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"Genteficación": cuando los jóvenes modernos que llegan a tu barrio también son latinos

En Los Ángeles, hispanos están volviendo a vivir en vecindarios tradicionalmente mexicanos, pero algunos advierten que esto también puede causar desplazamientos.
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12 Ago 2016 – 12:19 PM EDT

Dispersos por un barrio latino en el este de Los Ángeles, una docena de negocios marcan una diferencia, a veces tenue, con el resto de los locales. En la esquina de la avenida Boyle y 1st Street, en Boyle Heights, está La Monarca, una cafetería latina que vende café de olla, pan dulce y quiches de chorizo vegetariano. Unas cuadras al este, en la avenida César Chávez, está Guisados Tacos, una taquería que ofrece una agua fresca ‘Armando Palmer’ (su versión del popular té helado estadounidense) y tacos sin gluten.

Son dos de los únicos lugares en la zona donde es probable que te encuentres con un gringo. Y son dos negocios emblemáticos de lo que algunos en la vecindad están definiendo como “ genteficación”. El concepto es una adaptación de la palabra “ gentrificación”, fenómeno de cambios en una zona urbana en el cual muchas veces la población más pobre termina siendo desplazada (y en donde los blancos no latinos resultan ser la mayoría de los residentes).

“La genteficación ocurre cuando los latinos con movilidad económica y educación universitaria regresan a sus barrios de origen e invierten en la gente del vecindario”, dice Steven Almazán, residente de Boyle Heights que volvió a la zona después de asistir la universidad en USC, y ahora es maestro de educación especial en ese lugar. “Yo te lo digo directamente: yo me considero un ‘genteficador’, un gentifier”.

Almazán lo dice con orgullo. Para él y para otros vecinos, ser parte de la genteficación es ser parte de un movimiento de revitalización del barrio que conocen y que aman, pero al mismo tiempo es protegerlo de una invasión de blancos no latinos que lo cambiarían bastante y que desplazarían a los residentes pobres. Así lo pensó Guillermo Uribe, el propietario de un bar “pocho” llamado Eastside Luv, cuando inventó el término hace unos años. “En el caso de Boyle Heights, es mejor si la gente decide invertir en mejoras, porque es más probable que ellos conservarían el carácter del barrio”, dijo Uribe a la revista Los Angeles Magazine.


Pero no todos lo piensan de esta manera. Para Joel Garcia, el director de Self Help Graphics and Art, un espacio artístico en Boyle Heights, la genteficación es un proceso complejo con sus propios riesgos. Definitivamente, dice él, puede resultar en el desplazamiento de la gente que ya vive en la comunidad, y puede actuar como un portal a la gentrificación. Por eso los propietarios de negocios deben tener cuidado, comenta.

“No es tan simple como solo quedarse en el vecindario y luego abrir una tienda o un bar”, dice Garcia. “Necesitas escuchar a [la comunidad] antes de hacer cualquier cosa. Muchas veces gente regresa a la vecindad con mucho ánimo de hacer algo bueno, pero no se paran a preguntar qué quiere la comunidad”.

García dice que no considera su espacio artístico parte de la genteficación en Boyle Heights, debido a que han estado en el este de Los Ángeles por unos cuarenta años, y considera que son parte de la comunidad de manera propia. Pero, aunque tenga mucho cuidado de respetar a la comunidad, sí reconoce que los eventos artísticos del negocio atraen a gente de fuera del barrio y que, para algunos residentes, esto suena problemático.

“Todos tienen una diferente idea de cómo hacer las cosas. Probablemente, algunas personas no ven lo que estamos haciendo [en Self Help Graphics] como el mejor enfoque”, dice García.

En eso, tiene razón. En un reunión comunitaria realizada en su espacio a principios de julio, precisamente para discutir sobre la gentrificación, la organización activista Defender a Boyle Heights entró para realizar una protesta. Argumentaron que Self Help Graphics ha ayudado a nuevas galerías de arte entrar al barrio, y que esas galerías son el principio de una ola de nuevos residentes que terminarán desplazando a los más pobres del vecindario.


En sus críticas a Self Help Graphics, esta organización sugiere que la gente latina que vive y trabaja en el barrio todavía pueden ser responsables de hacer daño, aunque no sea su intención. Sus negocios, aunque son parte de la comunidad y aunque reflejan una cultura latina, pueden ser parte del problema.

Pero esta línea de críticas plantea la pregunta de si es posible que los latinos más ricos puedan apoyar a sus comunidades mediantes negocios, sin generar desplazamientos.

“¿Cómo hacer campo para la evolución de una vecindad sin desplazar a la gente? Nadie lo ha averiguado”, dice Barney Santos, el fundador de Gentefy, una compañía que ofrece ayuda a empresarios latinos en áreas pobres de la ciudad. “Primero que nada, necesitamos que la comunidad esté involucrada en la conversación sobre los cambios. También necesitamos inaugurar nuevos negocios en la vecindad y al mismo tiempo apoyar los negocios que ya están ahí”.

Eso es precisamente lo que busca hacer Gentefy, explica Santos: encontrar emprendedores latinos que necesitan ayuda para hacer sus negocios más populares y exitosos. Los sacan del sector informal (vendiendo tacos fuera de la casa o en un carro ambulante, por ejemplo) y les ayudan a entrar al sector formal, con un negocio propio. La idea es que generen conceptos y servicios que puedan hacer su negocio popular con gente joven y no necesariamente latinos, dice Santos. Pero los que sacan el mayor beneficio son los empresarios. Esto, dice Santos, es cómo él define la genteficación. “No puedes ser un ‘genteficador’ y no involucrarte con la comunidad, escuchar a la comunidad. Si haces eso, eres básicamente un gentrificador de piel de café”.

Almazán piensa lo mismo. Para él, espacios cómo La Monarca y Guisados no son parte de la genteficación, aunque reflejan una cultura latina. Los dos tienen varias tiendas fuera del vecindario y él cree que no están suficientemente involucrados en la comunidad. “Otros espacios también llaman a una clientela diversa de fuera del barrio, pero la diferencia es que ellos se involucran en la comunidad. Como Espacio 1839, por ejemplo… son más que una tienda”, dice Almazán. Se refiere a los varios eventos y clubs que hace este negocio en Boyle Heights, como los Boyle Heights Bridge Runners.

Para Almazán, un futuro brillante incluye más genteficadores en su barrio, al menos en su versión del concepto, el que incluye gente involucrada con la comunidad. El progreso, argumenta él, no siempre tiene que ser malo para los latinos ni para los pobres.

Cuando él era niño, vivía cerca a una tortillería que luego luego se convirtió en la escuela KIPP Academy. Para algunos, el cierre del negocio podría haber sido visto como un ejemplo de gentrificación y de daños a la vecindad. Para Almazán, en cambio, fue una señal de mejoras.

“Cuando estaba en USC, me di cuenta de que era la mejor escuela secundaria en todo Los Ángeles, ahí metida en el centro de Boyle Heights. Y me di cuenta de que sí puede haber cambio positivo en mi comunidad”, dice Almazán. Por eso él regresó, justo como un maestro de otra escuela KIPP en la zona.

“El beneficio de ser un genteficador es que entiendes la lucha de vivir en este barrio”, dice Almazán. “Y comprendes que podemos mejorar las cosas”.

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