada recién llegada y los residentes sin techo se vuelve más y más obvia en toda a región de la bahía de San Francisco, hay más que suficiente resentimiento y culpa. Pero a las 5:30 —cuando miembros y voluntarios y miembros de la junta directiva se están estirando antes de correr 3 millas— a lo mejor esta división de clases sean menos notable. En un momento así, es posible creer en la visión de Zordel: “Necesitamos que la gente entienda que todos nosotros fuimos creados como uno”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com y es parte del SF Homeless Project.

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