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El desafío de las iglesias frente a la gentrificación

El cambio de población en el centro de Washington DC está obligando a las iglesias tradicionalmente de comunidades negras a buscar nuevos feligreses.
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10 Ago 2016 – 1:27 PM EDT

¿Es posible que una congregación religiosa se parezca a la cambiante comunidad que la rodea, mientras se da un proceso de gentrificación?

En Washington D.C., las iglesias urbanas, como las escuelas, tienden a estar polarizadas. Por mucho tiempo, los residentes en zonas históricamente de raza negra han asistido a sus iglesias establecidas. Los nuevos vecinos mientras tanto, a menudo blancos y jóvenes profesionales, suelen visitar más bien templos de culto designados específicamente para ellos, si es que van. Muy pocas iglesias acogen a ambos segmentos de población.

La capital de Estados Unidos es una ciudad que con frecuencia se ve envuelta en conflictos raciales, los que sirven como indicadores de los niveles de educación e ingresos. Y eso es lo que hace inusual, digamos, a la Iglesia Metodista Unida Asbury, en DC.

Con 180 años de existencia, la que ha sido una iglesia para feligreses de raza negra (tuvo un papel clave en el conocido Ferrocarril Subterráneo y en el movimiento por los derechos civiles) está creando, en su céntrico enclave, un servicio para jóvenes abogados y trabajadores del gobierno. Bautizado como “The Bridge” ( El puente), se prevé que este servicio de domingo en la noche comience a funcionar en septiembre. El mismo ha sido cuidadosamente pensado para atraer a jóvenes de 20 y 30 y tantos años de edad.

Los líderes eclesiásticos quieren devolver a Asbury su antigua condición de institución de barrio. Durante las pasadas décadas, sus miembros se han movido gradualmente a suburbios. Mientras, las cuadras aledañas han cambiado, con condominios lujosos e hileras de casas renovadas. Atraer la atención significará cautivar a diversos grupos de personas en el nombre de Jesús. “Estamos muy dedicados a ser una iglesia parroquial que sirva a nuestra comunidad”, dice el reverendo Ianther Mills, pastor principal de Asbury.

Se trata, a su vez, de una estrategia de subsistencia. Asbury, como la mayoría de las iglesias históricamente negras en DC, se está recibiendo menos feligreses: algunos de los miembros que se han ido no regresan ya los domingos en la mañana. De hecho, algunas iglesias han optado por seguir a su congregación hasta los suburbios, pero los cabecillas de Asbury no quieren hacer eso. Al mismo tiempo, hay cada vez menos personas de raza negra para llenar los bancos de la iglesia. Por esto han comenzado a invitar a jóvenes blancos, quienes han inundado la ciudad por la pasada década, pareciera un paso natural.

Algunos de los pastores negros de la urbe sostienen que ellos están incluso abiertos a ciertas versiones de este concepto, como un modo de asegurar el futuro de sus instituciones. Los desafíos, sin embargo, se cuentan por legiones, incluyendo las diferencias raciales, de clase, educación, edad y estilo de culto.

El reverendo Ruben Tendai puede dar fe de lo anterior, pues cree que atraer a los nuevos residentes de la ciudad es más fácil decirlo que hacerlo. Él es el pastor interino de la Iglesia Unida del Templo de Lincoln, en el barrio de Shaw, una institución afroestadounidense cuya congregación descendió de más de 1,000 personas en 1980, hasta menos de 100 hoy día. Como muchos otros pastores, los líderes del Templo de Lincoln han desplegado disímiles estrategias para despertar el interés de los que llegan.


“Hemos tratado de hacer muchas cosas, por ejemplo, una ‘jornada de limpieza de la cuadra’ y una suerte de bendición para las mascotas”. Tenemos un anuncio diciendo que estamos recibiendo personas sin importar su orientación sexual. Hemos oficiado vigilias, esparcido cenizas en la acera en Miércoles de Ceniza”, indica Tendai. Pero, si bien los vecinos a ratos deambulan por ahí, solo unos pocos regresan, añade.

Eso no sorprende tanto, reseña Robyn Afrik, un consultor radicado en Holland, Michigan, y especializado en temas de diversidad. “Cuando una Iglesia está tratando de cambiar, yo preguntaría, ´¿Es realmente ese cambio parte de tu identidad?´Si es así, ‘¿Estás comprometido al cien por cien con ella?’”, sostiene. Convertirse en algo realmente diverso solo puede ser resultado de un proceso largo que requiere confianza para tener éxito, dice Afrik. Y la iglesia tiene que tener deseos verdaderos de cambiar en lo fundamental. No es algo que se pueda alcanzar con compromisos a corto plazo.

Ese consejo es un buen presagio para los líderes de Asbury, quienes han estado trazando la estrategia de “El puente” por algo más de un año. Ellos han programado el servicio para un franja de tiempo (domingos en la noche) que suponen se ajuste a los intereses de los millennials, y han construido un espacio que está acondicionado para sofisticadas presentaciones y que puede acoger una variedad importante de representaciones. Ya se está viendo el impacto en la zona. Un nuevo sitio web está en vías de concretarse, mientras que los líderes de Asbury se están apoyando mucho en la música, la cual es, a la vez, una forma de culto contemporánea (para blancos) y de góspel en cuanto al estilo.

Pero incluso están promoviendo cambios más sustanciales. El reverendo Mills y sus colegas han contratado a un joven pastor blanco, el reverendo Matthew Wilke, a fin de que este dirija el proceso, por lo que ha reunido un equipo multiétnico que servirá como la semilla de la nueva congregación.


“La gente termina invitando a la iglesia a quienes se parecen a ellos, así que estamos tratando de lograr diversidad”, acota Wilke. El grupo se ha estado reuniendo por meses para conocer las diferencias y comprender los entresijos de la tarea en la que están enfrascados; incluso intercambiaron con un guionista para entender mejor la narrativa adecuada para llegar al público que buscan.

Kevin Lum, pastor de la Iglesia Table en DC, formada en 2013, dice que los líderes de Asbury tienen sus prioridades encaminadas a centrarse en el equipo directivo y el panorama general. “No se trata solo del estilo de culto”, refiere. Por su parte, Michael Emerson, rector de la Universidad North Park y antiguamente director fundador del Centro sobre la Raza, la Religión y la Vida Urbana en la Universidad Rice , ofrece recomendaciones más específicas: “Es más fácil diversificar desde el principio, por lo que empezar como si se tratara de una nueva iglesia puede ser una sabia estrategia”, sostiene, añadiendo que para que una iglesia devenga exitosamente multiétnica necesita de un enfoque intencionado de aproximación, con la diversidad explícitamente escrita en la misión institucional. Y las personas imbricadas en los roles de liderazgo también deben reflejar esos propósitos.

Pero hay una traba: Emerson y otros que han estudiado la diversidad en la iglesia se han centrado en buena medida en la multiculturalidad. Para la congregación de una iglesia que realmente se parece a la pudiente ciudad donde está localizada, es preciso romper con las divisiones económicas y absorber las diferencias de clase. Y eso es, intrínsecamente, un proceso separado.

“Existen poderosas diferencias culturales entre las clases”, destaca George Yancey, profesor de sociología de la Universidad de North Texas y autor del libro Beyond the racial gridlock (Más allá del estancamiento racial). “Ellas se corresponden a diferentes valores y pudiera darse un enfrentamiento entre estos ”.

De hecho, siempre y cuando se junten los nuevos y ya existentes servicios de Asbury, las congregaciones tendrán una multitud de nuevos temas que dirimir, desde luchas por el poder básico, hasta la música y los estilos de predicación. “Lo que puede ocurrir es que se sienta muy ‘nosotros y ellos’”, dice Aaron Graham, quien encabeza en DC la multiétnica District Church (iglesia distrital). Para superar los problemas que pueden darse, aconseja, los líderes deberán una vez más ser extremadamente deliberados en su accionar.

Por ahora, los reverendos Mills y Wilke son unos convencidos de que serán felices si los miembros nuevos y antiguos de Asbury se juntasen, una vez por semana, en las noches de estudio de la Biblia y en los eventos de servicio comunitario. Conseguirlo es un aún un camino largo por recorrer. No obstante su carácter incipiente, la iniciativa funciona ya como un laboratorio de lo que puede implicar la fe en una ciudad en vías de gentrificación.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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